Mariela Taha: “La cultura es ponerle el cuerpo a las palabras y la salud mental es ponerle palabras al cuerpo”

Por Pablo Otazu.- 

Leer en lenguaje inclusivo, aún me estoy deconstruyendo y me cuesta escribirlo

Mariela Taha es una trabajadora de la salud -psicóloga- como tantas, cuyo cotidiano está signado por la profesión y por la voluntad. Es decir, los trabajadores de la salud deben tener esa convicción, ser profesionales y tener voluntad. Muchas veces no cuentan con recursos, entonces deben ser creativos, no tienen el presupuesto adecuado, hay servicios mejor cuidados que otros y la salud mental viaja en los últimos vagones. Por otro lado, socialmente se estigmatiza permanentemente a quien sufre estas enfermedades, aunque en los últimos años hayamos crecido al respecto. El cambio cultural que necesitamos siempre tarda, los procesos sociales no tienen la misma aplicación que la letra de una ley y si encima ésta no está acompañada por los contenidos conceptuales y económicos que le den sustento, las leyes terminan siendo un deseo de buena voluntad y algunas se convierten en letra muerta. En fin, los cambios culturales, muchas veces tienen mucha más fuerza que el pensamiento de algunos dirigentes que son los encargados de promulgarlas, porque es la sociedad en su conjunto la encargada de producirlos.

La tecnología ha venido a resolvernos la vida, a acercarnos y muchas cosas más se suelen decir al respecto, pero también es cierto que otras veces, sucede más bien lo contrario y nos hace las cosas más dificultosas. Como hoy que desde el primer momento tuvimos que sortear dificultades técnicas, cortes y reconexiones, imágenes congeladas, sonido que se aceleraba o realentizaba. En fin, pese a todas esas peripecias técnicas, que no transcribiremos porque convertirían esta nota en un jeroglífico indescifrable, hemos sabido salir a flote y concretar esta interesante charla con Mariela

Mariela, ¿podés volver a presentarte? Porque se cortó…

Soy Mariela Soledad Taha, Licenciada en Psicología. Recibida en la Universidad Nacional de La Plata. Nativa de Berisso, pero después de los 5 años me fui a La Plata. En el año 2004 empecé a buscar otros rumbos de formación y me encontré con la residencia en salud mental comunitaria en la provincia de Río Negro. Así que, desde 2004 al 2007 -de junio del 2004 a junio de 2007-hice la especialización en salud mental comunitaria en Río Colorado. 

obra El Secreto sobre el abuso infantil

¿Y cuál es la diferencia entre salud mental y salud mental comunitaria? 

Dos paradigmas de trabajo distintos. En realidad, salud mental ya incluye una mirada más holística e interdisciplinaria. Antiguamente los servicios en los hospitales, en salud pública eran servicios de psicología y servicio de psiquiatría. Pasaron a ser servicios de salud mental, cuando aparece todo este proceso famoso de desmanicomialización. Qué tiene que ver con una mirada mucho más…una mirada justamente social y comunitaria de la salud mental. Entonces, la diferencia tiene que ver con trabajar con el individuo o trabajar con el individuo dentro de una comunidad. Tiene una mirada mucho más abarcativa, el modo de trabajo es diferente, es otro paradigma de la salud mental, las estrategias son diferentes y los dispositivos para trabajar son distintos. En un servicio de psicología, alguien haría solamente consultorio o clínica, por ejemplo, sería más o menos como la diferencia entre el médico general y el médico clínico. En cambio, un psicólogo dentro de un servicio de salud mental comunitaria hace diversidad de acciones, por ejemplo, talleres en las escuelas, jornadas, visitas domiciliarias, rompe los muros de las instituciones. Eso es la salud mental comunitaria.

¿Por qué crees que tenemos que hablar de salud mental en un espacio de cultura?

