Las trampas del cerebro: Política y prejuicios cognitivos

Al juego propuesto se engancharon 21 personas de ambos sexos, todas mayores de edad, que me dieron sus respuestas por mensaje privado. La respuesta correcta a la pregunta del acertijo era «la eminencia médica es su madre» sin embargo 10 de mis amigos respondieron cosas como esta:

«Hola Pablo, el acertijo puede ser un padre cualquiera y también un hijo cualquiera, no perteneciendo al mismo núcleo familiar.»
«Lo que sabemos es que la persona que falleció no es el padre de la persona que está en grave estado. Otra cosa que sabemos es que la persona (médico) que llamaron para atender al paciente en grave estado es el padre de éste. «Un padre y un hijo». Eso no determina la relación parental. También dice «viajan en coche». No sé deduce que viajan en el mismo coche. Puede deducirse que viajaban en diferentes autos. Y ambos vehículos chocaron«.

«El médico es el padre biológico que se divorcio de la mamá cuando el era bebe, y no fue un padre muy presente porque se dedico a su carrera profesional como médico cirujano. El hombre del auto, es la nueva pareja de su mamá que crio al niño y que este considera como su papá también. Es decir, es una familia moderna, y el niño tiene dos figuras paternas. Una ausente y otra presente. Pero ahora murió en el accidente, y cuando ingresa al quirófano el niño, reconoce que es su hijo.  »

Este experimento fue creado en el año 2014 en la escuela de psicología de la universidad de Boston, donde el 86% de las respuestas fueron equivocadas. Bastante más que el 47% de mis amigos, así que a no preocuparse, errar es de humanos. Vivimos sesgados. Esa es la causa del error cometido en sus respuestas.

El sesgo de «parcialidad implícita» (o inconsciente) del que trata este error, es solo uno entre los más de 180 sesgos cognitivos que afectan nuestra forma de ver y pensar el mundo que nos rodea. De allí que en consultoría política adherimos a la teoría de que no existen realidades sino hechos y formas diferente de interpretarlos. Algo que el gran Einstein ya nos había enseñado a principios del siglo pasado cuando afirmó:

«Los hechos son los hechos, pero la realidad es la percepción» (Albert Einstein)

El origen de este tipo de prejuicios «implícitos» se remonta nuestra infancia cuando de niños aprendemos del mundo que nos rodea creando en nuestro cerebro asociaciones neuronales que relacionan conceptos y recuerdos de una manera inconsciente.

«Si cada vez que vas a trabajar o que enciendes la tele o escuchas la radio ves que los hombres están asociados al liderazgo, a un mayor estatus y a una mayor capacidad, eso es lo que nuestro cerebro inconsciente va a aprender. Nuestro cerebro inconsciente es como si dijéramos nuestro cerebro mamífero o reptil: no razona las cosas en palabras, sino que aprende que dos cosas están relacionadas. Y cuando dos eventos están relacionados hace que las neuronas establezcan una conexión«, afirma Tinu Cornish, psicóloga del centro Equality Challenge Unit y asesora de varias universidades norteamericanas en temas de diversidad de género.

Pero no todos los sesgos o las causas que los motivan son culturales como este caso de ejemplo; también hay sesgos biológicos-evolutivos transmitidos directamente por nuestros ancestros vía los genes. Y también existen interacciones constantes entre ambos.

Los sesgos son atajos mentales que nos permiten tomar decisiones de manera rápida, aunque no necesariamente correctas. Es más, la mayoría de las veces equivocadas como ha quedado demostrado en este juego.

Todos los seres humanos tenemos sesgos mentales. Todos. De ellos no escapamos ninguno, nadie, por la sencilla razón que sin ellos nuestro cerebro explotaría. Lisa y llanamente, colapsaría por la gran cantidad de estímulos diarios que recibimos y que no tenemos tiempo material suficiente para procesarlos.

