Fabián Benassi: «El arte para mí fue una forma de sobrevivir, de protección»

Por Pablo Otazú

Fabián prende su cámara. Lo veo con el barbijo puesto, y por arriba se ven sus ojos claros grandes. El barbijo nos trae inmediatamente a esta realidad pandémica de la que por momentos intentamos abstraernos. Está en un lugar público. Por eso el barbijo y por eso el ruido de fondo. Charlamos un poco de la vida, del clima…

Fabián es un escritor y teatrero de Rio Colorado, Un lugar donde la cultura se milita, y él es un militante. Aquel que lo conoce me va a entender. Es difícil ser en los lugares chicos, y aquel que decide hacerlo, debe luchar permanentemente contra lo establecido, con «lo que debe ser».

Sin embargo el escribe con un estilo muy propio, con un ritmo propio y, por supuesto, blanqueando su preocupaciones a través de la escritura.

Bueno Fabián, ¿Cómo estás querido? Me interesaba poder charlar con vos sobre tus dos facetas, o por lo menos las dos que yo conozco: el teatro y la literatura. Pero, para empezar, te voy a hacer la pregunta que hago siempre al comienzo ¿Qué es el arte?

Creo que el arte, además de ser una vía de expresión donde puedo expresar, contar y decir lo que quiera lo que me interesa y a veces me apremia decir; también, para mí particularmente fue una forma de sobrevivir, desde chico creo. Fue una forma de inventarme un mundo distinto al que me ofrecía la realidad, lo real.

Fue una forma de sobrevivir, desde chico creo. Fue una forma de inventarme un mundo distinto al que me ofrecía la realidad, lo real

¿Cómo una especie de protección?

Sí, de protección y de salir al mundo, ¿no? Una especie de decir, «bueno, este soy yo y no lo que la sociedad quiere que sea».

Desde chico encontré esa forma de decir: «bueno, todo me indica que tengo que ir por acá pero, no es lo que me indica la sociedad». Así encontré los libros cuando era chico y, por ejemplo, empecé a leer y escribir. A expresarme, sin saber todavía qué era lo que hacía. Después lo entendí: eso que me salía espontáneo, era el lugar en el que me sentía yo. Buscaba que me reconozcan por lo que quería que me reconozcan, y no, por cumplir mandatos. Siempre fue eso, una forma de protección, pero también una forma de encontrarme a mí mismo. Saber que quería hacer eso, o que tenía cosas para decir. O simplemente desarrollar la creatividad. De repente, estar pensando historias… De chiquito se me ocurrían mil cosas. No entendía por qué no eran reales, si era lo que a mí me estaba pasando por la cabeza. Entonces el arte, primero en los libros y después lo artístico, me permitió expresar eso y encontrarme con mí mismo. Hacer un camino en mi vida, pero elegido por mí, no por otros.

Buscaba que me reconozcan por lo que quería que me reconozcan, y no, por cumplir mandatos

¿Qué pensás vos, que la sociedad te pedía?

Y… por ejemplo, de niño y más adolescente, los mandatos paternos eran: «tenés que estudiar esto, cuando seas grande tenés que ser esto otro». Y no eran cosas que a mí me interesaban. Por ejemplo, cuando iba al secundario, después me di cuenta, que el 98% de mis compañeros y profesores nunca me vieron. Porque en sus mentes no estaba la posibilidad que alguien pudiera ser escritor. Ellos pensaban en ser ingenieros, ser profesores de tal cosa y a mí no me interesaban ninguna de esas cosas, entonces estaba ahí, que se yo, estaba nomás.

¿Te sentías invisible?

Y sí, eso te invisibiliza, como que lo tuyo no existe. Era una sociedad en la que eso no se valoraba. El planteo que hacían era, de qué sirve ser creativo, escribir, mientras ellos “verdaderamente estudiaban” para ser médico, ser ingeniero, para ser profesor de historia.

Perdón que te interrumpa ¿De qué año estás hablando?

Y, el secundario lo hice en plena Dictadura Militar. Entré en el 79’, y egresé en el 83’.

Entraste en pleno proceso y saliste con Alfonsín en el retorno a la Democracia.

