Carlos Espinosa: un cronista de la Patagonia

Por: Pablo Otazú.-

La Patagonia está llena de historias silenciadas, historias mínimas, historias perdidas en el tiempo y en su geografía. Algunas trascienden por el relato oral, transformándose en “historias populares” que se van adaptando según quien las cuente, entonces ocurre que su origen se diluye y se hacen “locales”.

Hay quienes con paciencia, casi artesanalmente, toman esos relatos y luego lo transforman en escritura. Los cronistas son historiadores de lo cotidiano, de lo que de de otra manera sería difícil de saber. Los pueblos patagónicos, son parte de la otra Argentina. De la que no sale en los medios. Y que sus historias mínimas tienen la riqueza de lo humano y no aparece en ningún documento. El tiempo sin tiempos de esta geografía, el viento, la meseta y la estepa generan un caldo de cultivo con misterios y sabores propios.

Carlos Espinosa es un caballero andante, o mejor aún: un caminante del paisaje, el de la geografía y el humano, y junto a su imaginación macera historias con identidad patagónica.

Nos conectamos, prendemos las cámaras y hablamos un poco del último libro de Carlos. Le digo que tendría que presentarlo acá. Me comenta que tiene ganas de girar con su libro este año, que su idea es ir por distintos lugares y obsequiarlo en las bibliotecas, Hace poco estuvo en Beltrán, para ver los murales del Chelo; (los murales del aniversario) y que le parecía muy lindo el lugar donde está instalada la biblioteca. En fin, charlamos un poco antes de empezar con la nota.

Bueno, Carlos como te explicaba, esto es una conversación más que un reportaje. Empecemos por el principio: ¿Querés presentarte para que la gente sepa quién sos?

Soy Carlos Espinosa y hace ya un montón de años -desde 1978-, que me considero patagónico. Si bien no nací en la Patagonia, ya de adolescente vine por aquí. Me quedé unos años, terminé mis estudios de la secundaria en la Escuela Normal de Viedma, me fui a Buenos Aires a estudiar a la Universidad y a empezar mi vida laboral. En 1978 las circunstancias muy críticas de la vida del país, el terrorismo de estado, la noche negra de la dictadura, las situaciones realmente muy dramáticas que se vivían en Buenos Aires, en mi entorno familiar y de amigos -con detenidos, desaparecidos, etcétera-, me hicieron buscar aires que…a ver, eran relativamente más tranquilos en la Patagonia y en Viedma en particular; sin que esto signifique adherir a la mentira que todavía por allí circula; que aquí no pasaba nada. Aquí también pasaban cosas terribles, hubo secuestros, desaparecidos, torturas y persecución. Pero quizás el clima era más amigable. Eso me trajo por aquí y desde entonces, ya no me moví. Estuve en Viedma dos años y en Patagones ya desde 1989. Con lo cual, siempre le digo a mis amigos de la Patagonia que desde aquí arriba, desde lo alto de Patagones, miro toda la Patagonia. Este es un mirador, vos conoces bien la geografía del lugar. Me subo al Cerro de la Caballada y me imagino que veo hasta Ushuaia.

Es una buena imagen. ¿Y qué hace que una persona diga: «Me siento patagónico»?

Bueno, lo primero que la geografía me atrapó. Y después que he tenido la suerte de vincularme afectivamente con la gente de la Patagonia. Mi compañera desde hace más de 40 y pico de años es 100% patagónica y rionegrina, nacida en un pequeño pueblo de la línea sur de Río Negro. Tengo 3 hijos patagónicos, aunque el mayor había nacido primero en Buenos Aires. Todo esto me convierte en un hombre patagónico, además que, también las circunstancias de la vida me han permitido comprometerme con temas y cosas de la Patagonia. Yo llegué aquí, primero para trabajar con una profesión que abandoné por el tiempo y las circunstancias de la vida, que era la de bibliotecario. Por eso tengo para con la biblioteca un afecto muy particular.

Yo llegué aquí, primero para trabajar con una profesión que abandoné por el tiempo y las circunstancias de la vida, que era la de bibliotecario. Por eso tengo para con la biblioteca un afecto muy particular.

¡Nunca me lo hubiera imaginado!

Yo venía de haber estudiado bibliotecología en Buenos Aires y de haber trabajado unos cuantos años en una maravillosa institución, que es la Biblioteca Popular de la ciudad de Martínez, partido de San Isidro. Es un poderoso Centro Cultural, lo sigue siendo mucho más ahora. Con el tiempo, se ha constituido en un polo del teatro, tiene sala de cine, es un complejo. Llegué aquí a trabajar en el área de Cultura de la provincia de Río Negro, en el área de biblioteca especialmente.

¿En qué año fue eso?

En 1978. Tenía aquí una gran amiga que me gusta mencionarla porque fue una mujer que organizó el área de bibliotecas de la provincia de Río Negro. Era la profesora Niram Marín Rucci, una excelente profesional, trabajé con ella. Al mismo tiempo, ya desde el año 1979, empiezo con la actividad periodística que la traía también de Buenos Aires, como una actividad totalmente menor en mi vida. Aquí empiezo a trabajar primero en una radio, una radio de Viedma. Y después un gran amigo, colega, periodista, un maestro de periodistas, Omar Livigni.