En su libro «Pensar rápido, pensar despacio«, el psicólogo Daniel Kahneman, premio nobel de economía en 2003, ejemplifica que nuestra mente funciona bajo dos sistemas paralelos de pensamiento: uno rápido e instintivo, y otro más lento y lógico. El sistema rápido es el que funciona a base de sesgos para automatizarnos y hacernos mas fácil la vida. El secreto está en no dejarnos dominar por la comodidad de ese sistema intuitivo y empezar a racionalizar mas las cosas apelando al uso del sistema lógico.

Pero como ésta no es una columna sobre psiquiatría medica, sino una columna política, no es mi objetivo profundizar sobre ellos sino sobre su impacto en la vida política de la sociedad; fundamentalmente en la forma en que los electores interpretamos el contexto y decidimos el voto.

Política y prejuicios cognitivos

Como te conté antes la ciencia ha descubierto cientos de sesgos cognitivos, pero por obvias razones yo solo te contaré ahora algunos pocos de ellos; vos podes continuar investigando sobre el resto.

¿Por qué la gente se siente identificada con un líder o partido político? Debido al «sesgo de afinidad» por el cual evaluamos de mejor manera a aquellas personas que presentan características similares a nosotros mismos (target).

El sesgo de afinidad da sustento además a la «teoría de la identidad social» que explica que las personas tendemos a anteponer la importancia de pertenencia a un grupo frente a los argumentos sólidos.

Una característica del ser humano es que somos seres gregarios y muchas veces las personas adoptamos juicios erróneos o falsos solo para permanecer dentro del grupo (o tribu). Recordemos de lo visto en las notas anteriores que el miedo es la emoción más poderosa, y el miedo a la soledad, la exclusión o el destierro, es de los mayores castigos al que se puede someter a una persona.

El riesgo implícito en este sesgo es que el grupo puede llegar a influenciar negativamente en la conducta la persona. Cosa que fue demostrada en el experimento «la tercera ola» desarrollado en 1967 por el profesor de historia Ron Jones con sus alumnos en el instituto de Palo Alto, California, para demostrar cómo pudo originarse el movimiento Nazi en la Alemania de los años 20 y 30.
Ese experimento fue llevado al cine en la película «La Ola»

 ¿Por qué los kirchneristas miran C5N y los macristas TN?

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Debido al «sesgo de confirmación» que es la tendencia que tenemos las personas de favorecer la información que confirma nuestros propios presupuestos o hipótesis, sin importar si la información es verdadera. No miramos los programas de TV ni leemos los diarios para informarnos sino para conformarnos en lo que ya creemos.

Este sesgo ofrece un gran negocio para las marcas mediáticas dado que genera nichos de audiencias cautivas para sus productos. de allí que hay todo un ecosistema de marcas para electorados macristas como TN y LN+ en TV y Clarín y La Nación en diarios; y otro ecosistema similar de marcas para electorados kirchneristas como C5N, El destape y Página/12; por ejemplo.

Cuando un líder o partido político, un mediático o medio de comunicación, del que esperamos se comporte de determinada manera, deja de hacerlo y cambia su discurso o forma de presentarnos la realidad, nos genera «disonancia cognitiva» que es la tensión o desarmonía interna que se produce en nuestro sistema de ideas, creencias y emociones.

¿Por que buenas ideas o intenciones son rechazadas por la sociedad? ¿o al revés, malas ideas e intenciones son aceptadas? Debido al «efecto de encuadre» que es la tendencia a alterar las decisiones según el modo en que se presente un tema.

Las personas tendemos a seleccionar opciones según que la cuestión esté enmarcada para que nos concentremos en las pérdidas o en las ganancias.

Un ejemplo de concentración en las pérdidas lo tenemos en la sanción de la Ley de zonificación minera de Chubut, donde el gobierno de esa provincia se vio superado por el encuadre presentado por los ambientalista de perdida de calidad de vida, atentado contra el ambiente, contaminación de las aguas, etc.