Imaginate que la educación era tremenda, re milica. Los compañeros y profesores eran re milicos. Había unos modos que… no sé, por ejemplo, entrabas en primer año y no te dejaban ni ir al baño porque los de quinto te cagaban a patadas, te hacían desfilar en las fechas patrias. Nosotros éramos pibes, teníamos 14 años, y a las 6 de la mañana estabas en la plaza con unas heladas que te querías morir. Creo que nadie aceptó eso, siento que cada uno escapó hacia distintos lugares ante semejante represión.

¿Vos encontraste la escritura en esa época?

Sí, venía leyendo de chico. En mi casa, había revistas y libros, mi vieja leía. Siempre pienso en eso, porque en realidad mi papá era un hombre de trabajo que hizo hasta tercer grado y mi vieja hasta séptimo. Sin embargo, en mi casa siempre hubo lectura, cómics, revistas. Después, ya en la secundaria, conocí a unos amigos que leían y ahí es donde empecé a escribir algunas cosas, empecé a expresarme, esos escritos no sé ni dónde quedaron.

¿Qué escribías? ¿Te acordás?

Emm… lo primero que escribí fue para una clase de lengua y literatura, nos habían pedido escribir algo. Entonces escribí toda una historia policial, con secuestros, con tiros, que se yo (nos reímos). Todos habían leído, me toca a mí pasar al frente, leí lo que había escrito y cuando terminé estaban todos mirándome fijo, el profesor también, no volaba una mosca. Se hizo un silencio como de cinco minutos. Todos me miraban como sorprendidos. Porque claro, había escrito algo que no tenía nada que ver con lo que habían hecho mis compañeros, que algunos incluso habían cortado algo de otra gente, pero nadie había creado nada. Escribía cosas típicas de un adolescente que leía cómics, historias que tenían personajes, inicio, desarrollo y final. Te digo, que si no hubiera perdido eso, hoy podría estar haciendo tipo miniseries (se rie). Entonces ahí me di cuenta, que a través de la escritura podía expresar, todo lo que había leído, todo ese mundo en el que me había refugiado de chico, en la búsqueda de esos otros mundos alternativos.

Entonces ahí me di cuenta, que a través de la escritura podía expresar, todo lo que había leído, todo ese mundo en el que me había refugiado de chico, en la búsqueda de esos otros mundos alternativos.

Me imagino que te habrás sacado un 10…

Vos sabes que no. Ese profesor me mando a examen y fui el único que reprobó la materia. Fue muy loco eso, por ejemplo, aprobábamos con 7 y me puso 6,75. Después la rendí y salí bien. Lejos de sacarme 10, más bien lo contrario (suelta una carcajada)

Eso igualmente no te hundió, sino que te impulsó a seguir escribiendo…

Sí, pero en realidad yo también me portaba mal en las clases, vamos a reconocerlo. Eso, debe haber influido en la nota. No me sentía bien en ese ambiente tan rígido. Pero sí, obviamente seguí escribiendo. Escribía poesía en mi casa. Un día vino un amigo que escribía, que escribe y que es músico hasta el día de hoy, en Bahía Blanca. Él me dijo que el texto estaba buenísimo y que tenía que publicarlo. Fue la primera persona que leyó algo mío y me dijo que estaba bueno. Obviamente estaba en la misma que yo. Pero es eso, ¿no? Siempre aparece alguien que te impulsa. Eso lo tomé siempre como un mensaje, siempre hay alguien que negativamente o positivamente te envía un mensaje para confirmarte que estás en el camino correcto. Por eso, lo que me pasó en ese salón, el día que leí, que se quedara todo el mundo en silencio, me dijo muchísimo más que la nota del profesor. Que se quedara todo el mundo sorprendido escuchando y luego, que viniera mi amigo y me dijera que tenía que publicar lo que escribía, todo eso lo tomé como mensajes que te van llegando.

Siempre aparece alguien que te impulsa. Eso lo tomé siempre como un mensaje, siempre hay alguien que negativamente o positivamente te envía un mensaje para confirmarte que estás en el camino correcto.

Finalmente ¿publicaste algo?

Publiqué sí, más de grande. Acá pude publicar, y también publiqué cuando me fui a vivir en Bahía en los 90’. En realidad, lo publiqué yo, súper artesanal, con un amigo. Fue esa época difícil. El libro era con tapa de cartón (sonríe). En esa época, no me daba cuenta. Pero ahora, viéndolo, me resulta muy significativo porque fue la época de Menem, de De La Rua. Bueno, ese libro fue el primer libro que publiqué, se llamó “Lámpara Otorgada”, era un libro de poesía. Entre los 90’ y el 2000.