Bueno, eso es interesante, yo me quedé… lo consulté con la almohada ayer, cuando me invitaste a este espacio, porque es lo más interesante. Lo primero que una se tiene que preguntar es por qué una trabajadora de la salud comunitaria estaría en lo que -entiendo- es una columna de cultura. Y lo primero que me surgió es algo que es muy básico, muy sencillo, muy claro. Yo entiendo -esto es un entendimiento mío ¿no? -, entiendo que la cultura es ponerle el cuerpo a las palabras y la salud mental es ponerle palabras al cuerpo. Entonces me parece que esa es la lógica, es el enlace que hay entre tu cuerpo-palabra que es imposible disociarlos lo que nos hace tener que, justamente articular. Porque nosotros los psicólogos siempre decimos que nuestra principal herramienta es la palabra. Entonces le ponemos palabra al sufrimiento, trabajamos a través de la palabra para ponerle palabra al padecer. Y la cultura, me parece que justamente le hace el complemento opuesto, que es, a lo simbólico poder ponerle cuerpo ¿se entiende?. Yo lo descubrí, en realidad, hace poco. Tuve toda una carrera de psicología y tuve una formación comunitaria que no hablaba de esto. Que no hablaba sobre qué nos da la cultura en la salud mental. Lo descubrí con proyectos, con experiencias locales, con trabajos concretos que nos permitieron, a mí en lo personal y en lo colectivo a nivel servicio, el ver lo que nos daban las herramientas culturales, las distintas artes, las distintas manifestaciones de la cultura, lo que nos aporta a nosotros en el trabajo cotidiano. Entonces me parece que tiene que ver básicamente con esto, con la articulación entre el cuerpo y la palabra. El padecer mental es un padecer que tiene que ver justamente con no poder ponerle palabra a lo que atraviesa el cuerpo. Entonces por eso muchas veces nosotros decimos, bueno, el cuerpo habla porque el cuerpo se angustia porque el cuerpo tirita cuando tiene miedo, porque el cuerpo suda cuando entra en pánico y eso es justamente el proceso que tenemos que hacer nosotros para poder llevar salud mental ahí donde hay un padecimiento, es poder revertir eso. La cultura también es la palabra. 

Un psicólogo dentro de un servicio de salud mental comunitaria hace diversidad de acciones, como talleres en las escuelas, jornadas, visitas domiciliarias…

Pienso que la cultura es un todo. Y entonces todo aquello que el ser humano hace, sea lo que sea, con respecto a otras personas, con respecto a la naturaleza y con respecto a sí mismo, es cultura. Entonces, la salud forma parte de la cultura, por más que nosotros los queramos separar. Entonces a mí me interesaba esto, porque, además, la salud mental, es algo que la sociedad intenta mirar para otro lado, o al menos no ocuparse demasiado.

Sí, todavía hay mucha estigmatización.

Entonces, está bien interesante, abordar la salud mental desde el punto de vista cultural. ¿Con qué cosas el usuario de salud mental se encuentra y tiene que luchar? No sé si sería luchar la palabra o más bien enfrentar. Me refiero a ¿Qué cosas tiene que enfrentar una persona con algún trastorno de salud mental, aparte de su propia enfermedad? 

Me parece que esto que decía recién de la estigmatización, del tabú, de todo lo que él mismo es, que generalmente tiene que ver con una de las grandes dimensiones del sufrimiento en el padecimiento mental, que es el “no lugar”. Me parece que es cierto que la salud forma parte de la cultura, pero también es cierto que cultura forma parte de la salud y eso creo que es lo más difícil de ver. A veces me parece que un poco la articulación con salud mental –que es específicamente de lo que yo puedo hablar-, tiene que ver con que el campo de la salud mental fue históricamente excluido, es todavía un campo sesgado sobre el que caen muchos prejuicios y hay mucha exclusión. Esto un poco lo aprendí haciendo una experiencia con “El Brote” en Bariloche. Gabriela Otero habla mucho de esto, del no lugar, del paciente mental ¿no? Y qué tiene que ver con esto con que pueda tener un lugar a nivel social, a nivel cultural, a nivel desde donde se lo piense, cambia radicalmente la mirada y el padecer mental. Entonces me parece que es como un eje para poder pensar la articulación que existe entre la cultura y la salud, porque vos decías bueno, la salud es parte de la cultura, pero también la cultura es parte de la salud y eso es lo que a veces cuesta más ver. 

