La memoria del teatro vallemediense en la piel y el corazón de Hugo Cognigni 

Por Pablo Otazú.

«A orillas de otro mar, otro alfarero se retira en sus años tardíos.

Se le nublan los ojos, las manos le tiemblan, ha llegado la hora del adiós. Entonces ocurre la ceremonia de la iniciación: el alfarero viejo ofrece al alfarero joven su pieza mejor. Así manda la tradición, entre los indios del noroeste de América: el artista que se va entrega su obra maestra al artista que se inicia.

Y el alfarero joven no guarda esa vasija perfecta para contemplarla y admirarla, sino que la estrella contra el suelo, la rompe en mil pedacitos, recoge los pedacitos y los incorpora a su arcilla” Eduardo Galeano.

 En estas palabras Galeano sintetiza la tradición de los pueblos originarios, la construcción de la memoria a partir de la tradición oral y en este caso rescatarla a través del relato y la construcción escrita.

Hugo no solo es mi compañero de teatro, fue y es una de las personas con la que caminamos juntos en esta aventura del Grupo de Teatro Libres. Junto a él hemos realizado el sueño casi imposible de “tener el teatro propio” para nosotros y para nuestro pueblo. Allí soñamos historias, las construimos y las actuamos, por allí han pasado muchísimas personas y muchísimos personajes. Ese es uno de sus legados.

Con él aprendí, caminando y haciendo. Esta es una charla de pueblo, de una mateada, de un asado, en un taller, en una carpintería o donde se dé, hasta en la plaza del pueblo. Nuestras distancias y nuestros tiempos son sin tiempos, sin distancia, sin apuro.

Hugo Cognigni un «actorazo».

 Hugo, ¿Qué es el Arte para vos?

Bueno, el término es muy amplio. A mí me gusta escribir, pero también me gusta actuar y eso es desde que tengo uso de razón. Lo que no sé es explicarte porque nace. Creo que mucho tiene que ver mi familia, mis hermanas, mi madre. Siempre relacioné el teatro con la vida, y entonces observando a mi madre me doy cuenta que ella era muy teatral, muy histriónica, cada cosa que ella hacía era teatral. Su forma de comunicarse, su forma de hablar y moverse provocaba una atención particular. Mis hermanas eran igual, entonces vengo de ahí, desde ese lugar.

En mi caso particular, era todo lo contrario a mis hermanas. En mis primeros años, era muy introvertido, muy para adentro. Creo que fue un proceso de contagio.

Mi vida fue signada por el pupilaje en colegios religiosos, entonces fui al Colegio Salesiano de Stefenelli, allí me encontré con un cura que luego anduvo por estos pagos, el padre Kloverstan, y me dijo Huguito vamos a hacer una obra de teatro. ¡No! Padre, ¡nooo!, le dije. Vos calculá, a mí me nombraban y ya me ponía colorado.

Pero vamos a hacer el esfuerzo Hugo vas a poder, me dice, e inmediatamente me dice que es una Zarzuela, El Gallo de Oro, se llamaba.

¿Y no te acordás de quien era la obra?

No, nunca supe de quien era.

-Inferimos que debe haber sido la obra El gallo de oro, de Nikolái Rimski-Kórsakov, aunque también puede haber sido una obra de teatro popular que en Latinoamérica se da mucho

El cura hacía las adaptaciones, escribía muy bien y me convenció. Hice el papel de mozo, y fue muy lindo, muy impactante para mí. Esa fue la primera obra, la primera vez que subía a un escenario.

«Siempre relacioné el teatro con la vida, y entonces observando a mi madre me doy cuenta que ella era muy teatral, muy histriónica, cada cosa que ella hacía era teatral»

¡Y te gustó!

Si claro, desde ahí no paré más. Cuando vos me preguntas que es el arte, enfoco directamente con la actividad teatral, me gusta mucho escribir, pero soy un desastre con el orden, pierdo las hojas, las dejo por todos lados y eso ya no lo cambio. El teatro me obliga a poner el cuerpo y eso no lo pierdo (se sonríe) y entonces en el Arte elijo eso, el teatro. Hoy no me atrevo a hacer algunas cosas por el físico porque por ahí la mente te da, pero el físico no.

Si hay algo para hacer, estoy dispuesto, porque creo además que a esta altura uno vive un poco de recuerdos a esta altura del partido, de añorar lo que hizo. Que también sirve mucho y que tiene que ver con la pregunta que me hiciste porque yo digo que todo el mundo está haciendo teatro en la vida, es una gran puesta en escena. Mi mamá –creo- hizo teatro vivencial cotidiano y yo también, y creo que todos.

