Historias de La Julia: Día de reyes

Por: Ricardo E. Garbers

Recuerdo que el Día de Reyes en el campo de mi abuelo, en Pomona, en la inmensidad patagónica, era una alegría levantarse temprano para ver que había al lado del par de zapatos dejado la noche anterior en espera del paso de los Reyes.

Cada uno iba a descubrir con ansias lo que habían dejado los Reyes, pero tenía especial comicidad cuando algún “niño” había llegado a los 15 años y entonces recibía un presente que significaba que era el último que recibiría, pero para recibirlo debía dejar indefectiblemente los zapatos al lado de la puerta de su dormitorio igual que todos los demás niños.

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Todos íbamos a ver rápidamente nuestros regalos, pero nadie quería perderse cuando el “niño de 15 años” abriera su regalo que estaba esperándolo en la puerta de su dormitorio, así que todos íbamos corriendo a rodearlo y riendo por anticipado a que abra el regalo frente todos.

El “niño de 15” abría el regalo y todos veíamos como aparecía finalmente una sencilla y rústica bosta de vaca seca, riendo y festejando el regalo-mensaje que habían dejado los Reyes Magos.

Los Reyes habían dicho Basta.

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