Se me ocurre preguntarte: Para un escritor, desde esa época hasta ahora, ¿Sentís que algo cambió respecto a la posibilidad de publicar?

No, para nada. Acá en Río Colorado, todo el mundo que publica, lo hace con su plata. Publica el que tiene plata para pagarlo. Además, son reconocidos como escritores cierta gente que tiene cierta reputación, como puede ser un profesor. Pero a alguien como yo, nos cuesta mucho que nos reconozcan, seguimos con una mentalidad muy cerrada. Eso es porque estás en un lugar pequeño. A mi amigo de Bahía, hay editoriales que lo publican. Pero él, vive en una ciudad más grande, acá es distinto. Tampoco se han generado formas de publicar que no sea vos pagando tu propio libro. Es un modo de comprar tu propia mentira, lo escribo, lo pago, lo distribuyo, sos vos mismo haciendo todo. No hay una editorial que lo lee y dice: «esto es interesante, vale la pena publicarlo».

¿Vos pensás que existe un arte de los márgenes, que están fuera del sistema? Por ejemplo, en estos casos, un escritor tiene que pagar su propio libro y venderlo. Un músico tiene que pagar su propio disco y venderlo. Un teatrero tiene que pagar sus propias producciones. Porque no tienen cómo hacerlo de otra manera.

No, creo que hay mentalidades que se nuclean. Que dicen: «esto se hace así, y todo lo que no entre en ese formato está afuera».

No sé si hay un arte marginal, lo que se margina es a las personas y no necesariamente haciendo arte. Hoy, si no logró conseguir unas 60 lucas que me permitan publicar mi libro, quedo fuera. Hay una marginación económica. Después, arte hacen de distintas maneras, personas con poder económico y personas que no lo tienen. Pero lo que se margina, es a las personas.

Obviamente si una de esas personas, está construyendo un contenido artístico cultural, su arte pasa a ser marginal. Que se pueda hacer del teatro un oficio, en lugares tan chicos, que alguien pueda vivir de hacer teatro es difícil. Si uno quiere vivir del teatro o vivir de los libros, la sociedad te ofrece ciertas cosas y otras no. Creo que hay un sistema que margina a la gente, que no es absolutamente democrático, no están todas las opciones y obviamente a lo artístico se lo deja más relegado que a otras cosas.

Después no sé cómo, si es que el estado tiene que estar más presente o si hay que hacer entender a la gente que el teatro o cualquier arte es un oficio y tiene que ser pago como cualquier otro laburo. Esto pasa en todos lados incluso en Capital Federal, sólo algunos viven cien por cien del arte.

Incluso, les pasa hasta los que laburan en Teatro Comercial, que es un gran monstruo fagocitador: de pronto, estás arriba, y de pronto, te bajan de un plumazo. Por lo general, suelen trabajar los actores de televisión e incluso algunos ni siquiera son actores. Eso es el mercado, compra sólo lo que sirve. Después en lo que respecta al Estado, para mí las tres instancias estatales deberían trabajar mancomunadamente Nación, Provincia y Municipio. Esos son los que tienen que trabajar para fomentar las artes.

Sí, volviendo un poco a la pregunta que me hiciste antes, yo no sé si hay un arte marginal. Creo que, al arte, se lo margina en sí.

Pienso en grandes escritores, como Cortázar o Borges. No vivían de escribir libros, hasta que fueron reconocidos tuvieron que laburar de otra cosa: Cortázar era maestro. Escribía en diarios y revistas. Borges, pasó hambre toda su vida. Salvo alguno que viniera de una familia acomodada, el resto era así, pelearla. Pasa que cuando vos creas algo, eso que creas es nuevo y hasta que se impone, a vos se te fue la vida… “La vida es muy corta y el arte es muy largo” dijo Baudelaire (se ríe). Entonces los grandes escritores o poetas consagrados hoy, se cagaron de hambre en su momento, no ganaban un mango con su arte, igual que los pintores. Ahora, el teatro tiene otra movida, ya hay un espacio fijo donde uno puede construir diariamente y además es aceptado por la sociedad, puede generar un ingreso. Me parece que tiene otro… Podés hacer cosas variadas, algo muy artístico, podés hacer obras para niños y niñas, le podés buscar la vuelta. El tema es, que en nuestro país hay mucha gente haciendo teatro, ese el tema.