¡El Negro Livigni, lo conocí militando!!  

El negrito claro, me invita a participar en un periódico que se llamaba “La Calle” era un quincenario.

Me acuerdo, después de “La Voz Rionegrina” fue eso.

Exactamente y “La Calle”, era en esos años, el único medio escrito que había aquí en la región. Cada 15 días aparecía puntualmente con un contenido muy variado de temas políticos, sociales y culturales. Ahí empecé a escribir mis primeras crónicas de viaje y claro, cometía un pecado que era, que cuando yo viajaba por la Dirección de Cultura, visitando las bibliotecas de la provincia -una vez estuve precisamente en aquellos tiempos en la primigenia biblioteca popular de Beltrán, que estaba en el mismo edificio de la municipalidad-, bueno te decía…viajaba, recorría, tomaba apuntes y cuando volvía después escribía una crónica de viaje para el periódico “La Calle”. Y claro, mi visión era crítica sobre las cosas que estaban pasando en la provincia y esto les molestó a los señores de gorra, que en ese momento gobernaban la provincia. Los señores de gorra y los señores de traje, que, en algunos casos, eran más obsecuentes, alcahuetes y peligrosos que los señores de gorra ¿no?

Sí, sí, sí, por supuesto. Aún siguen existiendo, solo que ahora es menos peligroso.

Yo estaba contratado, no tenía estabilidad laboral, tenía un contrato que se renovaba anualmente. Arranque a mediados 78’ estuve durante el 79’, 80’, 81’. Cuando me tenían que renovar el contrato, a principios del 82’, me llamó un funcionario de cuyo nombre no quiero acordarme para decirme que no me lo iban a renovar. Claro, era porque yo, ya venía molestando escribiendo cartas y participando en la vida periodística de Viedma, que también hay que decirlo Pablo los periodistas de Viedma éramos pocos, un puñado, seríamos 15, pero nunca doblamos la cabeza, nunca nos arrodillamos ante el poder militar. Hubo algún que otro que hacía servicio a los militares, es cierto lo había, pero la mayoría éramos periodistas independientes y críticos. Por ejemplo, estábamos acompañados, muy cercanos y nos sentíamos mutuamente acompañados por esa figura magistral que fue el obispo Miguel Esteban Hesayne. Una figura que, para nosotros los periodistas, tuvo mucha importancia porque él marcaba la agenda, las cosas que decía Hesayne no se animaba a decirlo nadie.

Y ayudó a mucha gente también.

Por supuesto. Así que todo esto era un mix de cosas que molestaban, lo que escribía por mi cuenta en el periódico, mis contactos periodísticos, mi cercanía con hombres como Hesayne bueno, en definitiva, en enero de 1982 dejo de pertenecer al área de Cultura de la provincia de Río Negro. A partir de ese momento me dedico exclusivamente a la actividad periodística. Con el periódico “La Calle”, con el viejo canal de televisión que tenía Viedma en aquellos tiempos…

“Tele Viedma”

“Tele Viedma” exactamente. Con la “Radio LU15”, que era la única radio que había aquí en Viedma. Y cuando termina la dictadura y recomienza la democracia, a finales del 83’ se me da la posibilidad de ingresar a la agencia de noticias Télam, la agencia de bandera, nuestra agencia nacional de noticias. A partir de ahí trabajé en Télam de forma continuada, hasta que me recibí de jubilado con mucha felicidad, en el año 2016.

Bueno Señor Jubilado, esta crónica que vos me hacés, que en realidad uno la viene siguiendo bastante de cerca, después tuvo como un reconocimiento, en la ley de bibliotecas. Esa ley que, si bien tiene un formato bastante ambicioso, no se cumple hoy. ¿Qué opinás de toda esta historia?

Te digo sinceramente Pablo que no conozco la ley de bibliotecas en detalle. Pero sé que fue un motivo de profunda discusión a nivel parlamentario, con participación muy activa de la gente que estaba en ese momento en la Dirección de Cultura de la provincia y de Niram Marín que todavía seguía en el ámbito de dirección de cultura y que por supuesto fue figura de consulta.

Que no se cumpla la ley de bibliotecas, no me llama la atención porque no se cumplen tantas otras leyes en la provincia. Sobre todo, sabiendo que Río Negro tiene desde hace más de 50 años, bibliotecas muy importantes, en este caso voy a mencionar solo dos: la Biblioteca Popular de Roca y la Biblioteca Popular de Cipolletti, verdaderos faros, verdaderos centros.

Y la de Bariloche también, agregaría yo.

La de Bariloche también que ha superado una etapa muy crítica que tuvo precisamente en la época de la dictadura, y que hoy es una biblioteca poderosísima. Creo que no están acompañadas por la provincia como corresponde. No sé si está funcionando la comisión de bibliotecas de la provincia

Está funcionando, pero…

Pero no creo que haya un profesional, a cargo de esa área

Cuando suelo mencionar esto, hay muchos que se asombran, pero en Río Negro hay 38 bibliotecas cerradas, por falta de personal. La ley de bibliotecas dice que el gobierno provincial tiene que proveer de personal y es una pena, pero, así pasa con muchas leyes que sólo son como una letra, a veces sin sentido ¿no?

