De la vida en una chacra de Choele Choel a liderar una billetera virtual en América Latina

Durante una tarde común de infancia y profunda curiosidad, Sebastian quebró la monotonía con la lectura apasionada de una enciclopedia británica que sus padres le habían regalado. “Hombre, ciencia y tecnología”. Y su hermano José recibió otra, “Hombre, arte y sociedad”. Sebastian Serrano es uno de los creadores de Ripio, una de las principales billeteras virtuales de América Latina. Y su hermano, compositor, recorre el mundo con la música.

Sebastian Serrano (foto Bank Magazine)

Ahora, Sebastian está en su oficina en San Pablo, Brasil. Y los recuerdos de su infancia en la chacra de Choele Choel están colmados de emociones y buenos retratos. “Un día encontré una revista que hablaba de computadoras como el futuro. Y eso me fascinó”, recordó. Y un tío ingeniero que vivía en Bahía Blanca respondió a buena parte de sus incipientes curiosidades. Se fanatizó -según describe- con el vasto universo de las computadoras que empezaban a cautivar el interés de la sociedad, y le insistió a su padre que le comprara una Commodore 64. “Aprendí a programar con la ayuda de mi tío, es que siempre fui un nerd”, reconoció entre risas.

“Un día encontré una revista que hablaba de computadoras como el futuro. Y eso me fascinó”, recordó el fundador de Ripio

A sus gustos se sumó otra inquietud, los emprendimientos. “Empecé temprano, trabajé en el primer proveedor de internet que tuvo Choele Choel”, apuntó. Sus días se repartían entre las obligaciones escolares y los nuevos descubrimientos. En 1998 viajó a la ciudad de La Plata para estudiar licenciatura en física. “Siempre vuelvo, para navidad, por ejemplo. Mi mamá y mi hermano menor Gonzalo siguen en Choele”, contó.

“El rol de mis padres fue muy importante”, reconoció el destacado emprendedor; “nos inculcaron mucho el estudio. Eran dos intelectuales en medio de una chacra y sintieron que tenían que darnos herramientas. Nos impulsaron a leer y perseguir objetivos”, describió.

Sebastian estudió tres años la licenciatura en física pero se dio cuenta que prefería “hacer y construir” que investigar. Por eso, decidió cambiar de carrera y recibió el diploma de analista programador universitario. Y en el final, ya estaba envuelto en el surgimiento de una empresa. “En 2012 conocí el bitcoin, blockchain, sentí que internet volvía, y me partió la cabeza”, describió, y recordó que en ese momento pensó que se trataba, en definitiva, de “una red descentralizada, “es un libro contable para la humanidad”. Y Ripio, su empresa, de dedica a construir herramientas para que la gente pueda utilizar esta tecnología, como billeteras para guardar criptomonedas o criptoactivos, como como se denominan ahora.

Cada instante que requiere la reconstrucción de sus días en Choele Choel le despierta a Sebastian una sonrisa natural en la charla. Ahora en San Pablo, inmerso en otra geografía, otro decorado y obligaciones convive con el futuro. Cada razonamiento está teñido de lo que vendrá. Eso es inevitable, como los hermosos recuerdos de la chacra de su infancia.