Hay mucha gente haciendo arte en general

Sí, está todo el mundo escapando. Ese es el tema, pero creo que el arte en sí, es marginal. Desde chicos, nos están enseñando que eso en la sociedad no tiene sentido, no vale la pena. Creo que ahí es donde perdemos el rumbo. Porque el ser humano es esencialmente arte. Si te ponés a pensar en nuestros principios, nosotros somos seres creativos. El hombre primitivo ya se expresó pintando. Está bien, pintaba en las cavernas lo que iba a cazar para comer, pero eso era arte. Al igual que las danzas rituales, que tenían que ver con su religión, que les servían para explicarse el mundo, para ahuyentar sus miedos, dominar sus miedos ante las fuerzas de la naturaleza. Entonces, te das cuenta que somos esencialmente arte y sin embargo hay un sistema que lo ha llevado a otra cosa. Ahí, es donde creo que la humanidad ha perdido un poco el rumbo, fue por el camino equivocado tal vez, dejando de lado la esencia del ser humano, del ser creador, del ser artista que es lo que todos somos.

La humanidad ha sido formateada desde la Revolución Industrial en adelante. Entonces, a mucha gente le cuesta creer que a nosotros nos moldean los gustos, el consumo y que se ha transformado al arte mismo en un producto. No es una obra de arte es un producto. Cuando eso sucede, ya empieza a tener un valor monetario y de consumo.

Claro y tiene que entrar en ciertos códigos y cánones, lo que se sale de ahí ya no… por ejemplo, acá lo que escribo sé que mucha gente lo va a leer y le gustará. Pero algunos, me dicen que escriba historias del lugar, pero no sé si igualmente la gente lo leerá.

Sólo quieren sentirse reflejados en una historia. En realidad, la lectura es una disciplina, no sé si a la gente le enseñan a leer o tienen la costumbre de hacerlo. Incluso a uno le pasa que pasas una temporada sin leer y hay lecturas que te cuestan retomar.

Es complejo. La gente llega de laburar todo el día, cansada, se tira en la casa a mirar tele, que es la droga que tiene más a mano para evadirse. La lectura cuesta, requiere un tiempo. A mí me pasa, de retomar un libro que no entendía, y releerlo y buscar el por qué no lo había entendido, quizás porque había una información que no conocía, empiezo a investigar por otro lado. Todo eso lleva tiempo. Yo no sé si la gente tiene la posibilidad de tomarse ese tiempo en este sistema. Este es un sistema en el que la gente necesita levantarse temprano y salir a laburar para ganar el mango, es lo que vive la gente. Entonces, sí, claro, es difícil para el arte desarrollarse en un contexto así. No es que haya un arte marginal, sino que el arte ya es marginal en sí, queda siempre afuera.

No es que haya un arte marginal, sino que el arte ya es marginal en sí, queda siempre afuera.

Tenía un maestro que siempre nos decía: «el arte debe ser marginal, debe ser contestatario y debe ser transformador, si no, no es arte»

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Sí, eso es cierto. Porque si no se trasgrede, si no hay una respuesta a algo que estás viendo que no te gusta, queda en algo vacío. En escribir algo para agradar simplemente.

Claro, una cosa es un buen libro y otra cosa es un Best Seller, decía un amigo…

El tema también es, ver quien está dispuesto a escuchar ciertas verdades. Realmente cuando el arte es contestatario, hay una verdad que se está poniendo sobre la mesa, y no todo el mundo está dispuesto a escucharla. Cómo lográs que eso, la gente pueda hacerlo suyo y además,  construya, cómo lográs que la gente se apropie de eso, se acerque a eso. Es muy difícil.

¿Crees que un artista tiene que pensar en su público antes de hacer una obra de arte?

No, no. Creo que cada cosa que uno hace, cada obra, luego encuentra su público. Por lo menos, en mi caso, cuando estoy por hacer una obra de teatro o escribiendo un libro, estoy pensando en la temática, en lo que quiero decir.