¿A qué edad volviste a Beltrán?

Tenía 19 años cuando termino el secundario. Siempre estuve en colegios de curas pupilo. Pero pupilo con mayúscula porque ni siquiera venía de vacaciones, iba a ejercicios espirituales. Qué se yo, contagiado por el ambiente había elegido como futuro ser sacerdote, entonces me fui a Fortín Mercedes. Ahí también siempre hice teatro. Me acuerdo que íbamos a dar las obras a La Piedad de Bahía Blanca o al Don Bosco, en el San Miguel de Stefenelli o El Domingo Savio de Roca.

Un día, estando en Fortín estaba haciendo cuarto año, y por una cuestión muy simpática que no te puedo contar, doblé el colchón y me fui. Me vine para Beltrán. En ese tiempo paraba el tren en Choele, Tito Giretti era el único taxista de Beltrán, tenía un jeep (se ríe), cargué el colchón, las pilchas y llegué a mi casa. Mi mamá se enteró cuando llegué, no sabía que venía, se enteró en ese momento. Sorprendida me dice, ¿Qué haces acá? Y le respondo, vine a terminar el secundario acá.

Cuando termino quinto año, me fui a estudiar a Comodoro Rivadavia, nos fuimos un montón de compañeros, además porque era una Universidad Católica.

Allí, en Comodoro, estuve 7 años, viviendo en las gamelas de Y,P,F, hermoso etapa. Las gamelas eran de chapa y adentro de cartón, y allí estuvimos todos juntos. Allí hice teatro con Laura Bove, su hermano Gustavo Bove Bonet. También participamos en la película “Allá donde el viento brama” -es una película de Argentina filmada en colores dirigida por Ralph Pappier que se filmó en 1963 y que tuvo como protagonistas a Fanny Navarro, John Loder, Guillermo Bredeston y Alfredo Almanza. Tuvo como título alternativo el de Donde el viento brama (La conquista del sur). Fue la última película de John Loder.

Si ríe mucho- La película se llamaba así, pero estuvo como dos meses sin viento, tuvieron que traer unos ventiladores inmensos y cuando llegaron me convocaron porque yo estaba haciendo teatro independiente con algunos grupos de allá. Teníamos algunas escenas cerca del mar, hacíamos de aguateros. En fin, papelitos cortos pero que a nosotros nos servían. Fue una época maravillosa, hicimos también el Juan Moreira y un montón de obras más, con Gustavo Bove hicimos algunas obras.

¿Y te acordás los nombres de las obras?

No la verdad que no, pero las tengo anotadas. Anda a saber por dónde están, las tendría que buscar. Fue una buena época, allá estudiaba y trabajaba. Era personal civil de Aeronáutica, trabajaba en el Servicio Meteorológico. Bueno allá estuve siete años y volví de Comodoro en el año 71 o 70, no me acuerdo bien, pero fue en esa época. Y acá me dedique a la empresa del entretenimiento, puse el primer Boliche “Ojos”.

Claro la salida era, temprano ir a la confitería del “negro Benítez”, sería la previa de ahora, luego ir al cine del club, otra pasadita por lo del “negro” y después a “Ojos”. Se llenaba.

Bueno, al lado del boliche había una gomería, el dueño era Reverte, un apasionado del teatro. Yo iba a tomar mate con él porque iba a limpiar el boliche y siempre hablaba del teatro. Yo busqué para ver si había alguien o algún grupo que estuviera haciendo teatro, pero no, no había nadie. Buscando cosas encontré un programa que decía “Candilejas presenta la obra tres maridos, mucho amor y nada más”, el director era Lube, un cantor de tangos que trabajaba en Agua y Energía Eléctrica

¿Y eso de que época era?

´71, no estaba candilejas, ese era el año que encontré el programa. Hacia 45 años que se había estrenado la obra y después no se hizo más teatro en Beltrán. No fue la primera si no que esa fue la última que se hizo. Bueno, la única obra que yo encontré para verificar que se hizo teatro. Se estrenó en lo que fue el Club el Progreso, que estaba enfrente de donde está el cuartel de bomberos hoy.

Yo era fanático de Luis Sandrini, Tita Merello, Ibáñez Menta, por eso digo siempre que “actor se nace, no se hace” y no me van a cambiar mi mirada.

¿Y esa que vos siempre me contas que actuabas con Verón y otros más vecinos de Beltrán?