A parte que, entre tantas contradicciones, la provincia tiene precisamente allí, en Luis Beltrán, un Instituto de formación de bibliotecarios. Y no se les da trabajo en las bibliotecas de la provincia, a los que salen de allí, del Instituto de Beltrán.

La paradoja es que la biblioteca de Beltrán, hoy no tiene personal, tiene serias dificultades.

Es terrible teniéndolo a dos cuadras son esas cosas que…bueno…

De no creer. Pero bueno siguiendo con la charla me interesa el tema patagónico porque aparece en todos tus escritos o crónicas de viajes. Crónicas que tienen mucho de realidad y algo de ficción, pero son crónicas bien patagónicas, porque aparece el paisaje. Aparece el paisaje humano, aparecen las relaciones con el paisaje ¿no? esta cuestión de la cultura en general, con rasgos muy patagónicos. ¿Qué te llevó a vos a conectar con eso?

Bueno, desde el periodismo empecé con esto, porque precisamente ahí, en “La Calle” el Negro Livigni, me impulsa ya en 1980 a que comience a hacer entrevistas con viejos vecinos de Viedma y Patagones para que cuenten sus historias de vida -la de ellos o la de sus antepasados directos. Por ejemplo, recuerdo, en una nota con la hija del doctor Arostegui, que fue un calificado médico y hombre público de Carmen de Patagones, dirigente radical Irigoyenista que sufrió todas las persecuciones propias de la dictadura de Uriburu en la “Década Infame”. Después, recuerdo con mucho afecto la nota con la familia Volponi, un viejo taller mecánico de Viedma, que todavía hoy funciona, con la segunda o tercera generación de mecánicos. En fin, meterme en esas historias chicas, historias menores que nos permiten ubicarnos en el tiempo y en el espacio, revelar costumbres sociales, los dramas de la vida social de los pequeños pueblos de la Patagonia. Empecé por aquí por Carmen de Patagones y Viedma, y empecé a darme cuenta que había un territorio sin explorar. Y que por allí uno se metía con una visión afectuosa, una visión contemplativa y cálida, en un territorio que no estaba transitado por los profesionales de la historia, con los que siempre he tenido una buena y respetuosa relación. Siempre aclaro que no soy historiador, soy solamente un cronista, los historiadores que los hay y de gran calidad, que han dejado también sus huellas escritas en grandes trabajos en la región, hacen otra visión, otra visión analítica, lo mío es contar historias, tal como me las cuentan. Por supuesto que trato de corroborar en la medida de mis posibilidades, la realidad, la certidumbre y la exactitud de los relatos. Y esto también implica, por ejemplo, ajustar fechas, cronología, que a veces en la memoria de quien cuenta pueden estar confundidas o desfasadas. pero yo cuento las cosas como me las cuentan.

Siempre me gusta decir que, así como hay múltiples miradas de la misma realidad, también hay múltiples miradas de la historia. Entonces, siempre hay que preocuparse -sobre todo desde los ámbitos del Estado-, de las crónicas, de la historia anecdotaria de los pueblos, que es donde aparece la riqueza social y nos da muchos datos que los historiadores no lo toman en cuenta porque se ocupan de la cuestión documental.  Entonces…

Claro hubo un cambio ¿no?, un giro muy importante creo que, en los últimos 25 años, donde los historiadores comprendieron que en las fuentes orales había una riqueza que no estaba en las fuentes escritas. Y ahora los referentes más importantes que tenemos en la región, hacen una mezcla, de las fuentes escritas con las fuentes orales, las comparan, encuentran las contradicciones entre ellas y de ahí salen los productos de los mejores historiadores contemporáneos, como por ejemplo, por citar a uno, Julio Vezub. Un hombre de Chubut que ha producido y está produciendo trabajos muy importantes, sobre todo metiéndose a fondo en los períodos de fines del siglo XIX y comienzos del siglo XX, cuando se funda la nueva Patagonia, no la actual Patagonia, con la impronta del hombre blanco en este proceso tan trágico de persecución, arrinconamiento y matanza de los pueblos originarios.

Esta recuperación que yo observo en algunos de tus escritos, de algunas costumbres y usanzas, incluso de las relaciones sociales de los pueblos originarios en tu relato, son necesarias. Porque nos ayuda a comprender algo que después de la Campaña del Desierto, fue totalmente tapado. No nos olvidemos que hasta no hace tanto tiempo los pueblos originarios no hablaban su lengua, ¿Por qué? Porque el blanco lo había avasallado de tal manera que fue como un lengüicidio.

Así es, esa palabra me gusta, nunca la he usado, pero te la tomo. Precisamente en este libro que ha salido hace poco y ahora está circulando y empezando a encontrar camino, que es “La Sequía y otros Folletines al Sur”, hay varios relatos donde aparecen hermanos del pueblo mapuche y hay uno en particular, que cuenta la trágica historia de un personaje que en el pueblo imaginario de Santa Marta -donde transcurren los relatos-, era conocido como «El mudito García».  Porque el mudito no hablaba y la gente pensaba que era mudo de nacimiento, que se había quedado mudo por algún accidente. Algunos fantaseaban que, en un entrevero, le habían cortado la lengua. No, el mudito no era mudo, el mudito sabía hablar muy bien el mapuche, pero se había quedado callado porque tenía terror de hablar en su lengua. Hasta que un día pasa algo que está en el cuento y se pone a hablar. Y habla en mapuche el mudito García, que no era mudo.