O sea, te movés por lo que sentís

Claro, por lo que quiero o necesito expresar en ese momento. Ahora, estoy armando un libro de poemas, que se va a titular “Destierro” y bueno estoy pensando en eso, en los distintos destierros (se ríe). Quiero decir, no estoy pensando en quién lo va a leer, pueden ser muchos o puede ser nadie. Pero lo que estoy pensando, es en la temática, en lo que quiero expresar. Si hago una obra de teatro también me pasa lo mismo. Aunque es distinto porque participa más gente, hay que hacer consensos, ya deja de ser una decisión de uno solo. O sea… son distintas dinámicas…

El pensamiento grupal, está constituido por muchos pensamientos individuales, siempre es necesario el consenso.

Sí pasa. Pasa muchas veces, que terminas haciendo una obra que, individualmente, no hubieras querido, pero la haces porque llegaron a un consenso grupal. En esos contextos, imagínate con todo lo que hay que ponerse de acuerdo… Menos aún estás pensando en el público.

¿Cuáles son las dos diferencias más sustanciales que encontrás entre tus dos oficios, el de teatrero y el de escritor?

Y el oficio de escritor es más solitario digamos. Uno toma sus propias decisiones y además, lo puedo hacer en mi casa. En cambio, en el oficio de teatrero hay una dinámica de grupo, tenés que tener un espacio físico para desarrollarlo, trabajas con otra gente con la que tenés que ponerte de acuerdo. En lo estético bueno, para mí el teatro es otra forma de expresión. La literatura son palabras y el teatro es cuerpo. La literatura es más mente y el teatro es más físico. Empecé a hacer teatro por eso, porque era otro modo de expresión, de expresar con el cuerpo, que es totalmente distinto. Cuando uno actúa, ahí no hay mente, hay un cuerpo en acción.

La literatura son palabras y el teatro es cuerpo. La literatura es más mente y el teatro es más físico.

¿Cómo ves la escritura y el teatro en Río Colorado, Valle Medio y Río Negro?

Ahora, como no estoy en ninguno de los dos grupos que están formados hace años, particularmente me está costando armar algo mío. Volvemos un poco a lo que hablaba antes, esta cosa instalada que hay dos grupos y no puede existir otra cosa, esto de romper los esquemas, de que aparezca algo nuevo y logre instalarse, todo lleva tiempo y rechazos. Me parece que tiene que ver con el poco tiempo que se le puede dedicar a la actividad. Me refiero a que todo el mundo tiene otros trabajos, ensayas cuando podés, hacés teatro como podés. Entonces esa falta de continuidad te aplana un poco. Bueno, un poco lo hemos hablado con vos, hay que buscar la forma de hacer el engranaje para que la continuidad exista. Porque si no es difícil eso de hacer una obra hoy y después estar mucho tiempo sin hacer nada. Eso en el teatro es mortal, en el teatro tenés que estar todos los días, sobre todo para la actuación. Capaz hay zonas con más continuidad, por ejemplo, en El Bolsón, eso se nota en sus producciones, cuando lo ves notás ese trabajo. No sé cómo será después de la pandemia, no sé cómo volverá el teatro. Es todo un desafío.

En el caso de la escritura ¿qué pasa con el FER?

A mí nunca me resultó nada eso, la verdad siempre fueron promesas. Es algo que está ahí, pero a mí nunca me sirvió para nada sinceramente. Entonces te preguntás para qué está, cómo es la historia. Porque uno sabe que está el FER, que tenés una posibilidad, pero en realidad publican muy poco. Nunca nadie me publicó nada, no hubo ninguna tentativa de alguna vez enviar algo, que, aunque no lo publicaran en seguida saber que en algún momento lo podrían hacer.

Hace unos años el Fondo Editorial, lanzó una convocatoria para cubrir los integrantes del consejo editorial, que está integrado por representantes de las distintas regiones de la provincia. En la única región que no hay representante es el Valle Medio. ¿Por qué pensás que sucede eso?

No sabría decirte por qué la verdad. Nadie querrá meterse en eso

Porque Río Colorado es parte del Valle Medio

Sí, la verdad me sorprende lo que me decís y no lo sabía, no entiendo por qué sucede.

Me llegó un comunicado del Fondo, que decía eso, que no se había presentado nadie.

A nadie le interesa quizás

La mayoría de los escritores, salvo excepciones, publican solos.

