Editorial: La hora de la cordura

Finalmente, lo que ayer veíamos en los medios como noticias de lugares remotos o medianamente alejados de nuestra región, hoy está sucediendo acá mismo, a la vuelta de nuestra propia casa. La llegada del maldito coronavirus a nuestro entorno cercano, con nombres y apellidos conocidos, de nuestros amigos, de nuestros vecinos, nos sorprendió con inusitada fuerza.

Todos sabíamos que sucedería tarde o temprano pero, como en muchos de los acontecimientos ingratos de la vida, es casi imposible estar totalmente preparado para que se produzcan.

Y eso probablemente es lo que nos sucedió en este caso en particular. La llegada de casos positivos de Covid-19 a nuestro entorno cercano despertó, al mismo tiempo, lo mejor y lo peor de los rasgos de una sociedad que hoy, en una situación de virtual aislamiento, canaliza su interacción social a través de este fenómeno que, hoy en día, monopoliza la comunicación entre las personas: las redes sociales.

Es en ese entorno virtual donde se han visto nacer iniciativas solidarias, de distinta naturaleza, tanto desde lo individual, con un alcance limitado pero no menos valioso; hasta emprendimientos colectivos, con participación de sectores importantes de la sociedad y con importantes resultados. Los argentinos siempre hemos sabido ser solidarios en situaciones de crisis y esta no es la excepción.

Pero también, camufladas con aquellas, aparecen actitudes que, producto de una mezcla de temor, preocupación y tiempo libre –algunas- y de un lamentable oportunismo político –otras-, ponen en vilo a toda una comunidad particularmente sensibilizada y receptiva frente a noticias apocalípticas.

Frente a este bombardeo permanente de información, se hace evidente la necesidad de una mirada crítica a la hora de evaluar las fuentes y las intenciones detrás de cada noticia. Pero más que nada es importante interpelarnos a nosotros mismos y evaluar el rol que cada uno de nosotros cumple como agente multiplicador de estas “Fake News” o información falsa que circula.

La estigmatización, la crítica despiadada, el manejo tendencioso de la información, la difusión irresponsable de noticias alarmantes, el prejuicio… son todas caras de la misma moneda

Sin dudas ha llegado la hora de la cordura, el momento indicado para ser cautos y responsables individualmente en lo que somos capaces de aportar desde nuestra casa. Hoy el #QuedateEnCasa es la bandera más importante que podemos enarbolar para ganar esta batalla sin cuartel contra un enemigo tan peligroso. Pero desde casa es mucho lo que podemos hacer para que nuestra comunidad sea hoy un lugar mejor.

Así como en un momento de crisis global, un presidente le dijo a su pueblo No te preguntes qué puede hacer tu país por ti, sino qué puedes hacer tú por tu país“, hoy es hora de dejar de cuestionar a los demás y preguntarnos qué somos capaces nosotros de hacer para sumar y no restar en este escenario tan excepcional.

Y ahí surge como recuerdo otra frase acuñada también en contexto de guerra: cuando el primer ministro Churchill dijo a su pueblo No tengo nada que ofrecer, excepto sangre, sudor y lágrimas”. Como él, nosotros hoy deberíamos decir “Solo puedo ofrecer empatía, solidaridad, cordura y sentido común”. Seguramente así la lucha contra el enemigo invisible será más llevadera, pero fundamentalmente, esto nos haría crecer como sociedad y como personas.


 

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