Eso fue cuando yo estaba en cuarto año

Entonces hicieron, hubo un interludio, ¡pero se hizo!

Bueno, pero si esa era nuestra, pero te cuento como fue. Resulta que en Beltrán había un bar se llamaba Plaza, El dueño era Apcarian, y nosotros íbamos un grupo. Con Vargas, una de las chicas Benítez, jugábamos a la generala y tomábamos submarino. Nos pusimos a improvisar y Apcarian nos dice, che podríamos hacer una obra de teatro, bueno dale, dijimos. Apcarian no sabía nada de teatro pero le ponía corazón. Trajo el libreto, “Se casa el vasco Chaparra” de Carlos Goicochea y Rogelio Cordone, una comedia cómica costumbrista. Necesitábamos más gente así que yo le dije que el petiso Verón tenía que estar porque junto con Vargas también formábamos la orquesta Ritmo Juvenil. Así que comenzamos los ensayos y después la estrenamos en el “Horizonte”, lugar mítico de Beltrán.

Con el tiempo aparece “Momos” un grupo que dirigía la profesora Elsa Escudero, en el año ´74 se hizo la obra de Juan Carlos Gene “El herrero y el diablo”, una obra de teatro popular, el club estaba lleno. Y la obra convocó a muchísimos vecinos, porque tenía muchos personajes, muy bonito.

Ese grupo después también hizo otras obras como “Los prójimos” de Carlos Gorostiza, obra que también se estrenó en el club dirigida por Elsa Escudero, actuaban Giovanni Viale, Nilda Marconi, Susana Bigliardi y Héctor Cotanzo.

A esta altura pienso en la importancia de tener a alguien como Hugo que sería como la memoria viva del teatro en nuestra localidad. Todo lo que tiene registro, documentación se puede recomponer, se puede hilar, pero lo anecdotario es sumamente necesario y eso solo te lo pueden dar los protagonistas y además si son buenos narradores como “el loco” mejor.

¿Y después viene el Grupo Libres?

No, todavía no. Aun seguíamos las charlas interminables con Pepe Reverte que seguía insistiendo que quería hacer Los Mirasoles, pero no conseguía el libreto. Mientras tanto comenzamos a ensayar otra obra que se llamaba “El pasado de Elisa” obra donde trabajo la recordada y querida Analía Palomo, Pepe y yo. Estrenamos en la escuela 101, fue hermoso porque era un público que no estaba muy acostumbrado al teatro.

Mientras esto pasaba, Pepe seguía buscando el libreto hasta que lo encontró. Cuando lo leí me di cuenta que había muchos personajes, había que conseguir más gente y entonces llamamos a una reunión que se hizo en casa de Reverte, fue mucha gente. Y ese fue el momento que se creó el grupo LIBRES, nombre que se lo puso Pepe porque él no quería depender de nadie. Estrenamos Los Mirasoles de Julio Sánchez Gardel con 3 funciones en el club a sala llena y me acuerdo que el cine tenía 400 butacas. ¡Impresionante!

Para mí fue como un sacudón, sin exagerar, creo que fue revolucionario culturalmente, no tanto por la obra en sí, sino porque la convocatoria fue tremenda. Demostraba la necesidad de ver teatro que había. Está bien que era otra época, no había internet, ni celulares, ni cable, ni siquiera televisión, o creo que había un solo canal que se veía a veces.

En esa época nosotros no lo hacíamos por ganar plata ni nada, al contrario, las entradas siempre eran para una escuela, o el hospital o cualquier institución que necesitara.

Estamos hablando del año ´84, época de apertura democrática, en esta etapa se recuperó la fiesta provincial del teatro, que tenía como sede permanente a Regina

Claro en esa época, hicimos tres obras como grupo Libres ya instalado el nombre, “El Sostén de la Familia”, “Hay que apagar el fuego”, y “Gris de Ausencia” y con la primera fuimos al 1er festival de teatro provincial en Villa Regina, organizado por la gente de Nuestramerica que luego fue la Hormiga Circular. Actuamos en la sala del Circulo Italiano, que es un teatro grande hermoso, la dirigí a esa obra, vos actuabas, ¿te acordás?

¡Por supuesto, además fue mi primer festival importante! Ahí comenzamos a conocer teatreros y grupos de la Provincia, se formó la COTER, Coordinadora de Teatro Rionegrino y Beltrán se convirtió en el centro de encuentros pedagógicos, de dirección, de actuación, de políticas teatrales etc.