Sí, claro eso lo veo acá. Además de publicar solos, no tienen ninguna comunión con nada. A mí me pasó que en el 2012 habían hecho una feria, cultura había invitado a escritores a hacer un stand con sus libros. Convocaron gente que tenían un grupo de escritura, esa gente me llamó a mí, les dije que sí. Así que fuimos, armamos stand, en ese momento no tenía libro propio, pero me parecía una linda propuesta, solo fui a colaborar. El resto de los escritores mandaron sus libros, pero no fueron a la feria, no participaron. La gente te preguntaba de qué trataban los libros, y al no estar el escritor, se genera algo muy cerrado. Es mandar un libro, lo dejás ahí, onda mi libro es una genialidad y post mortem voy a estar reconocido eternamente. No hay posibilidad de intercambio, para mí, eso no sirve. La movida era para que los escritores se acerquen a la gente, que sepan quienes somos, cuántos somos.

Falta reunirse, juntarse, construir lo colectivo. Y si vamos a algo más individual, o íntimo, Fabián ¿vos por qué escribís?

Emm… no sé por qué escribo. Lo hago desde muy chico, es algo que me surgió. Creo que escribo porque leo, es una combinación. De leer literatura, consumir eso y después la necesidad de expresarlo. A la vez de alguna manera, tengo desde chico una mente creativa. Entonces es como un combo, una mente creativa que se encontró con la lectura. En algún momento eso inconscientemente te lleva a escribir.

Estás por publicar un libro, ¿no?

Publiqué uno el año pasado, que se llama Ropa Vieja. Lo había hecho digital y ahora lo voy a hacer en papel. Era un compendio de todos mis escritos, también les puse dibujos que me hicieron a raíz del libro. Pero sí, ahora estoy por publicar uno de poema que se titula Destierro.

Hablando en serio, si alguien quisiera leer algo tuyo, ¿Dónde se puede conseguir? ¿Cómo hace un lector?

Es un tema, cómo hacer la difusión. Si alguien quisiera conseguir algo mío tiene que contactarse conmigo por Facebook o al teléfono.

Y ese libro que decías que era digital ¿cómo lo consigo?

Por email, vos lo solicitas y te lo mando. Pero bueno, ves, es importante lo que preguntás, cómo hacemos nosotros para difundir nuestras obras. Es así el contacto directo.

Y pasando a tu otra faceta ¿Cómo va el teatro?

¿Mío? Y…ahora estoy queriendo volver con una obra que hice hace unos años con un tal Pablo Otazu (nos reímos). Y después estoy con ganas de actuar, pero no sé…

Contemosle a la gente de qué se trataba esa obra

La obra está inspirada sobre el hecho de Carlos Fuentealba, que fue asesinado en una protesta docente en la provincia de Neuquén. No cuenta específicamente eso, pero está inspirada en ese hecho. Es una obra unipersonal, actúo yo solo, dirigida por Pablo Otazu, la hicimos tres años atrás más o menos

Hay que seguir haciéndola

Tiene textos de autores conocidos, después algunos míos y tuyos. Fue armada por nosotros, experiencia nuestra y producción nuestra. Veremos si podemos empezar a ensayarla de nuevo.

Tuvimos algunos problemitas de salud en el medio y eso nos tiró para abajo, pero bueno ya volveremos

Fabián hemos charlado de tu vida, de tus profesiones, ojalá sigas con el mismo entusiasmo que hasta ahora.

Te voy a hacer la última pregunta con la que suelo cerrar. Vos hoy estás en este punto de llegada, aunque el camino siga, mirás hacia atrás y ves todo ese camino. En la punta, hay un niño chiquito que sos vos mismo ¿qué le dirías a ese niño?

¡Mirá qué casualidad! El otro día estaba mirando unas fotos viejas de cuando era chico, de mi familia. Me encontré con una foto de cuando tendría unos 8 años. Entonces me surgió la pregunta ¿qué hice con este niño triste? Porque era un niño triste yo, lo veía en esa foto. ¿Qué le voy a decir yo ahora, a ese niño triste?. Lo miraba y me daba mucha ternura (sonríe) entonces lo único que me salió decirle es que lo amo profundamente, que lo que necesite estoy, eso es lo único que pude decirle. Le diría: ¡Sos mi niño triste preferido! (se ríe). Pero mirá qué coincidencia me hacés esta pregunta, y una semana atrás me sucedió eso que te cuento. Veía también las fotos de mi hermana, fue una foto, pero quizás estábamos pasando un momento complejo en la familia, en la foto estábamos tristones todos. Me la encontré a esa foto, nunca me había puesto a verme así de niño. Entonces esa acción de ver la foto, me trajo a reconocerme en ese niño, igual sigo siendo un niño triste. Tal vez el darme cuenta, haga que intente transformar esa tristeza.

