Historias de La Julia: A Choele Choel de compras

Por Ricardo E. Garbers.

Mi abuelo sabía lo que nos gustaba acompañarlo a hacer todos los trámites y compras que un establecimiento agropecuario requiere del poblado cabecera de la región. Y como sabia que nos gustaba siempre había uno o dos nietos que lo acompañaban. Eran los elegidos del día.

Se partía desde la estancia bien temprano, con la fresca. El camino era de ripio hasta Choele mismo.

Ya adolescentes nos ponían al volante de la camioneta y debíamos demostrar todo lo aprendido en los caminos internos de la estancia o manejando tractores. En una época Blanca era la chofer oficial de mi abuelo, su manejo era impecable.

Arribábamos antes del horario comercial por lo que con frecuencia nos tocaba esperar un rato en algún lugar que los negocios abrieran.

Tintorería, ferretería, ramos generales, panadería, farmacia, repuestos, electricidad, banco, correo y sin olvidar el tan esperado kiosco donde elegíamos revistas para nosotros y para las mujeres que quedaron en la estancia.

Se dejaba para lo último a la panadería La Industrial, donde Chiquita Monteoliva siempre nos atendía con suma amabilidad. Ahí nos aprovisionábamos de galleta de campo para todos en la estancia, incluidos el personal, los chacareros y los puesteros.

Para eso usábamos lienzos de arpillera de los que se usan para la lana esquilada a los que se les cosían en los bordes de manera que quedaban como una gran bolsa donde cabían varios kilos de galleta en cada uno.

Seguí leyendo:   Massa confirmó que la jubilación mínima pasará a $50.353

Había que ser eficiente por la sencilla razón que había que hacer todo antes del mediodía.

Se iba de un lugar al otro sin respiro ya que antes de las 11,30 a 12,00 horas había que finalizar la recorrida cargando combustible en el ACA de la rotonda, donde Don Emilio nos invitaba con una clásica agua tónica bien fría en la confitería, antes de partir de regreso.

La costumbre era llegar a almorzar a la estancia donde se sabía que llegarían los que habían ido al pueblo entre las 12,30 y la 1,00 de la tarde. Era el único día en que no se almorzaba a las 12 en punto.

Cuando se sentía entrar la camioneta en el guardaganado de la entrada, la gente de la casa salía a esperar a los que venían del pueblo para ayudar a bajar todo lo comprado para luego sentarnos a almorzar.

Siempre se llegaba cansado del ajetreo y alegre de haber participado con mi abuelo de un día de compras en Choele.

Ricardo E. Garbers

Febrero 2022

X