Claro, es difícil encontrar dónde poner un límite. Porque insisto en esto -y está bueno que además tengamos una diferencia-, la cultura es abarcativa, entonces, por eso la salud está dentro de la cultura. Y la cultura está dentro de la salud porque la salud es una actividad cultural, que tiene que ver con el cuidado del ser humano. Entonces me interesaba saber ¿Cómo ves vos el tema de la salud mental, en la sociedad? Sobre todo, en la sociedad rionegrina donde muchos se jactan de la ley de desmanicomialización. Como soy un neófito en esta cuestión pregunto ¿Cómo se ve desde la sociedad, esta cuestión de los enfermos mentales vagando por las calles y viviendo como personas “normales”? y aclaro que digo normales entre comillas.

Mariela Taha

Desde el primer día en el que se dictó la ley, yo soy muy crítica del modelo nuestro, porque si bien obviamente que soy militante de salud, de la salud mental comunitaria y de la desmanicomialización, creo que las leyes dan un marco, pero si a ese marco no se le da contenido, no hay un cambio real. Entonces nosotros, Río Negro, siempre se jactó de ser muy avanzada a nivel de leyes y es cierto que, es una de las primeras provincias en tener una ley y cambiar un modelo. Lo que pasa es que no es suficiente con cerrar un manicomio para generar una real inclusión social, es lo que nunca se termina de resolver. Entonces, si una sale a la sociedad, los avances de la desmanicomialización todavía no se registran. Siempre lo que planteo es que hay que hacer un trabajo hacia afuera, porque quienes trabajamos y formamos parte del sistema, parte de este programa, ya sabemos en qué consiste, cómo trabajar, pero el para afuera no. Ese para afuera, incluso, son los mismos compañeros hospitalarios, porque una lucha todo el tiempo, preguntando, por qué internan a una persona en un hospital general y no en un hospital monovalente; por qué hacemos visitas domiciliarias y no se trata de estar digamos, paseando en la calle. Creo que al sistema nuestro le falta el trabajo social del proceso de desmanicomialización. Todavía no se entiende bien por qué hablamos de usuarios y no de pacientes. Y que eso, es un cambio radical conceptual, que tiene que ver con la persona, verlo como sujeto activo y no como objeto pasivo padeciente que tiene que esperarnos a nosotros. Entonces me parece que ha habido muchos avances internos para los servicios, para los profesionales de la salud mental, pero que todavía cuesta dar una vuelta a la sociedad afuera. Por eso insisto mucho en esto, desde tener que hacer talleres internos entre los hospitales y entre los servicios dentro de los hospitales con otros servicios, para que entiendan en qué trabajamos, por qué trabajamos cómo trabajamos, por qué de repente decidimos armar una huerta y llevar usuarios a una huerta y no verlos en un consultorio. Todavía no se entiende eso. Y a raíz de eso es que todavía sigue habiendo discriminación y todavía se sigue pensando que alguien va al psicólogo porque está loco/a.  Todo esto entonces me parece, si tengo que resumir, de cómo veo hoy la salud mental en nuestra provincia, la sigo viendo como un gran desafío. Todavía hay mucho por recorrer, como por ejemplo tener un presupuesto propio, que esto ya es a nivel político, pero si se crea un programa y no se crea presupuesto, es muy difícil llevarlo adelante. Por eso cuesta armar casitas de día, por eso cuesta armar empresas sociales, por eso cuesta armar casas de medio camino, casa de convivencias, que son todos los dispositivos que la ley contempla ya hace 30 años y que no se dan. Entonces creo que sigue siendo un desafío.

