La búsqueda de la felicidad en tiempos de cuarentena

Ya en la antigüedad, la felicidad fue pensada como el fin último de la existencia humana. Hoy, el aislamiento interpela esta idea como nunca antes: felicidad y libertad quedan enlazadas con fuerza y en muchos casos, nos obligan a revisar sentidos y propósitos.

Muchas cosas hemos leído sobre esta pandemia. Algunas serias y fundadas, otras inquietantes y disparatadas: que es la primera en la historia de la humanidad, que no es siquiera una epidemia sino un brote, que fue intencional y que fue accidental, que es un invento de los laboratorios, o de los políticos o de una potencia extranjera, que amenaza el sistema de salud más que a la salud misma, que es una oportunidad de mostrar nuestro compromiso comunitario, que las medidas adoptadas discurren sobre una delgada línea entre garantizar el bien y el sacrificio de innumerables intereses particulares igualmente legítimos.

Ya en la antigüedad, la felicidad fue pensada como el fin último de la existencia humana. Hoy, el aislamiento interpela esta idea como nunca antes

Lo cierto es que este escenario inesperado ralentizó muchos procesos sociales, a la vez que precipitó otros que, sin una necesidad que los catalice, transcurrían lentos su camino natural. La nueva realidad, sin dudas, fue un disparador que generó nuevas realidades individuales y colectivas pero, fundamentalmente, puso a prueba muchos aspectos de nuestra cotidianeidad. La personalidad, la templanza, la capacidad de adaptación, la espontaneidad, los vínculos y casi todos los aspectos que, en la normalidad representaban la red de contención sobre la que apoyábamos nuestro día a día fueron corridos del equilibrio (precario o no) que solía darnos seguridad.

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En cualquier caso, es claro que representa un desafío inédito. Y que lo hace también en un orden de búsquedas personales que nos impone a preguntarnos ¿Dónde buscar la felicidad cuando no se puede salir a buscarla?

Quienes ya habían encontrado ese camino, esperan con ansias la oportunidad de retomarlo, algunos incluso han encontrado modos creativos de conservarlo en la virtualidad, a pesar de las distancias. Pero hay otros –muchos otros quizás- que tal vez por primera vez se ven forzados a detenerse y revisar los sentidos de aquello que llenaba sus vidas y ocupaba su tiempo. El encierro no implica sólo añorar la felicidad, sino cuestionar su existencia misma: descubrir si efectivamente éramos felices y si podemos todavía serlo en estas circunstancias, o en toda circunstancia.

“He sospechado alguna vez que la única cosa sin misterio es la felicidad, porque se justifica por sí sola”. Jorge Luis Borges

Siglos de historia, grandes pensadores y poetas han peleado esta pelea antes que nosotros. Las grandes preguntas de la humanidad son también las dudas cotidianas del hombre. Y que no haya una respuesta segura no significa que no valga la pena el intento de buscarla, incluso en la pandemia o -quizás- a propósito de ella.

7 en Punto – Diario Digital

 


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