Alejandro Meringer, veterano de Malvinas: “en esta guerra, el enemigo es invisible”

Cuando Alejandro se sumerge en los recuerdos del horror para rescatar la esencia de su experiencia en Malvinas e hilvanar un mensaje para el 2 de abril, no duda. Después de un breve silencio asegura convencido que la violencia no es el camino. “La educación es más fuerte que un arma”, afirma. Y algo más, “no hay nada más importante que la vida”.

Alejandro Meringer es bahiense y fue condecorado por el Senado de la Nación por su participación en la gesta de Malvinas, entre tantas otras distinciones entregadas por la Municipalidad de Bahía Blanca, el Ejército Argentino y el gobierno de Chile. Incluso fue declarado Ciudadano Ilustre de Bahía Blanca y también de la Provincia de Buenos Aires.

Este 2 de abril no es igual para Alejandro, tiene el espeso aire del pasado. La pandemia del coronavirus logró desempolvar las ominosas huellas de la guerra. “La diferencia es que hoy el enemigo es invisible. Puede venir por cualquier lado, no te podés descuidar”, apunta y reconoce que, inevitablemente, la realidad anudada por la amenaza de un virus lo transporta a Malvinas. Quizá sea la alta percepción desarrollada para detectar el peligro. “La resiliencia”, interrumpe. De nuevo, se activan todos los sentidos.

Cuando nos dan de baja, no tuvimos una institución que nos cobije. Nosotros no sabíamos cómo tratarnos, y los familiares tampoco. Por eso hubo tantos suicidios”, describe

“No es algo pensado o programado, ni deseado, pero recordas cosas de Malvinas en este momento”, dice Alejandro quien insiste en que la gente debe quedarse en sus casas.

Explica que en la guerra perdés tres cosas. La capacidad de proyección porque no sabes si vas a vivir o no. También la de pertenencia a un grupo familiar. Estás solo. Y también perdés la capacidad de sentir la posesión sobre las cosas. Cuando llegó de Malvinas, vivió la extraña experiencia de que su familia lo encontrara durmiendo en el piso de su habitación, al lado de su cama. “Por un tiempo perdí el vínculo con las cosas. Las identificaba, pero no tenía lazo”, recuerda.

Las familias de los excombatientes transitaron la profunda angustia de no saber qué hacer. “Cuando nos dieron de baja, no tuvimos una institución que nos cobije. Nosotros no sabíamos cómo tratarnos, y los familiares tampoco. Por eso hubo tantos suicidios”, describe y cuenta que no es extraño encontrarse hoy con excombatientes que aún conviven con el recuerdo de Malvinas en su presente, de forma constante. “Sus vidas se quedaron ahí”, se lamenta.

La idea de la muerte lo devuelve a la actualidad y se pregunta por la cantidad de víctimas arrojadas al abismo por el coronavirus. ¿Y?, se interroga con insistencia. Luego, un escalofriante silencio. “No quiero dramatizar ni plantear un desastre, pero se trata de un enemigo invisible, te descuidas y fuiste”, afirma con el tono propio de alguien que ya tuvo que atravesar la insoportable bruma del horror.


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