Creo que las leyes dan un marco, pero si a ese marco no se le da contenido, no hay un cambio real

La salud mental no sólo contempla al usuario de la salud mental, sino también, a toda la comunidad. Porque salud mental no es solamente “el loco” -entre comillas ¿no?-, sino también ocurren otros hechos como, el trabajo que ustedes están haciendo con la mesa Interjurisdiccional o territorial. Trabajo que se enfoca en la prevención, en prevenir hechos que tienen que ver con la salud mental, como el abuso, por ejemplo, que es lo que ustedes trabajan. ¿Me querés contar algo de eso?

Es mesa territorial (me aclara) Sí, por eso cuando hablaba hoy del cuerpo y la palabra, cuando hablo de cuerpo, lo entiendo no sólo como el cuerpo humano, el cuerpo del sujeto, sino también el cuerpo social, el cuerpo grupal, el cuerpo comunitario. La salud mental no es la de un sujeto o un usuario que una atiende, sino de la comunidad. Y eso responde un poco a esto de diferenciar entre servicios de psicología o servicios de salud mental comunitaria. Muchas de las prácticas nuestras, van en pos de cambiar esa sociedad, de cambiar esa comunidad en la que se insertan las personas con las que individualmente trabajamos. Nosotros desde el 2009 contamos con un proyecto que se llama “Cuidarte”, es una experiencia del servicio de Chimpay, donde empezamos a articular la salud con la cultura, en realidad con el teatro, es decir, con una herramienta cultural. Un poco el detonante de empezar a trabajar desde ahí, fue el estar golpeados por situaciones de abuso muy grosas, muy agudas. Es decir, nace un poco de estar cansados de asistir, para en cambio querer dar un paso al frente, estar un paso antes de la problemática. Y principalmente empezar a visibilizar, porque en los pueblos esto pasa. Pasa en todos lados ¿no?, pero en los pueblos pequeños como Chimpay es algo que sucede a diario, en lo cotidiano, pero que, de algún modo, un poco para subsistir y seguir andando nuestra comunidad, tratamos de no ver, de callar, de no hacernos cargo de la responsabilidad que tenemos, que no es un problema solamente de salud. Entonces, por eso empezamos a buscar una herramienta que nos permita mostrar, concientizar, reflexionar y hacer parte a la comunidad de ese problema. No como un problema que, bueno, hay una situación, una sospecha de abuso en lo que sea y recurrimos al hospital, sino que todos somos actores en esto. Y bueno … tuvo dos etapas, una en el 2009 y otra que retomamos en el 2019 con otra propuesta a nivel artístico, con otro tipo de teatro y con otra obra. Pero se armó un grupo abierto comunitario, se convocó, no fue hecho solamente con profesionales y trabajadores de salud, ni tampoco solamente con usuarios de servicio, sino que fue un grupo muy heterogéneo. De repente había alumnos del secundario, docentes, compañeros de salud. Los dos grupos tuvieron esa heterogeneidad, la diferencia es que, el proceso del 2019, se hizo a través del teatro comunitario. Entonces tuvo más bien un proceso abierto en cuanto al armado de la obra. Distinto fue en el año 2009, que se hizo a través de un texto que se llama “Las niñas de Mallin”. El trabajo del 2019, fue una obra que se armó con lo que se construyó en un taller de teatro a lo largo de todo un año. Fue muy movilizante, porque, todo proceso a veces deja como último eslabón la evaluación, parece que es algo que bueno, ya está, lo hicimos, terminó y no hacemos la evaluación. Pero nosotros nos fuimos dando cuenta del impacto, todavía hoy en día nos vamos dando cuenta del
impacto que tuvo ese proyecto y esas presentaciones de la obra. De repente que en las escuelas detecten chicos que se animan a contar que algo de esto les pasó, les pasa y gente de otras localidades que pidieron que se lleve, que se presente la obra, que se trabaje y hasta compañeros del mismo grupo, que por primera vez después de 15, 16, 17 años se animaron a contar una historia personal de abuso ¿no? Entonces, tuvo repercusión. Vale tanto a nivel interno grupal de quienes formaron parte del proyecto y de la comunidad, de distintas instituciones. Y también la diferencia en el año 2019 con esa obra, que se hizo desde la mesa territorial. La mesa territorial es un espacio que funciona en Chimpay ya hace varios años, donde convergen todas las instituciones o la mayoría de las instituciones del pueblo. En el año 2019 surge la posibilidad a través de la Secretaría de niñez, adolescencia y familia de Nación, de subvencionar un proyecto que la mesa elija. En realidad, la consigna de Senaf, era de embarazo no deseado, y entonces nosotros lo ajustamos a la problemática local, a lo que más nos urgía, por eso aprovechamos a retomar este proyecto. Entonces, se hizo en articulación con otras instituciones, cosa que en el año 2009 fue más exclusivo de salud, nació desde salud. Entonces bueno, en esta última etapa, tuvo un trabajo en los 3 niveles educativos inicial, primaria y media. También estuvo la Secretaría de niñez, adolescencia y familia, el juzgado, las bibliotecas, la biblioteca popular del pueblo y bueno, no sé si me olvido algo más, pero fue más un trabajo… a nivel de mesa fue un trabajo institucional intenso, que deja otros colores a la hora de poder debatirlo. 