Claro y en una de esas oportunidades estábamos dando El Sostén de la Familia en el Club y como Hugo Aristimuño había venido lo invitamos a la función. Lo que vio Hugo fue la convocatoria que nosotros teníamos y la cantidad de integrantes del grupo y por alguna razón decidió quedarse acá y formar parte del grupo.

Ahí comenzaron los grandes cambios, él tenía otra forma de mirar el teatro y trajo ideas de perfeccionamiento que no todos estuvimos dispuesto a hacer, yo era uno. Yo lo hacía por vocación y no me gustaban mucho los ejercicios y las nuevas técnicas, corporales, vocales, de actuación, pero igual los  hacía, cumplía mi labor, en contra de lo que yo  pensaba y que sigo penando, que queres que le haga.

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Si, si ya se, ¡te conozco y te conocemos!!

Bueno yo era fanático de Luis Sandrini, Tita Merello, Ibáñez Menta, por eso digo siempre que “actor se nace, no se hace” y no me van a cambiar mi mirada.

Hemos discutido eso toda la vida, me permito hacerlo una vez más, pero cortita. Lo que vos decís tiene mucho de cierto, aquel que tiene esas cualidades y además trabaja y se perfecciona para desarrollarlas, descolla, como los que estas nombrando, pero la pregunta del millón es cómo sabemos que tenemos o no esas cualidades. A Norma Aleandro, una profesora le dijo que se dedicara a otra cosa porque no servía para la actuación y mirá donde está. Cada quien tiene su mirada, todo es discutible, sobre todo en teatro, querido Hugo.

Si, mira yo fui a Bahía Blanca cuando vino Eugenio Barba con el Odin Theatre, una semana estuvimos perfeccionándonos, y a mí me encantó, pero en general yo creo que no necesito, no creo mucho en eso, en esas cosas. Lo mío me nace, de adentro de mi naturaleza.

Ok. La idea no es discutir sobre nuestras miradas, la idea de la nota es una conversa y me interesa tu vida artística y la del grupo que formaste

(Se ríe) Lo del Odin lo disfruté mucho, no sé si me sirvió, pero me la re banqué

Seguramente te sirvió Hugo, el cuerpo registra y tiene memoria y vos hiciste varios cursos a pesar de tu resistencia y tus creencias.

Sigamos con la llegada de Hugo Aristimuño

Bueno, a él se le hizo más fácil, porque ya tenía un grupo. No tuvo que salir a buscar. La gente además tenía algún entrenamiento, el venía a aplicar una idea que traía en la cabeza que después se llamó Mari Mari Huinca y que fue la obra de más trascendencia del grupo. Ganamos todos los premios, dimos funciones en el Cervantes, bueno eso lo vivimos juntos ¿no? Recorrimos el país.

Me costó mucho ese trabajo, me acuerdo que yo le decía Hugo dame el texto, por favor dame el texto, porque estábamos ensayando sin decir nada y uno no estaba acostumbrado a eso. Un día me contesto, mirá Hugo el texto en el teatro es un pretexto y me quedó grabado.

El grupo comenzó a profesionalizarse, hizo Aqueronte que también fue muy representativa y además porque la temática era también regional la leyenda de la salamanca del bajo gualicho.

Esa obra actuó en el Cervantes, pero también en el Festival de Teatro Independiente que peleábamos por la ley nacional de teatro. Me acuerdo que cuando salimos a la calle a manifestarnos, íbamos caminando al lado de Alfredo Alcón, precioso.

Después de la Mistura, una obra con técnicas de clown, obra que actuamos junto a Luisa Calcumil, un “obrón”. Hugo hace otras obras, pero el elenco original se diluye. Queda otra gente en el teatro que siguió y  después se fue. Había que suplantarlo y vos te hiciste cargo, yo no me sentía en condiciones, porque todos tenemos nuestras limitaciones, vos le pusiste el pecho y viene obras como La Pasión, El Conventillo de la Paloma, El Amateur, obras que son íconos del grupo, por su convocatoria y también por su calidad.

El Amateur fue también una obra que se llevó todos los premios, es decir el grupo es un grupo con mucho temple, con mucha garra y muy trabajador. Hoy sigue produciendo, diferentes elencos pero la misma calidad.

Algunos aún creen que Hugo y Varela son dos personas distintas. La maravilla de la radio y la imaginación.

Hugo, hablemos del teatro el galpón, ¿Qué te acordás?