Capaz encontraste el arte por eso

Sí, tal vez fue por eso, creo que sí. Capaz eso que dije ahora, era lo que ese niño triste estaba buscando que se lo dijeran. Entonces que se lo diga yo ahora, que intente transformar ahora que encontré a ese niño, de uno triste a uno alegre.

Que intente transformar ahora que encontré a ese niño, de uno triste a uno alegre

¿Ese niño que te diría a vos?

Creo que no me diría nada, se sonreiría y entendería que encontró un compañero en la vida. Porque eso es lo lindo encontrar un compañero o compañera, alguien que vaya en la vida con vos, compartir la visión de la vida. No todo el mundo está en el mismo mambo, pero siempre hay alguien que sí, que está en el mambo tuyo. Creo que se sentiría acompañado y sentiría que por fin nos reencontramos, que era necesario. Lo que me pasó a mí, creo que le pasa a mucha gente, que en algún momento miras hacia atrás y te encontras. Como vos me preguntabas, llegué hasta acá y tengo que mirar hacia atrás. Tengo que ver quién fui allá, quién fue ese niño, cómo llegue hacia acá. Es la forma de seguir lo que me queda.

Te hago un bonus track. Si viene un pibe jovencito que está dudoso de empezar a escribir o hacer teatro ¿qué le dirías?

En realidad, yo también dude muchas veces de seguir haciendo o no, cuando la sociedad no me aceptaba, era más chocar contra la pared. En realidad, la respuesta la encontré en un libro y leyendo la biblia, eso que no soy creyente en lo absoluto. Pero en una parte, decía algo así como que no hay que desperdiciar el talento. Entonces si uno tiene un talento, no importa si te reconocen o no, porque uno tiene que desarrollar lo que es tu esencia. Si tu talento es el teatro o escribir, y eso es lo que sos, hay que hacerlo, aunque la sociedad no lo apruebe. Porque si no lo hacés, al final del camino, la frustración va a ser muy grande.

Hoy puedo decir, he pasado cosas buenas y malas como todo el mundo, pero con la certeza que lo mío lo he hecho, yo luché por eso. Eso es lo importante, eso te da tranquilidad. Entonces, le diría hacelo si tenés ganas de hacerlo, si sentís que es lo tuyo, que es tu talento, hacelo y punto. En esta vida tenes que ser vos, sentirte bien vos. Después si tenes que amoldarte a ciertas cosas sociales para poder hacer lo tuyo, hacelo, pero no dejes nunca de hacer lo que vos quieras sea música, teatro, literatura, hacelo.

Si uno tiene un talento, no importa si te reconocen o no, porque uno tiene que desarrollar lo que es tu esencia

Bueno Fabián hemos llegado al fin de esta nota, ya nos encontraremos y seremos felices

Sí, seremos felices… yo cada vez me levanto más tranquilo. Esto me hace crecer: todo lo tomo como un crecimiento. Eso también es ser feliz, saber que uno puede crecer todos los días, de eso se trata vivir.

Todo lo tomo como un crecimiento. Eso también es ser feliz, saber que uno puede crecer todos los días, de eso se trata vivir.

Pensaba después de cortar con Fabián, que este espacio me permite encontrar en las historias al ser humano, en este caso encuentro una persona que ha sentido ser invisible, que según sus propias palabras “no me veian”, y eso es duro para un adolescente. Son heridas difícil de sanar, pero sobre todo son marcas. La realidad fragmentada, el recorte que cada quien hace de la realidad, por eso existen muchas verdades, sobre todo si estas se construyen desde la percepción individual.

También esta historia demuestra que el arte no solo puede ser sanador, sino que a veces te salva.

Escribir, hacer teatro tampoco es fácil en nuestros lugares, pero hay que intentarlo, hay que porfiar, como decía Arlt es prepotencia de trabajo. 

Transcripción: Agustina Otazu


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