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¿Qué es la mesa territorial?

Obra El Secreto, sobre el abuso infantil

La mesa es un espacio real y virtual. Real porque nosotros convergemos en el juzgado de paz, donde nos vemos cada 15 días. Pero virtual en el sentido que todas las instituciones participamos en la construcción del proyecto de vida de la sociedad, de la comunidad, de este pueblo. Entonces la mesa tiene como dos instancias: una instancia que es la asistencial que se trabaja con una mesa chica, con las instituciones específicas –salud, juzgado y senaf-; y una instancia más amplia, preventiva y de promoción, en donde ahí se incluyen otras instituciones como las escuelas, las bibliotecas, bueno, todos los espacios sociales. En la mesa amplia -que estamos nosotros-, es un espacio donde se arman proyectos, jornadas, actividades comunitarias. Ahí convergen todas las instituciones, de todos los espacios sociales. Ahí van todas las escuelas, desde jardín hasta media, ahí está la biblioteca y participa también la comisaría. Y lo que busca es abordar problemáticas que nos surgen localmente y poder aportar para solucionarlas. 

Me preguntaba con respecto a eso, porque pareciera -digo pareciera porque desconozco-que es la voluntad de la mesa ¿no? como que se juntan, analizan la problemática de la localidad, entre todas las instituciones que trabajan de alguna manera los mismos temas, o la interrelación de los temas que atraviesan las ramas de lo institucional digamos. Entonces da la sensación como que es un trabajo de buena voluntad de la gente que está en la mesa y no un trabajo a partir de instituciones del Estado provincial ¿Se entiende lo que digo?

No, no te entendí. Como que es un trabajo desde la mesa y no desde… esa parte no entendí.

Todavía hablar da vergüenza, da culpa, da pudor y eso tiene que ver con cómo la sociedad ve esto, entonces eso es una mirada que hay que empezar a modificar.

Claro, un trabajo de buena voluntad y amor de la gente, que ve los problemas y activa desde ahí, de decir bueno: “Che mira, tenemos en Chimpay este problema, vamos a ver qué podemos hacer”, se juntan todos y lo hacen. Pero no veo, o desde mi lugar por lo menos no se ve, una planificación estatal, del Estado provincial o del Estado municipal. Pero es lo que se ve, a lo mejor no es lo que sucede. 