¡Uh! Eso para mí fue uno de los logros más importantes del grupo. Acordate que nosotros anduvimos boyando por distintos lugares, ensayando en espacios chicos que no entrabamos todos, en casa de familia, en negocios que nos prestaban para la noche, en galpones vacíos y fríos, en escuelas. En fin, donde se pudiera. Conseguir el galpón fue como tocar el cielo con las manos. Y aquí hago un agradecimiento especial y recuerdo a Carlos Pedranti, intendente de la época, que nos escuchó y nos dio una mano, pero lo principal fue la ayuda de la comunidad.

Funcionamos mucho tiempo con las butacas, que conseguí en el club Beltrán, las habían sacado del cine y estaban echándose a perder, arriba de bines estilo anfiteatro, cabina arriba de un andamio de albañil y teníamos un camarín hecha de cantoneras, sin calefacción y yendo al baño al galpón de al lado que nos prestaba. Y bueno, invito a la gente que no conoce que vaya ahora y vea la belleza que es ahora. Con todas las comodidades.

¿Qué obra elegís para vos? ¡La que llevas en el corazón!

¡Uh! Para mí, todas tienen algo que me hacen recordarlas, siempre algo. Así que es muy difícil elegir.

En mi caso también es difícil, pero me acuerdo cuando estrenamos Mari Mari Huinca en el Festival Regional de Rio Colorado, la gente aplaudió en varios momentos de una forma cerrada y sobre el final termino de pie, eso me impacto, por ejemplo, lo recuerdo en la memoria emotiva.

Bueno desde ese punto de vista entonces elijo El Amateur, esa obra no solo era emotiva para mí, sino que pasaban cosas con el público que me emocionaban, por ejemplo, cuando estábamos tirados frente a la chancha (bicicleta) delirábamos y vos me decías, bueno vamos, y varias veces en esa escena el público aplaudía y yo no entendía por qué, pero me movilizaba. Si además toda la temática que desarrollaba la obra era sobre la amistad y el dolor que sentía cuando se moría el Pajarito era muy terrible, muy de adentro.

Hugo contemos algunas anécdotas para que la gente vea entre bambalinas, ¿queres?

Ahí sí que tenemos muchas. Imaginate en tantos años. Pero te recordaré dos. Una fue en Mari Mari Huinca, ¿te acordás que mi personaje moría y vos después me llevas en tu espalda por todo el escenario? Bueno cuando me muero, caigo y se me cae la dentadura, porque yo me la sacaba y me la ponía entre la ropa cuando hacía de abuelo. Cuando me levantas y me llevas en la espalda yo te digo, fíjate que se me cayó la dentadura en tal parte así que cuando me bajes anda para allá así la busco, y me bajaste justito en el lugar.

La otra que es muy genial, fue la vez que dimos El Amateur en las Grutas, en el viejo salón de usos múltiples. Era muy chico y entonces decidimos comenzar la obra entrando por la puerta de entrada, para eso debimos esperar fuera del salón, en lo que era el patio que daba a la costanera hacia el mar. Nosotros estábamos ya en personajes y estos eran dos borrachitos, así que estábamos con un cartón de tetrabrik y bastante desalineados entrando en calor y repasando la letra mirando hacia el mar. Mientras pasábamos la letra ya estábamos en personajes “borrachos” y en eso llegan dos policías, a mí no se me ocurrió mejor idea que seguir con el personaje. Los policías nos dicen buenas noches, ¿tomando un vinito? Y yo le contesto en personaje y vos me seguiste. ¿te acordás? Así estuvimos como cinco minutos hasta que uno de los policías nos dice, bueno nos van a tener que acompañar a la comisaria, y ahí nos largamos a reír y tratamos de explicarles que éramos actores y estábamos esperando afuera y toda la perorata, pero los tipos no querían saber nada. De pronto sale Eduardo Montangero que era el encargado de avisarnos y ¡nos salvó de ir presos! Cuando cuento esta anécdota nadie me cree, decí que tenemos testigos.

Es cierto, es que fue muy de cuento, de realismo mágico. ¡Yo ya me veía adentro!

Uh!! ¡Ay muchas anécdotas!!

Hugo, contarme de Don Varela, ¡ese personaje tan entrañable!