¡Qué genial metáfora!

Eso está contado en el cuento del mudo García.

Es como que ahí sintetizas todo lo que el pueblo mapuche ha pasado durante todos estos años.

Sí, bueno, siempre digo que, tuve la oportunidad de ser testigo totalmente ajeno a los hechos, sin ninguna participación protagónica, del proceso en el cual el pueblo mapuche de Río Negro empieza a corporizarse. Empieza a recuperarse en su lengua y en su identidad, que es un proceso que tiene una fecha clave,1984, cuando una terrible nevada sobre la línea sur, condena prácticamente a la desaparición a los pequeños criadores de ovejas y de chivas.

Lo recuerdo, la imagen era terrible.

Allí fue clave la figura del obispo Hesayne, porque él decide poner en marcha un plan de recuperación que se llama “Una oveja para mi Hermano” y lanza el plan de promotores de la línea sur para ayudar a los hermanos mapuches. Para ayudarlos a organizarse en cooperativas de autogestión y que dejaran de ser explotados. Para que, si lograban recuperar su majadita, ya no tuvieran que depender del precio que les fijaba un comprador de lana que viajaba desde Roca o desde Bahía Blanca. Bueno, en ese proceso en el que yo como periodista, estuve presente en alguna de las reuniones que se hacían aquí en el obispado de Viedma, recuerdo a representantes de las comunidades como Colihueque -fallecido hace no mucho-, que era un vocero calificado y respetado. Ahí creo que ví por primera vez, en un contexto serio y formal como la sala de reuniones del obispado de Viedma, que se hablara por primera vez mapuche. En 1984, se animaban a expresarse en mapuche y después hacer la traducción de lo que estaban diciendo, así que es muy reciente Pablo, todo este proceso. Por eso mismo es que hay que acompañarlo, hay que abrazarlo. Hoy tiene una fuerza impresionante en toda la Patagonia, pero sobre todo aquí, en los valles de Río Negro, Neuquén y Chubut.

Vos sabés que nosotros, en el año 85’ hicimos una obra que se llamó “Mari-Marí Huinca” y estaba basado en un trabajo que se había hecho desde el Ministerio de Educación -era Consejo de educación en ese momento-, sobre el proceso de migración de los mapuches a los centros poblados, y la transculturación que eso generaba. La verdad que fue también un impacto para nosotros cuando la dábamos, porque teníamos mucha aceptación de los descendientes de esos migrantes. Fueron bastante importantes las migraciones en esa época, porque no tenían recursos.

Bueno, en esos tiempos y también allí con ustedes en Beltrán, empieza a tener un gran reconocimiento la figura magistral de Luisita Calcumil, no es cierto. Luisa se convierte precisamente en un exponente de esa voz que había quedado callada. Son los tiempos en los que también Aimé Painé empieza sus recorridos, tristemente frustrados con una temprana muerte. Es todo un proceso muy fuerte, que ya te digo, yo me siento muy comprometido con ese proceso tratando de acompañar, de abrir caminos y difundir. Aún hoy, hay mucha gente que ignora esto que estamos charlando nosotros, que los mapuches fueron silenciados bajo amenaza de muerte, silenciados con horribles insultos denigrándolos. En las escuelas ni hablar, se les prohibía terminantemente expresarse y claro cómo no se iban a callar. Uno conoce historias, como la de mi querida amiga de aquí de Patagones, que es también hoy una referente, ella nos cuenta siempre con lágrimas en los ojos, que su padre recién en el lecho de muerte se animó a hablarle a ella en la lengua y recién ahí supo que su padre sabía la lengua. Ella llegó a sus 25 años, sin saber que su padre hablaba la lengua, porque el padre se había callado.

Es muy triste. Y Carlos Espinosa ¿es la primera vez que relata a través de cuentos?

No, no, yo empecé en un taller literario en aquella Biblioteca Popular de Martinez que te recordaba hoy, conducido por un hombre que, años más tarde también anduvo por la zona de Viedma, Nicolas Bratosevich, un hombre que… él escribía también, pero nunca trascendió como escritor, trascendió como creador de los talleres literarios y como impulsor de talleres literarios.

Así que yo ya había empezado a escribir algo por la década del 70’. Fui acumulando cosas guardando en carpetas y después aquí ya radicado en Viedma, comienzo a vincularme con otra figura que quiero destacar, Raúl Artola, un gran escritor. Un hombre, que tiene un proceso parecido al mío. Él era nacido en Las Flores, provincia de Buenos Aires. Viene por aquí en el 75’ y también se convierte en patagónico por hecho y por derecho. Y ya en mi primer libro, que es un libro fundamentalmente de crónica que se llama «Perfiles y Postales»; una edición totalmente agotada; ya introduje allí algunos relatos de ficción sobre la base de algunas crónicas. Por ejemplo, una crónica que es la de un viaje en barco desde Patagones a Choele Choel, cuando se remontaba el río.