Yo creo que se intenta… porque tampoco es algo -digamos- que funcione, en todas las comunidades igual. Es como una propuesta un tanto informal, no es muy formal. No forma parte de un programa del Estado. Por eso no existe en todas las localidades, ni en todas las localidades que hay mesa territorial, funciona de la misma manera. Sí sucede hasta internamente, que cada actor social, cada referente institucional tiene un compromiso distinto. Desde las reuniones, si ir o no ir, hasta en los proyectos, participar más o menos, o hasta ponerle el cuerpo en lo concreto cuando hay que hacer una actividad específica. Pero bueno, eso sucede en todas las áreas, nos sucede en los grupos, nos sucede en los equipos de trabajo, nos sucede en las instituciones y en las interinstituciones, que es como un nivel más complejo. Eso es algo con lo que lidiamos siempre. Creo que la intención y el espíritu de la mesa es construir acciones que generen transformación social en el pueblo. Después aparecen miles de obstáculos internos y externos. Internos por esto que te digo, que no todos tenemos el mismo compromiso con una problemática algunos hacemos hasta lo que nos compete, eso es algo que a veces es cuestionable ¿no? bueno, hasta donde nos compete hacer o no hacer, si esto es un plus o no. Muchas veces con lo preventivo pasa que, parece que la prevención es algo que es un plus que lo hacemos si tenemos ganas y si no tenemos ganas no lo hacemos. Esto pasa mucho institucionalmente, lo veo en mi institución salud. Donde, por ejemplo, todo lo que tiene que ver con la atención primaria -estuve a cargo de lo que es el departamento de atención primaria- a nivel ministerial es un departamento que, vuelvo a lo mismo, no tiene presupuesto propio, por lo tanto, no hay una política de Estado a nivel preventivo. Eso nos pasa institucionalmente, que la prevención, parece que es algo que sí tenemos ganas lo hacemos y si no lo hacemos, no pasa nada. Y cuando nos juntamos todas las instituciones, eso se potencia. Entonces es un poco esto que vos decís, que es como voluntariado, me parece que tiene que ver con que en general en todas las instituciones a nivel prevención y promoción de la salud, de la educación o de lo que sea, no es algo que esté nivelado y evaluado, está infravalorado. Por eso digo, yo lo veo muy en lo mío, en salud mismo, que es un recorte, una micro mesa, por decirlo de alguna manera, si podemos nos juntamos y planificamos algún taller o una actividad en la plaza, y si no podemos, no pasa nada. Eso tiene que ver con un modelo u otro. Eso no tiene que ver con una política de Estado. 

¿A vos por qué te parece que sucede?

Porque forma parte de una política de Estado asistencial clínica. En resumidas cuentas, lo que digo es que esto que parece que es un voluntariado creo que nos pasa en todas las instituciones. Cuando pensamos en sentarnos a hacer algo que mejore la calidad, no que cure, sino que alguien no se enferme, por ejemplo -que es un poco el espíritu de la prevención-, pareciera que es algo como anexo, que si pinta se hace, si tienen ganas, si podemos, y no se ve como algo estructural, a nosotros nos pasa en salud. Te decía que tuve a cargo el departamento de atención primaria, que abarca el área de prevención y un hospital chico nivel 3, como el nuestro, es casi todo el hospital atención primaria. Ahí te das cuenta que no es política de Estado el campo de la prevención y de la promoción de la salud. Además, no hay presupuesto propio, por lo tanto, cómo puede ser política de Estado, algo que no tiene presupuesto. El modelo de salud, de nuestras políticas públicas de salud, es asistencial, es estadístico, es numérico, es clínico. Entonces cuando una piensa en hacer un taller, por ejemplo, se cuestiona cuánta gente dejas de ver en consultorio. Creo que eso nos pasa a nosotros en salud, con un modelo que no es preventivo y nos pasa cuando nos juntamos las instituciones, a cada una le pasa lo mismo. Qué se yo, las escuelas tienen que dar clases, no pueden perder mucho tiempo en una reunión, en una planificación de taller ¿se entiende a lo que voy? Entonces, en los proyectos nuestros que, justamente apuntan a romper esa lógica asistencial y de esperar que el problema aparezca para actuar, esos obstáculos se ven, se reflejan. Sumado a una comunidad compleja, nosotros vivimos en una comunidad muy compleja, donde de repente hacer una actividad en la plaza y lograr hasta un permiso municipal, eso ya es toda una aventura.