Es cierto, un personaje que vive conmigo, lo hice durante 30 y pico de años. Resulta que en la zona no  había radio, y se inaugura la AM 1470 de Luis Beltrán, entonces el director de la radio nos propone, al grupo Libres, hacer un programa e ideamos un formato que consistía en, primera parte noticias y comentarios del ambiente teatral de la provincia, segunda parte un radioteatro. En la primera parte Hugo me dice que necesitamos un personaje que interrumpa todo el tiempo, para que no sea tan monótono y a mí se me ocurrió un viejo campero, que hablaba a los gritos y andaba en una Ford A, tenía un perro que se llamaba batuque y una mujer que se llamaba La Julia, y así porque a Hugo había que darle todos los porqués. Así nació en el programa del Grupo Libres que se llamó “De Teatro LIBRES”

Contale a la gente que Don Varela tenía un interlocutor que casi siempre era Hugo que realizaba las preguntas o cualquiera de nosotros. Cuando el grupo dejó de hacer el programa vos seguiste haciéndolo, pero ya no tenías quien te pregunte, ¿entonces qué pasó?

Eso es muy lindo, cuando eso pasó yo tomé la determinación de seguir haciéndolo, peo no tenía quien me acompañara, entonces se me ocurrió que Hugo Cognigni sea quien llevara el programa y Don Varela interrumpiera como antes, entonces comencé a desdoblarme, en eso recurrí a lo que sabía de teatro, Hugo y Varela, pero los dos somos lo mismo.

Eso es lo que impresiona a la gente, es como un ventrílocuo, o un titiritero que debe hacer las voces de todos los personajes. Y además impresiona porque la rapidez que interviene hace que el cada uno tenga su espacio, es una conversación. La gente se impresiona, ver que Hugo le hace una pregunta y Varela participa constantemente.

Si es un trabajo que llevaré siempre en el corazón, lo seguiría haciendo, pero ahora no están dadas las circunstancias. Me dio infinitas satisfacciones, sobre todo en las chacras, en los campos, donde la gente los escucha y lo espera todos los sábados. Un saludo infinito para aquellos que siguieron a Varela durante tantos años. Algunos aún creen que Hugo y Varela son dos personas distintas. La maravilla de la radio y la imaginación.

¿Qué significa para vos el Grupo Libres?

El grupo Libres fue y será, multiplicador de amor al teatro. Más que todo eso, sino hoy no habría continuidad de la actividad teatral. Cada uno de los integrantes del grupo Libres, tal vez sin querer contagió a muchos jóvenes. Yo me siento muy contento cuando veo gente nueva, gente joven que entran a la actividad porque será la continuidad, porque no concibo la vida sin teatro. Me emociono cuando voy y veo gente joven que ni conozco y están practicando, aprendiendo, en una casa que, además, está calentita, que tiene todas las condiciones y que hace su vida más confortable y que fue construida por los pioneros del grupo, y lo interesante es poder transmitir el esfuerzo y el espíritu de aquellos.

El grupo Libres es sinónimo de teatro, eso es.

La última pregunta Hugo, vos estas parado en un punto que es el aquí y ahora, pero tuviste que recorrer un largo camino para llegar, te paras en este punto y miras para atrás, en el principio del camino hay un niño que sos vos, ¿Qué le diría Hugo adulto hoy a aquel niño?

Que siga, (se emociona, muy movilizado) que siga porque…no se puede romper esto, porque esto no tiene fin, ¿sabes cuándo va a terminar? cuando te mueras. Y seguir es sencillo, es fácil, es bonito, es divino y es tremendo y no te queda otra que seguir porque es lo que vos elegís.

¿Y que pensas que él te diría?

¡Que tengo razón!

Muy bien Hugo, -su emoción me emociona- gracias por la conversa, por el recorrido, espero que la gente aprecie el esfuerzo de tantos años. Un Abrazo

Me quedo pensando en esta historia y la de tantos hacedores, historias que a veces no son documentadas, no son escritas sobre todo porque las actividades culturales siguen estando invisibilidades, por eso agradezco este espacio que nos permite poner en primer plano a los hacedores.

Hugo Cognigni es un gran Narrador y les aseguro que mi escrito no alcanza a describir las emociones, la pasión y el detalle con el que cuenta, fue músico integrante de una orquesta, como se la llamaba en aquel momento, Ritmo Juvenil, que animaba bailes familiares como eran antaño. Es un rabdomante oficio antiquísimo para buscar agua sobre todo en los campos, es un gran actor y amante del teatro, les aseguro que quedaron muchas cosas afuera porque los espacios no dan para un tiempo sin tiempos, porque lo pueblerino debe ser reemplazado por los códigos de la escritura en los medios y estos tienen otros tiempos y espacios. Lo que quedó da para unas cuantas hojas más, pero la sustancia es la misma. El Valle Medio tiene mucha gente sustanciosa y es parte de nuestra cultura. ¡Gracias Hugo!


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