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Hay muchos relatos acá en la zona de eso, sobre todo hay gente en Choele, que todavía se acuerda de ese transporte.

Yo tomé un relato que estaba publicado en una un periódico de aquí de la comarca, en aquellos años en 1922 y lo convertí en un relato de ficción. Y después hay otro que es a la inversa, un viaje en barco desde Patagones a Buenos Aires, porque también se viajaba en barco de Patagones a Buenos Aires. Ahí sí, hago todo un invento, una historia sobre la base de hechos reales. Así empecé a animarme con relatos y después publiqué otros libros más. Por ejemplo, y después quiero hacer una mención especial, de un libro sobre Roberto Arlt en la Patagonia, que ya tiene algunos años que apareció en el año 2014 (me muestra el libro). Aquí también me imaginé a Roberto Arlt , en Patagones y Viedma -que estuvo por cierto de verdad-, pero eso, me imaginé a Roberto Arlt hablando con gente de Patagones y de Viedma, con gente real, con gente contemporánea, al tiempo en que pasó por aquí, o sea que ya había jugado con la ficción metida en temas de la crónica. Y después me decidí en tiempo de pandemia, en el año 2020 a recopilar cosas que ya tenía escritas y escribir otras, así aparece “La Sequía”, que es totalmente ficción, aunque hay también algunos datos que están tomados, incluso en algunas crónicas periodísticas.

Ramón Espinosa y Pablo Mario, actores del tráiler book de La Sequía
Ramón Espinosa y Pablo Mario, actores del tráiler book de La Sequía

A ver si yo imagino mal, porque como no leí el libro…

Ya te va a llegar

Me imagino cosas a través de los reportajes que te han hecho y algunas cosas que vos subiste al Facebook. El videíto qué hicieron para el trailer-book, para la promoción, que está muy lindo, que aparece tu hijo con Pablo Mario actuando…

Una escena maravillosa (sonríe)

Y me imagino como que esos cuentos no están al azar, digamos como que hay un hilo conductor.

No, no, el primer cuento que es “La Sequía”, es una historia que nunca existió, pero que podría haber ocurrido en un pueblo que se llama Santa Marta -que siempre aparece en los relatos-. Tiene continuidad en relatos la aparición de este pueblo, donde la sequía terrible que está matando a las vacas que están en los campos cercanos al pueblo, enloquece a toda la gente y sobre todo enloquece a los ganaderos, que pretenden llevar a las vacas a beber al río pasando por arriba de las quintas. Lugar donde viven esos inmigrantes italianos que han llegado a principio y a mediados del siglo XX, sobre todo, los que han llegado después de la Segunda Guerra mundial y que ahí se han instalado a producir la fruta y la verdura que comen la misma gente del pueblo, y que comen los mismos ganaderos en su casa. Pero acá, hay un conflicto de intereses y hay una frase por ahí que lo dice todo, cuando en una polémica asamblea de los ganaderos, uno de ellos dice: “Pero ¿Qué vale más 1 kg de carne que 1 kg de lechuga?. Yo tengo más derecho que tengan agua mis vacas, que los quinteros con su lechuguita y su tomatito, ¡Qué joder!”. Este es el conflicto, que se van a venir las vacas bajando el río, pasando por arriba a los chacareros. Este es el nudo del conflicto ¿qué pasa después?, bueno…

Hay que comprar el libro (nos reímos)

Hay que leer el cuento y después otros cuentos que tiene otras situaciones, que me permito ir en el tiempo, me voy en el tiempo a…

Pero ¿todo ocurre en Santa Marta?

Sí, sí. Pero hay un par de cuentos, que no transcurren en Santa Marta, que tienen que ver con otras localidades que son inventadas por mí, pero que tienen que ver con la realidad en la región. Hay un pueblo que se llama Clemente Arias. Cualquier parecido con la realidad…

Como Clemente Onelli

Claro y es un relato de verdad, sobre la historia de una tumba olvidada.

¡Ah mirá vos! No voy a hablar para que haya una intriga, pero es un relato muy interesante.

Bueno, eso está convertido en una historia de cuento, pero eso es todo realidad. Después hay un cuento que transcurre arriba un tren que va hacia Bariloche, que también está adaptado de hechos absolutamente reales, aunque todo lo demás es ficción. Es el tren que, en el mes de marzo de 1950 -un tren especial-, lleva al general Perón y Evita a Bariloche. Viaje que existe real, incluso hay algún documento fotográfico por allí que los muestra a Perón y Evita en el balcón del Centro Cívico en Bariloche. El relato es totalmente de ficción, porque cuenta que, a bordo del tren, viajando en esa noche hacia Bariloche, el general Perón tiene ganas de tomar un café y se va al vagón comedor que estaba cerrado y hay nada más que un mozo que quedó de guardia. Perón se sienta a tomar un café con él, le pide al mozo que se siente con él y conversa. ¿De qué hablan Perón y el mozo? es lo que después de muchos años, este mozo le cuenta a un periodista que está viajando también en el tren, han pasado más de 30 y pico de años. El mozo era chileno, por eso el cuento se llama “Un mozo chileno hacía equilibrio con la bandeja”.

