Publican el trabajo de un lamarqueño en una de las revistas científicas más importantes del mundo

La ciudad francesa de Grenoble está abrazada por imponentes montañas con una perfecta pátina de  nieve cinematográfica. La definen como “una metrópoli alpina”, con increíbles vistas al Mont Blanc desde, por ejemplo, el teleférico más antiguo de Francia. Hacia la llanura se ve una ciudad atractiva con pasajes medievales, y coloridos graffitis de destacados artistas urbanos. Uno de sus escritores, Stendhal, escribía que al cabo de cada calle aparecía una montaña.

Instituto Laue-Langevin en Grenoble

En la ciudad de más de dos mil años de historia vive el lamarqueño Nicolás García junto a su familia. Durante los últimos días, su vida estuvo algo movilizada; estuvo embriagado de alegría y orgullo porque uno de sus trabajos fue publicado en la prestigiosa revista científica PNAS, la publicación oficial de la Academia Nacional de Ciencias de Estados Unidos. Por supuesto, recibió una interminable hilera de afectuosos saludos, elogios, y el reconocimiento público de Mark Johnson, director del prestigioso Instituto de investigación Laue-Langevin, lugar donde García trabaja. Nico es Doctor en Física y en abril -después de un buen puñado de años- regresará al país.

“Algo muy valioso de Argentina es la educación pública, gratuita y de calidad”, opina Nicolás y agrega que esa idea se confirma cuando estás fuera del país

“En el Valle Medio somos bastante arraigados a nuestra tierra por eso siempre nos gusta volver”, reflexiona Nico desde Francia. Y ese lazo no se interrumpe, más allá del paso del tiempo y la distancia. Entre el enjambre de saludos por su reciente publicación, revisa con atención las noticias de la comarca.

Nico dice convencido que tuvo la suerte de crecer en un ambiente natural, “que de más grande me di cuenta lo valioso que era”. Su infancia estuvo barnizada de juegos infinitos con los amigos del barrio, las bicicletas tiradas en el patio y el río siempre cerca. La exhaustiva investigación sobre los extraños “bichitos” que aparecían intrépidos en los árboles de la cuadra también formaba parte de las tareas más apasionantes.

Nico García en su lugar de trabajo

“Algo muy valioso de Argentina es la educación pública, gratuita y de calidad”, opina y agrega que esa idea se confirma cuando estás fuera del país y el nivel académico es comparable con profesionales que se graduaron -por ejemplo- en la Universidad de Princeton, Estados Unidos, en donde los estudiantes pagan 2000 dólares por mes.

Para Nico, la educación que recibió fue clave para su elogiado presente en Grenoble. “Te da la oportunidad a pibes como yo a escalar socialmente”, reconoce. Por eso, considera que Argentina hace un muy mal negocio. “Forma gente altamente calificada en las universidades y luego, ese recurso tan valioso que puede ayudar a desarrollar del país lo pierde por no tener un sistema de contención. Pierde científicos, ingenieros. Y esa gente calificada que se formó, pagada por el Estado, es usufructuada en otros países”.

Además de motivos familiares, afectos y todo eso, Nicolás vuelve a Argentina porque siente que tiene que devolver algo. Quiere enseñar física y entregar algo de todo lo que absorbió en la rica experiencia en instituciones prestigiosas de distintos países. Regresará a Bahía Blanca a tomar su cargo como Investigador Asistente de Conicet.

“Estructura de empaquetamiento de anillos semiflexibles” es el título del paper publicado por la revista científica PNAS. Cuando Nico revuelve los recuerdos para encontrar alguna conexión con el “Doctor en Física”, dice que pasaba mucho tiempo en la biblioteca, sumergido en la literatura. En la secundaria detectó que tenía facilidad para la matemática, aunque, la verdad, es que lo aburría. “Tuve profesores muy inspiradores que me ayudaron a tomar la decisión sobre la carrera”, dice con un tono envuelto en nostalgia lamarqueña. Luego de un breve silencio, interrumpe con una revelación. “Yo quería ser astronauta”, se sincera y sonríe.

Un destacado recorrido

Nicolás García hizo la Licenciatura en Física y luego el doctorado en Física en la UNS. Durante su doctorado, trabajó en física de polímeros e hizo una estadía de tres meses en la Universidad de Princeton en Estados Unidos. Luego, estuvo 2 años de investigador postdoctoral en la Universidad de la Sapienza de Roma trabajando en sistemas coloidales, y ahora hace 3 años es postdoc en el Instituto Laue-Langevin con su proyecto principal sobre física de polímeros y colaborando en tres proyectos más, uno sobre cerámicas, otro sobre física de procesos biológicos y otro sobre desarrollo de nuevos polímeros con aplicaciones en cosmética y cuidado del cabello.