Sí, bueno, por eso te preguntaba a propósito, porque digo, a veces la política aborda las cosas urgentes, pero no siempre las más importantes. Digamos, hay cosas importantes que no son urgentes para la política, la prevención, por ejemplo. Una vez hablamos con un médico sobre cómo armar, planificar para el estado provincial, un proyecto cultural de la salud. La prevención es un tópico de la salud pública que es muy necesario, porque, cuanto más informada tengamos a nuestra gente, más que nada para cuidar, menos enfermedades van a aparecer. Entonces cuando yo suelo contar a la gente el trabajo que…

Sin embargo, disculpame Pablo…

Sí, te escucho, te escucho…

Decía que, sin embargo, se sigue viendo a la prevención como un gasto, y no como una inversión. Ese me parece que es el chip que hay que cambiar y que lo podemos hacer desde las bases, pero si no se acompaña de un lineamiento político muy difícil. Porque entonces si yo tengo que hinchar para que me den unos afiches en el hospital para hacer un taller y es una lucha, es un doble trabajo. Cuando en realidad, tendría que ser algo que forme parte de una estructura de trabajo. Entonces a nivel del sistema se sigue viendo como un gasto, y no como una inversión.

Y escúchame una cosa, recién te estaba por contar que a veces cuando a mí me preguntaban ¿qué haces en salud mental? Entonces les explicaba, les contaba que además con ustedes aprendí algunos datos del Valle medio que uno sabe, la sociedad no sabe. Si en el Valle Medio existen tantos casos de abusos, por qué eso no se difunde. La gente tiene que saber porque si no, no se alerta y no se paran las antenitas, esto va seguir sucediendo. Entonces bueno, todo ese trabajo que ustedes hacen a través del arte y de mostrar cosas para producir el debate es importante, pero también lo es, que haya una difusión más grande para que esto no siga ocurriendo porque es muy tremendo. 

Si el abuso a nivel de impacto en la salud mental es una de las situaciones, sino la más traumática. Ahí nosotros nos encontramos a diario con personas que por primera vez después de 50 años, cuentan una historia de abuso y aparece la angustia como si lo hubieran padecido el día anterior. El impacto a nivel de la salud mental es tremendo. Pero bueno, también las sociedades tenemos los mismos mecanismos de defensa que tiene el sujeto ¿no? cuando una realidad se nos hace intolerable, reaccionamos negándola, reaccionamos con formas reactivas tapando la situación, no queriendo ver, digamos, es un mecanismo de defensa social que también hay. Y qué es lo que una intenta de alguna manera con estas propuestas poder derribar porque si no vemos algo, no podemos modificarlo. Y si no lo abordamos como sociedad va a ser muy difícil. Todavía hablar da vergüenza, da culpa, da pudor y eso tiene que ver con cómo la sociedad ve esto, entonces eso es una mirada que hay que empezar a modificar. Lo que nos pasa como individuos nos pasa como sociedad.

Por supuesto. Mariela, hablando de la mesa territorial, pero ahora de otro tema, el año pasado la mesa organizó un encuentro sobre los derechos humanos. Hablemos un poco de eso. ¿Por qué es necesario organizar una mesa sobre los derechos humanos? ¿Cuál fue el motivo?