¡Qué lindo nombre! Eso es un título danzarín.

Y, además, un título que tiene una metáfora ¿no? Hace equilibrio con la bandeja, y hace equilibrio él mismo con su memoria de lo que cuenta y de lo que no quiere contar. Ese diálogo que tuvo con Perón en ese momento en el mes de abril de 1950.

Lo que es una cosa repetitiva en mis relatos, es la aparición de periodistas; lo cual no es ninguna novedad, nada que pueda sorprender. En muchos cuentos hay periodistas como protagonistas principales o co-protagonistas y yo digo, por ahí que es una forma también de tomarse una venganza. Porque como yo trabajé 37/38 años de periodista, sometido al estricto negocio de la verdad, a no salirme del camino de la verdad, ser fiel al relato de las cosas, tal como han ocurrido. Entonces ahora, me permito jugar con la ficción poniendo periodistas imaginarios, en situaciones tan imaginarias como esta que contaba, un mozo que después de 30 y pico de años, le está contando lo que habló él solo en privadísimo con el general Perón viajando en tren. Son juegos que me permito.

Si bien a través de la conversa ya contaste digamos, muchos tópicos de lo que es la escritura ¿Por qué alguien escribe? ¿Qué lleva a alguien a escribir?

Bueno, hay mucha literatura sobre eso. Precisamente hay muchos libros escritos sobre por qué se escribe, desde hace más de 5 siglos.

Bueno, pero entonces ¿Carlos Espinosa, por qué escribe?

Yo escribo porque es una forma de concretar en palabras, pensamientos y sentimientos, poner en la vida de los personajes de ficción, mi pensamiento, mis emociones y cuando no también a veces, mis frustraciones, lo que yo no he podido hacer en la vida se lo vamos a hacer a estos personajes. Vargas Llosa, ese gran escritor peruano, lamentablemente convertido con los años en un ogro fachista, allá por los 70’ era una figura importante. Vargas Llosa, en una polémica pública y muy fuerte con ese otro gran enorme referente de las letras latinoamericanas, que ha sido y sigue siendo, Gabriel García Márquez tiene un libro donde dice que lo que hace García Márquez es deicidio, es decir, mata a Dios. Dice que García Márquez mata a Dios y él se convierte en Dios, que le crea y le arma la vida a sus personajes.  Fundamentalmente Vargas Llosa, desmenuza “100 años de Soledad”, un libro que se editó por primera vez en la década del 70’ y después nunca más se reeditó por la polémica entre García Márquez y Vargas Llosa.

Yo escribo porque es una forma de concretar en palabras, pensamientos y sentimientos, poner en la vida de los personajes de ficción, mi pensamiento, mis emociones y cuando no también a veces, mis frustraciones, lo que yo no he podido hacer en la vida se lo vamos a hacer a estos personajes.

Es loco porque pertenecieron al mismo grupo, el grupo del Boom, son de la misma generación, junto a Julio Cortazar y Carlos Fuentes ¿no?

Sí una etapa de la escritura latinoamericana que se corporiza y que crece. Bueno, entonces esto de convertirnos en dioses, en inventar la vida de personajes, en crear personajes y hacerlos crecer y hacerlos desaparecer, matarlos cuando se nos antoja, es fascinante. Algún psicólogo diría que esto conlleva precisamente algún trauma, aunque bueno, ahí estará dando vueltas y quien lo quiera encontrar que lo encuentre.

Volviendo al tema, el de “La Sequía”, sabés que cuando pensaba en el nombre me conectaba, por ejemplo, con Lorca y “Yerma”, pensaba en Rulfo, pensaba en el mismo García Márquez.

Claro el mismo García Márquez, juega con la lluvia y la sequía en Macondo (pueblo en el que transcurre “100 años de Soledad”)

Es muy latinoamericano eso.

Son temas recurrentes, sí. Yo quiero, antes que se vaya terminando el tiempo porque me gustaría que fuéramos redondeando en la sala, por otros compromisos que tengo. Quiero decirte que no de casualidad yo le puse como subtítulo del libro: “y otros folletines al sur”. Yo reivindico la palabra y el concepto de folletín para tratar de sacarlo del injusto olvido y menosprecio que ha tenido el folletín. ¿Qué es el folletín? es un género literario que surge a mitad del siglo XIX, son relatos generalmente de aventuras muy vibrantes y emocionantes, con situaciones muy rápidas que entretienen al público lector, y que se publicaban en entregas. Aparecían en entregas semanales o mensuales.

Claro eran como episodios.

