Lecturas y lectores: Los 7 capítulos olvidados de «Cien años de soledad»

Por: Aída Arias.

A casi 55 años de su publicación.

“Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo”.

Ésta debe ser una de las frases más famosas de la literatura latinoamericana, y es precisamente con ella que comienza García Márquez su libro CIEN AÑOS DE SOLEDAD. Él siempre contaba –a quien quisiera oírlo- que antes de cada una de sus creaciones literarias, se pasaba meses buscando la frase que le permitiera comenzar la nueva aventura de escribir. Me pasé años corroborando esos hallazgos, frente a la aparición de cada magistral libro del autor colombiano.

Los tiempos de soledad y quietud que generó la pandemia nos permitió, a los que amamos las letras, volver a conectar con esas obras maravillosas que pueblan el caudal literario de Latinoamérica.

Yo había leído «Cien años de soledad» en mi primera juventud, tal vez antes de cumplir los treinta. Por ello, acometer una nueva lectura me significó volver a transitar páginas con el deleite de lo desconocido, tan novedosas me parecían.

Cuál no sería mi sorpresa, unos meses después, al saber que el mismo García Márquez, tiempo antes de terminar el libro en agosto de 1966 y firmar contrato con Editorial Sudamericana para su publicación en septiembre de ese año, había publicado algunos de sus capítulos (7 para ser exactos) en distintos diarios y revistas que se leían en la época. Qué pudo haberlo llevado a utilizar esa “estrategia literaria”? “Cuando leí lo que había escrito, tuve la desmoralizante impresión de estar metido en una aventura que tanto podía resultar afortunada, como catastrófica”, le confesó a un amigo por carta. Y seguramente quería corroborar por sí mismo si estaba enfrentándose a un desastre.

“Cuando leí lo que había escrito, tuve la desmoralizante impresión de estar metido en una aventura que tanto podía resultar afortunada, como catastrófica”

De estos anticipos no quedaron copias ni siquiera en el archivo personal de García Márquez (que hoy se encuentra guardado en el “Harry Ransom Center” de Texas, Estados Unidos). Para encontrar algún rastro hay que recorrer bibliotecas de Francia, Estados Unidos, Colombia y España.

Esos capítulos cayeron en el olvido, y se creía que eran idénticos a los publicados en la primera edición (que data de mayo de 1967). Conforme pesquisa del investigador y sociólogo español Álvaro Santana-Acuña, la realidad fue otra. Desde la primera página hay cambios en el lenguaje, la escritura y también en la descripción de los personajes. Santana-Acuña asegura que esos 7 capítulos tienen gran valor literario hoy en día, porque nos ayudan a entender cómo fue escrita la obra (el mismo Gabo afirmó que había quemado todas sus notas y manuscritos después de recibir la primera copia del libro).

  • El primero de los capítulos salió en mayo de 1966 (un año antes de la publicación del libro) en El Espectador de Bogotá. A García Márquez todavía le faltaban tres meses para terminar la obra, y buscaba un lenguaje bien preciso. En este capítulo, Macondo es localizado con facilidad, pues lindaba “al Oeste con las dunas del río La Magdalena”, en Colombia. Luego Gabo suprime ese y otros detalles sobre la localización precisa de Macondo, para darle al lector la impresión de que podría ser un lugar típico de cualquier país latinoamericano.
  • El capítulo siguiente García Márquez lo publica en la revista Mundo Nuevo de París, en agosto de 1966; una revista que se volvió la principal vitrina de la literatura del “boom latinoamericano”. Sus 66.000 ejemplares mensuales eran vendidos en 22 países (incluyendo Estados Unidos, Holanda, España, Portugal y casi toda América Latina).
  • Cinco meses después (que Gabo utilizó para revisar la obra) envió su capítulo más arriesgado: la ascensión al cielo de Remedios, la bella. Aquí la elegida fue Amaru, una revista peruana dedicada a la literatura de vanguardia internacional. Sus lectores eran escritores exigentes y críticos literarios; el autor pudo comprobar la solidez literaria de ese capítulo con ellos, y también leyendo en voz alta a su círculo de amigos en su casa de la ciudad de México. “Convoqué aquí a las personas más exigentes, competentes y francas”, escribiría luego a su amigo Mendoza. “El resultado fue formidable, especialmente porque ese capítulo era el más peligroso: la subida al cielo, en cuerpo y alma, de Remedios Buendía”.
  • Luego fue el turno de la revista colombiana Eco; allí García Márquez publicó otro de los capítulos “peligrosos”: la muerte de Úrsula, después de vivir entre 115 y 122 años. En éste eliminó una frase -que considero preciosa- de Fernanda del Carpio después del viaje de Amaranta Úrsula a Europa: “Mi Dios –murmuró Fernanda-, me olvidé de decirle que mire para los dos lados antes de cruzar la calle”.
  • En marzo de 1967 (dos meses antes de la edición final) salió en la revista Mundo Nuevo de París el capítulo de la peste de insomnio que flageló a Macondo. En varias entrevistas posteriores, Gabo explicó cómo iba mudando y modernizando el lenguaje a lo largo de la novela.
  • Más tarde, en abril de 1967, García Márquez hizo el último intento en la revista mexicana Diálogos, que publicó el capítulo de la lluvia que cae sobre Macondo durante cuatro años.
  • Finalmente, la semana anterior al lanzamiento del libro, la revista argentina Primera Plana publicó un fragmento del capítulo sobre las 32 guerras del coronel Aureliano Buendía. (Recordemos que Primera Plana estaba volcada al gran público, y sus 60.000 ejemplares semanales circulaban dentro y fuera de nuestro país). Seguramente Gabo sabía que ese capítulo iba a cautivar al público de todo un continente que continuaba marcado por las guerrillas insurgentes contra el poder, como la guerrilla del propio coronel Aureliano Buendía.
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Seguramente –pienso- al publicar esos capítulos, nuestro escritor pudo observar la reacción y tomar en cuenta las sugerencias hechas por amigos y lectores, siempre tan útiles para todo escritor que se precie.

García Márquez efectuaba, con cada uno de sus libros, un arduo trabajo de pre-edición, en especial con esta novela que -a pesar de haberle dado esa “desmoralizante primera impresión”- a partir del 30 de mayo de 1967 cambió para siempre el rumbo de la literatura.

Volver a recorrer las páginas de «Cien años de soledad» es un placer del que, como lectores, no deberíamos privarnos.

Aída Arias

Febrero de 2022


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