Un ejemplo de concentración en las ganancia lo tenemos con el acuerdo con el FMI que realizó recientemente el gobierno argentino, donde se nos presenta el mismo como la solución para superar la crisis económica actual que le permitirá al país afianzar su crecimiento.

¿Por qué algunos no creen en los resultados de las encuestas o incluso de las elecciones?

Por el sesgo de «percepción selectiva» que es la tendencia en la cual la ansiedad, la esperanza o las ilusiones afectan nuestra percepción haciéndonos creer que nuestro candidato o partido tiene una valoración social mucho mayor a la que muestran los números: «el ojo del amo engorda el ganado«, es un refrán muy usado en el campo que ejemplifica este sesgo.

¿Por qué los oficialismos ganan más elecciones que las oposiciones?

Por un sesgo que se llama «aversión a la pérdida«. Una vez que los electores se acostumbran a un gobierno porque reciben los presupuestos mínimos que esperan de él, el miedo a perder lo que tienen es mayor a la esperanza de ganar nuevos beneficios: «más vale pájaro en mano que cien volando» y «es preferible malo conocido que bueno por conocer«, son dos refranes populares que grafican este sesgo.

¿Por qué algunos líderes pegan feeling enseguida con el electorado y otros no lo consiguen en toda su vida?

Por un sesgo llamado «efecto halo» que consiste en crearnos imágenes exageradas o irreales sobre destrezas, capacidades o atributos de una persona solo por el impacto que nos causó en la primera impresión.

Este error de percepción se basa en la idea de que mostramos una propensión a utilizar nuestra valoración acerca de una característica muy específica de alguien, generalmente su belleza o simpatía, para «fabricar» a partir de ella una valoración global de esa persona: extendemos nuestra opinión de esa persona a todo lo que estamos juzgando y hacemos que esa impresión interfiera con el modo en el que interpretamos otras muchas propiedades de ella.

La explicación del efecto halo se basa en que cuando acabamos de conocer a una persona, contamos con muy poca información sobre ella como para poder tener una opinión fiable. Sin embargo, nos vemos obligados a formarnos una imagen significativa de su personalidad lo más rápido posible basándonos en nuestra intuición para determinar cómo debemos comportarnos. Y en menos de 15 segundos tomamos la decisión de aceptarla o rechazarla. Nos caerá bien o nos caerá mal de ahí en adelante.

Según varios estudios, a las personas atractivas se las considera automáticamente inteligentes, aunque no haya ninguna relación directa entre el aspecto y la inteligencia. Por su parte, a las personas obesas se las estima como pacíficas sin que haya una vez más una relación entre ambas características.

Todos los seres humanos tenemos sesgos mentales. Todos. De ellos no escapamos ninguno, nadie. El secreto está en no dejarnos dominar por la comodidad de ese sistema intuitivo y empezar a racionalizar mas las cosas apelando al uso del sistema lógico. Aceptando que podemos estar equivocados. Que nuestras ideas pueden ser erróneas. Y que esa persona que detestamos puede ser que sea igual a nosotros.

El objeto de esta saga de artículos fue demostrar que tal vez todos tenemos más en común de lo que pensamos. Argentina es todo lo que compartimos.

Nuestro enemigo no es el otro que piensa diferente. Nuestro enemigo está en nuestro cerebro que nos impide interpretar correctamente las cosas.

La grieta política que divide a nuestro pueblo no es más que una construcción subjetiva de pseudo realidades inventadas por nuestro cerebro. Visiones distorsionadas de la realidad.

Animémonos a romper esas cadenas que condicionan nuestro pensamiento. Animémonos a cuestionar y poner en duda nuestras creencias. Animémonos a descubrir un nuevo mundo diferente al bipolar que se nos presenta.

Podemos hacerlo. Y muy fácil.

Pensemos en positivo. Liberemos la alegría. Retomemos la esperanza en el futuro. Y pongamos en duda todas las verdades reveladas y realidades mágicas que nos presenten.

Pablo Gustavo Díaz
Consultor en Marketing Político


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