Como episodios publicados e impresos generalmente en forma muy económica, muy barata para que fueran de precio muy accesible. Se vendían no en librerías, que incluso capaz que, en algunos pueblos ni las había, se vendían en los almacenes de ramos generales, ahí aparecían y la gente iba y compraba estas novelitas. Sobre todo, había un gran público femenino que leía estas novelas por entregas, novelas románticas. Este género del folletín de gran importancia en Latinoamérica entre fines del siglo XIX y principios del siglo XX, se traslada a partir de la década del 30’ en la Argentina a un género que vos también conoces muy bien, que es el Radioteatro.  El radioteatro, es el folletín auditivo, que se escucha digamos, la novela por entregas que tiene a la gente muy atrapada y entretenida. Y después pasa al teleteatro aquel primer teleteatro argentino de la década del 60’ que era el teleteatro diario de media hora con episodios, nada que ver con estas cuestiones que se inventaron más recientemente. Entonces reivindico esto del folletín como un relato popular de acción rápida y directa con hechos emotivos que cautivan, o intentan cautivar al lector. Mis cuentos son folletines. No son grandes piezas literarias, son cuentos para que la gente se atrape y se entretenga y en algún caso que otro, pueda encontrar relación entre lo que está leyendo y alguna cosa que una vez le contaron, esa es la idea.

Carlos, escribir, va, más que escribir, editar un libro ¿es un acto heroico hoy?

Sí, por supuesto, sí por supuesto, viste hay gente que le gusta la pesca y entonces siempre está comprándose una caña nueva, una línea nueva. Hay gente que le gusta la jardinería y que está también todo el día pensando en qué va a poner acá y allá, comprando plantas y etcétera. Bueno, a los escritores de la Patagonia independientes como yo, que hay tantísimos otros, nos gusta escribir y editar. Entonces ahorramos algún pesito de acá, otro pesito de allá, averiguamos cuánto cuesta editar y recurrimos a algún amigo que nos hace la parte gráfica de edición del libro y así editamos por nuestra cuenta. No hay en la Patagonia hoy funcionando ninguna editorial, salvo las editoriales públicas, por ejemplo, está al Fondo Editorial que está viviendo una nueva y floreciente etapa. Está la Editorial Municipal de Roca.

La de Bariloche…

Creo que también en Bariloche sí. Y ahora se acaba de crear hace unas semanas una en Viedma que todavía este año no va a empezar a editar. Salvo estos casos de editoriales públicas que está muy bien que las haya, no hay quienes te digan, tráeme el libro que te lo editamos. Uno tiene que ir y pagar la edición, después tratar de recuperar algún peso que poco se recupera con la venta de los ejemplares. No hay aquí en la Patagonia editores que asuman el riesgo de la edición. Qué bueno sería, que apareciera en algún momento, alguno que diga yo soy editor, tráiganme vemos, analizamos el libro. En esa situación, cuando un editor se hace cargo del costo, también tiene derecho a opinar sobre el contenido, ¡ojo con esto eh!. Ninguno de los grandes escritores que uno conoce, ha dejado de tener alguna discusión con el editor que le ha dicho:“pero cámbiame el final y te lo público” únicamente cuando llegas a un momento de consagración.

Claro que esta otra forma, digamos, se mantiene la independencia.

Totalmente porque me lo pagué yo el libro claro.

Bueno me alegra mucho encontrarnos por este medio, aunque sea y nada, también es una especie de homenaje. La vez pasada lo hablaba con otro amigo, que se llama Roberto Baudi y que acaba de editar un libro…

Sí, lo conozco, hace muchos años que no nos vemos, pero lo conozco.

Le decía que -aunque él no coincidía mucho- que para mí, editar un libro hoy es tremendamente heroico y entonces por eso te hice esa pregunta. Porque digo, lo que son las pasiones, el objeto del deseo, vamos a ponerle el nombre que sea, pero esa cuestión de querer ver el libro físico que también estamos en la lucha de mantener este formato…

Bueno el año antepasado, en el 2020 iba a decir pasado, hice una incursión en el libro digital con un relato que también es una ficción sobre un hecho totalmente real, después te voy a pasar el link para que los lectores puedan encontrar ese libro que se puede leer en internet y se puede bajar y tenerlo. Es un libro corto son 50 y pico de páginas. Se llama “Extraordinaria exposición viviente de los indios salvajes del fin del mundo”, título muy largo para ponernos en el clima y que es un relato sobre un hecho totalmente real. Cuando una pequeña comunidad de indios de la etnia kawésqar mal llamados alacalufes. Ellos eran del extremo de la Tierra del Fuego abajo en los canales fueguinos son llevados engañados presos hasta Europa a París, para mostrarlos como animales en un zoológico. Bueno, este libro lo edité a través del recurso digital, y tuvo una interacción, claro que, a la media hora que lo había subido ya me lo estaba agradeciendo y comentando un amigo en España, otro en Italia, y otro en Salta, lugares a donde hoy es imposible llegar, mandar un libro por correo, cuesta hoy en la Argentina 600 pesos, porque tampoco hay ninguna tarifa especial ni nada que se le parezca. Bueno, así que es importante la difusión del libro digital, pero nada es comparable a la emoción de tener el libro y hacer esto que uno siente el aire que sale del libro (me dice mientras toma un libro y pasa las páginas rápidamente).

Vos sabés que Ramón Minieri…

¡Uh, Gran Amigo!

Cuando edita, todos los libros que ha editado, me los manda por correo. Y es tan lindo recibir un libro por correo, tiene una magia particular, una poesía, porque realmente es otra cosa, recibir un libro por correo.

