Darwin, el pueblo ferroviario

Por (*) Liliana Verbeke

La historia suele a veces ser confusa… la estación ferroviaria de Darwin fue inaugurada el 30 de junio de 1898, con el nombre de Choele Choel.

Dada la distancia y creciente expansión, fue necesario un servicio de Galeras para acercar pobladores a la estación ferroviaria de Choele Choel, transporte que tampoco resultaba suficiente por el aumento de la población, la intensificación del comercio y necesidad de servicios.

De allí que se resuelve en 1908 la construcción de una nueva estación más cercana a “Choele”, pero el cambio trajo también confusión respecto del nombre y destinatario sobre todo de envíos postales y cargas por lo que los vecinos, hoy “darwinenses”, solicitan un cambio de nombre para la estación ferroviaria que sería el definitivo nombre del pueblo.

Un decreto del 18 de mayo de 1911, resuelve que la estación Choele Choel se denominará en adelante Darwin y ésta Choele Choel.

Se recuerda a Manuel Reguera, un hacendado de la zona como uno de los primeros pobladores, a Dionisio Gadano quien abre un importante almacén de campaña, en momentos de la traza del ferrocarril y al maestro Pedro Lucero como Director de la primer escuela inaugurada el 24 de marzo de 1910.

En torno a la estación ferroviaria toma forma y aumenta la población tras el asentamiento de la Colonia Ferroviaria en el año 1934, todo un barrio ferroviario en el que vivían en un tiempo casi 2000 personas.

Distintos vecinos estuvieron al frente del gobierno de lo que fue en comienzos la Junta Vecinal Municipal en su momento, como Fermín Jorquera, Néstor Pérez, Héctor Rodríguez, Rogelio Reina, Nora Asenia, Domingo Ciavatta y Walter Agostinelli entre otros.

Un pueblo ferroviario; eso fue Darwin, de casi 5000 habitantes; muchos se fueron alejando de su terruño, como se alejaron los trenes, otros se han quedado a seguir construyendo su futuro y su grandeza, en otras tareas.

Sus escuelas, colegios secundarios, centros juveniles, la biblioteca, cooperativas de servicios y la industria tomatera le dan a Darwin un ritmo sostenido, constante, de trabajo y vida comunitaria que se une a la cadena de pueblos, del Valle Medio Provincial.

Muchas instalaciones ferroviarias han servido en su momento para el uso y servicios que prestan otras instituciones, como la policía, un depósito de una fábrica de ladrillos, y los viejos tanques de agua, alimentan la red urbana de Darwin.

Y justamente porque el ferrocarril fue centro y razón de ser del pueblo, la localidad de Darwin rinde homenaje a los trabajadores del riel al concretar cada mes de febrero; la Fiesta del Obrero Ferroviario. Sabemos de muchos vecinos, turistas y ex ferroviarios que vivieron un día en el lugar o la zona, que se acercan para recordar con cariño aquellos días que transitaba el tren de pasajeros.

Y como todo aquí se transforma y la comunidad revaloriza los espacios y sitios no sólo históricos, sino espacios que fueron su misma fuente de trabajo y sustento, el predio de la Colonia Ferroviaria y la sede del Club Deportivo actualmente se ha transformado en el escenario de la fiesta y en sitio aledaño el Museo Ferroviario del lugar.

Además de la participación de artistas regionales y nacionales, y stands de venta de productos de artesanos de la región; la Fiesta viene a poner en valor la historia, afianza las relaciones comunitarias y proyecta el pueblo como sitio de interés histórico y turístico, no sin antes seguir bregando por la restitución del tren de pasajeros…

La idea y puesta en marcha de este evento cultural, obra del trabajo conjunto entre los integrantes de la comisión de la biblioteca local, ex trabajadores ferroviarios, el municipio y vecinos de Darwin es un ejemplo a tener en cuenta por muchas comunidades que aún no han encontrado un atractivo para su sitio.

Un pueblo que atravesó una crisis y la transformó en algo positivo.

(*) Diplomada en Preservación del Patrimonio NyC (UBP)

Foto de portada: Crédito: Ignacio Ponce

Foto de la nota: Crédito: Lucio Torres


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