Creo que básicamente…bueno, la iniciativa la llevé a la mesa, un poco como sembrando una semilla y viendo si algo germinaba. Hizo eco en el resto de las instituciones que les pareció interesante, importante y necesario. Creo que, en definitiva, era sencillamente por ver a diario los derechos vulnerados. Lo que nosotros podemos hablar, darnos cuenta que, bueno no todos tenemos la misma accesibilidad desde a la salud, la educación, el derecho a la voz propia, el derecho a la libre expresión. El encontrarnos con muchas estrategias o artimañas institucionales municipales de acallar a la gente ¿no? Y bueno, me parece que pensamos en un espacio donde la población pueda escucharse. Donde podamos escucharnos todos y todas, en donde podamos plantear como comunidad, cuáles son los derechos.  Creo que a esta altura ya la mayoría los conocemos ¿no? pero entender cuáles son los problemas que atravesamos, por los cuales nuestros derechos están vulnerados, no están siendo respetados y hay que garantizarlo ahí. Estoy ahora en una etapa donde, estoy armando un documento de la jornada. Con lo cual puedo escuchar más detalladamente todo lo que ahí surgió. Se hablaba que los funcionarios, quienes formamos parte del Estado somos o deberíamos ser garantes de los derechos, de esto que es un tratado internacional. Esta jornada era eso, poder entender que esto lo dejamos pasar entre todos, o lo revertimos entre todos. Y bueno, nada, cada mesa tuvo una producción y debates súper interesantes. Nos dimos cuenta que hay muchos sectores de la sociedad que tienen sus derechos vulnerados. Los derechos humanos cumplían el 10 de diciembre, 73 años, entonces a 73 años de la declaración nos encontramos con que muchos derechos, siguen sin ser garantizados. Entonces, bueno, la idea de la jornada fue eso, nuevamente visibilizar, ver, plantear, hacer propuestas y reclamar lo que hay que reclamar. Un poco una de las cosas que más preocupa, que más me preocupan en la zona, de las comunidades, es la pasividad. Ese adaptarnos a lo que hay, ese agachar la cabeza y dejar que las cosas sucedan. Entonces me parece que estos espacios son un poco un modo de revertir eso ¿no? Como decir de alguna manera remover el avispero y activarnos ¿no? En lo que tiene que ver con todos, porque si hay alguien a quien no se le está garantizando un techo, estamos viviendo en una sociedad donde se están vulnerando derechos y eso por ende forma parte de la salud, nos implica a todos como trabajadores de la salud, nos implica que alguien viva en la calle, por dar un ejemplo sencillo. Y, bueno, la verdad que surgieron cosas, situaciones, reclamos y presentaciones muy interesantes. Cada una de las mesas tuvo su riqueza. Y también tuvimos, digamos, eh, tragos amargos.  Quizás yo, que un poco venía como más entusiasmada con la jornada esperaba mucha más concurrencia. Hay ciertas ausencias que no me sorprendieron, que las esperaba. Esperaba ciertos vacíos también, los esperaba no me preocupan tanto, como si me preocupa y por esto decía que una de las cosas que más me preocupa, es la pasividad de la población. Sí, me hubiera gustado que haya mucha más comunidad adentro de esa jornada, que se pueda expresar que pueda escuchar, que pueda tener espacio, es esto de tener un lugar de escucha. Después, bueno, qué sé yo, hay mucho hilo para tejer de la jornada, nos dejó mucho. Creo que fue como un puntapié para seguir trabajando en esto. Y creo que todas las instituciones tenemos un compromiso ahí, le ponemos el cuerpo y actuamos o dejamos el vacío. Claro y sencillo, es matemático. 

Bueno, Mariela  ha sido muy rica la charla. Espero que salga una buena nota. Pongo todo porque como es una conversa y no es una entrevista, pongo “acá se cortó internet como cinco veces, y después dicen que los monopolios no tienen nada que ver, y no pudimos hacer la nota como corresponde”. 

Monopolios vulneran derechos, ponele ese título en esta última parte de la charla (nos reímos) Cuando hagas la edición de esto van tener el doble de laburo.

La verdad que sí, pero bueno… saludos a Oscar, un abrazo gigante. Te quiero mucho.

Gracias amigo, seguimos charlando, que te quiero acá pronto. Chauchi.

Nos despedimos y me quedo pensando en esto de la salud pública, no solo en la salud mental. Las veces que he tenido que utilizar el servicio del hospital la verdad es que me han atendido maravillosamente, por lo tanto, uno deduce que el personal no tiene que ver con estas dificultades, sino que las políticas públicas y sobre todo los recursos no son suficientes. Habrá que ir pensando en cómo ser más eficientes y dotar con más recursos los servicios.

La cultura de la Salud debe ser reforzada y una de sus puntos más fuertes debe ser la prevención.

Hasta la próxima

Pablo Otazu – 5/2/22

Transcripción

Agustina Otazu


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