Sí, sí, bueno, Ramón, que es un gran escritor, un gran autor de temas patagónicos que tiene relatos interesantísimos, tiene esa obra fundamental para entender cómo fue el horrible negocio de las estancias británicas, Ese ajeno Sur. Es un hombre con mucha experiencia en esto, porque también lo ha hecho conmigo. Creo que Ramón, aparte de haber puesto, haber invertido -porque es una inversión siempre poner plata de su bolsillo para editar-, creo que a veces, no sé si no ha invertido más plata que lo que le costó editar, en mandarlo por correo a los amigos, porque muchísima gente ha recibido siempre por correo los libros de Ramón. Bueno, yo te agradezco Pablo, quiero para al final darte un dato y bueno, vamos a ver si después conversamos para ver cómo puedo hacer, cuál es el recurso más rápido y expeditivo para que te lleguen los libros. Pero te quería decir que hay otro libro mío que tiene algunos años, ya 8 años, que es “Roberto Arlt en la Patagonia” ¿lo tenés?

No, pero me interesa.

Bueno se están cumpliendo en estos días, 88 años desde que Roberto Arlt pasó por aquí. El 11 de enero de 1934 en el diario “El Mundo” de Buenos Aires -diario muy importante para la época-, aparece la primera de una serie de crónicas que va a escribir Roberto en un viaje hasta Bariloche y está referida a Patagones. Escribió cuatro crónicas dos sobre Patagones y dos sobre Viedma. En el libro lo que hago es, reproducir esas crónicas, hago comentarios sobre esas crónicas y después está lo que te decía antes, imagino qué cosas hizo Roberto Arlt en esos días que estuvo aquí. Bueno eso quería hoy, rendirle homenaje a Roberto Arlt, este gran escritor que hoy está muy difundido. Hoy está muy conocido teatralmente, sus obras se han representado muchísimo, pero que también sufrió en su época el ninguneo y las dificultades para editar. Le costó muchísimo editar su primer libro, “El juguete rabioso”, porque era para la época un libro incómodo, un libro molesto. Hablaba de jóvenes delincuentes, lo que hoy llamamos chicos de la calle. Nadie lo quería editar, y consiguió finalmente que por recomendación del autor de “Don segundo sombra” de… este… ayúdame…

Güiraldes

Exacto, un hombre en las antípodas de Roberto Arlt, un bacán, un tipo que escribía por hobby, mientras que Roberto escribía con sangre porque se ganaban los mangos escribiendo todos los días las crónicas. Consiguió que Güiraldes lo recomendara para que le editaran su primer libro. Con el tiempo fue conocido y muy difundido, pero la pasó muy mal, la pasó muy mal y murió en el año 42’, muy joven, enfermo, pobre y sin haber logrado ningún reconocimiento.

Siendo un autor muy prolífero ¿no? porque, tiene como 4 o 5 novelas, tiene además…

Obras de teatro tiene varias y crónicas, aguafuertes. Escribió más de 400 aguafuertes, pero se conocen publicados en libros, alrededor de 150. Algo más también ya para terminar, que alguna vez lo hemos hablado por teléfono, Río Negro le está debiendo… la provincia de Río Negro y el ambiente literario cultural del Río Negro le está debiendo el homenaje que merece a…

Rodolfo Walsh, sí.

Que es el, me atrevo a decir, el principal y más importante escritor rionegrino, si bien él nunca ejerció de rionegrino. Creo que nunca dijo que era rionegrino, no sé si alguna vez en alguna charla entre amigos diría, nací en Río Negro. Su vida fue tan intensa que ni tiempo tuvo posiblemente, de acordarse mucho que había nacido en Río Negro.

Pero sus hijos se acuerdan eh.

Sí, sí, bueno, Patricia ha estado ahí en Lamarque. Creo que estuvimos juntos aquella vez que vino Bayer ¿no?

Claro porque, yo formaba parte de la comisión que queríamos rescatar su casa. Al final se rescató parte de la casa no toda, pero…

Vos me decías que se puede entrar, que se puede llegar ahora.

Sí, hay que llamar a turismo del municipio y ahí, ellos te llevan. Incluso se armó un museo, está lindo el lugar ahora está muy bueno.

Bueno, en mi próximo viaje al Valle, me comprometo para la próxima vez que vaya te aviso paso a verte a llevarte libros en mano y todo. Incluso si tenés tiempo, me acompañas y visitamos ahí en Lamarque el Museo de Walsh

Como no, con mucho gusto. Bueno, muchas gracias por tu tiempo Carlos.

Gracias, un abrazo grande, y hasta luego.

Nunca supe que Roberto Arlt anduvo por estos pagos, tampoco que una tumba nazi se encuentra en un pueblito de la línea sur, a lo mejor no nos enterábamos que los primeros habitantes de la tierra del fuego fueron llevados como animales a un zoológico de Londres, y así, y así… tantas historias, en esta tierra olvidada, en esta tierra irredenta, este paisaje arcano, en esta bendita Patagonia, como reza un parlamento de una obra de teatro. Gracias a los escritores, cronistas o no que nos reflejan, que habitan este territorio de las palabras y la imaginación.

Hasta la próxima!

Transcripción: Agustina Otazú


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