Lecturas y lectores: Leyendo con Pablo Otazú

Por: Aída Arias.

Sentarse a conversar con Pablo es un viaje por muchos lugares. Nos conocemos casi desde siempre, o desde que éramos adolescentes, lo que incluye mucho tiempo y oficios diversos. Pero unidos siempre por el arte y los sueños (que no es poco).

Cuando le propuse hablar sobre libros me lo aceptó un poco a regañadientes; finalmente, sucedió lo que él esperaba (y ansiaba): terminamos hablando de teatro y su quehacer teatral. Total, que ésta es una nota sobre dos libros que a él le gustan mucho, pero también sobre el arte que lo convoca y fascina: el teatro.

Fuimos y vinimos -como cada vez que nos encontramos- por varios temas: el cine (que ambos degustamos sin pausa), la cultura, lo latinoamericano, la música… Podríamos habernos quedado sin fin en esa charla, mate mediante. Después de dos horas largas logramos poner punto final… pero teníamos tanto para seguir charlando!

La idea inicial era hablar sobre dos libros, elegidos por Pablo.

  • Uno es METAMORFOSIS, del escritor checo Franz Kafka, un clásico de la literatura en lengua alemana. En este relato se narra la transformación de Gregorio Samsa, un viajante de comercio de telas, en un monstruoso insecto, y el impacto que tendrá este acontecimiento no sólo en su vida, sino en la de su familia.
  • El otro es EL VUELO DEL TIGRE, del argentino Daniel Moyano, ya fallecido. Moyano comenzó a escribir esta historia en Argentina los días previos al golpe de Estado de 1976, en un clima de violencia estatal y represión política; pero ese primer borrador nunca vio la luz: fue enterrado en el fondo de su casa, y la novela, reescrita en Madrid, algunos años después, durante su exilio. «El vuelo del tigre» es una clara alegoría de los regímenes dictatoriales latinoamericanos.

Como para Pablo es muy difícil separar la literatura del teatro, una y otra vez nos fuimos hacia ese otro arte… Entonces la pluma y las tablas están muy entremezcladas en esta charla, y ya verán por qué. No nos importó esa superposición, y allá fuimos de la mano en esta conversación pseudo-literaria que hoy nos convocó.

– Me contabas, Pablo, sobre tus comienzos en el teatro, y cómo llega a tus manos EL VUELO DEL TIGRE de Daniel Moyano.

Sabés que yo viví todo el Proceso militar en La Plata, porque vivía allí en la época. Cuando volví empecé a dar clases de teatro, eran mis veintitantos. También daba clases en Río Colorado, y andaba siempre en busca de material para mis clases. Así me topé con este libro.

Creo que el actor es un ser descarnado, solitario, que siempre está como en carne viva, sin piel… Hay que cuidarlo mucho a ese actor! En esa búsqueda, te decía, me encontré con un libro y un autor profundamente latinoamericanos. La novela transcurre en un pueblo llamado Hualacasto, una especie de Macondo argentino. La escritura de Moyano está muy cercana al “realismo mágico” tan de moda en los ’80.

El libro me llamó la atención como una puesta teatral: por las imágenes, pero también por sus personajes: los percusionistas (a mí inmediatamente me disparó la imagen de un coro griego), que eran los represores, los que vigilaban e informaban; los gatos nocturnos, la gente que sólo salía de noche… Pienso que es una metáfora precisa y preciosa de la represión de aquel tiempo.

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Aconsejo leerlo! Yo lo leí en los ’80, cuando ya era un libro prohibido. Ese libro se transformó en una especie de obsesión para mí, y aún hoy pienso que lo habría puesto en escena si hubiera encontrado la gente que secundara ese proyecto. A mí me fascina el teatro popular latinoamericano desde siempre; EL VUELO DEL TIGRE me hubiera permitido esa “historia de lo colectivo” que tanto me apasiona. En ella, en ese tipo de teatro comunitario, nadie queda afuera!

Yo lo leí en los ’80, cuando ya era un libro prohibido. Ese libro se transformó en una especie de obsesión para mí, y aún hoy pienso que lo habría puesto en escena si hubiera encontrado la gente que secundara ese proyecto

– Pablo, antes me decías que el ochenta por ciento de lo que lees tiene que ver con el teatro y su técnica, y que no lees en computadora ni libro electrónica, preferís el “libro físico”…

Sí, por eso me vi un poco acorralado cuando me pediste un libro en especial, o dos. Porque leo pocas cosas que no tengan que ver con el teatro.

Pero casi inmediatamente elegí METAMORFOSIS de Kafka porque es una especie de “historia negra”, de aquellas que a mí tanto me atraen. Él era un romántico, con mucho dominio sobre ciertas oscuridades… No olvidemos que Kafka era un solitario, una personalidad difícil, casi un marginal. Judío además, soportando ya la segregación, y todavía asiste a la Gran Guerra del ’14, muriendo diez años después, muy joven.

En METAMORFOSIS aparece una persona hostigada por la sociedad, pero también por la suma de sus problemas familiares: un padre despótico, una madre ausente. La hermana (tal vez la propia hermana de Kafka) es la única que logra entender a ese marginal. En la obra aparecen también, además de la marginalidad como tema recurrente, la automatización del trabajo en la modernidad. Muchos detalles presentan seguramente similitud con la propia vida del escritor.

A mí me fascinaba ese libro desde siempre. Esa metáfora del bicho, esa cucaracha repelente que se mueve en la carroña que inunda el espacio de su cuarto… Estudié la obra más de un año, y finalmente logramos adaptarla con Luis Sarlinga, logrando (allá por 2010) una obra multimedia, donde la imagen –como recurso teatral- se sumaba a la actuación; la imagen “dialogando” con la escena. Construimos un cubo, que era el cuarto de Gregorio Samsa el “bicho”. Fue una puesta apostando a las “rupturas espaciales” (algo que si tuviera más tiempo y dinero me encantaría seguir investigando).

Kafka escribe tan lindo! Sin duda es uno de mis libros preferidos.

Nos hubiéramos quedado horas hablando, repito. Aprovecho para preguntar a Pablo sobre sus próximos proyectos teatrales, cómo no. Y me cuenta que son tres:

  • el próximo montaje de Bairoleto;
  • “Riquelme (el primer mundo te pasó por encima”, del reginense Tachi Benito,
  • y el exilio mirado desde “Donde el viento hace buñuelos”, del cordobés Arístides Vargas.

Ojalá podamos verlas pronto en escena, Pablo!

El abrazo que nos damos es el de siempre, cálido, apretado. El Vasco sigue su camino, con la cabeza llena del teatro que siempre nos ayudó a degustar.


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