Marina García Barros, conjunción de la praxis y lo académico.

Por Pablo Otazú.-

Marina García Barros se formó en teatro de manera independiente, pero luego hizo la licenciatura y profesorado en artes en la UBA, razón por la cual hoy se encuentra haciendo el Doctorado en Artes, en la misma universidad. Se especializó en teatro y de la mano de Jorge Dubatti inicio el camino de la investigación. Está en el IAE, en el Centro Cultural de la Cooperación, integrando sus equipos. Es jurado de teatro en los premios Teatro del mundo, que entrega el Centro Cultural Ricardo Rojas. Actualmente es representante del Quehacer Teatral del Instituto Nacional del Teatro por la región patagónica. 

Se acercó al teatro terminando la secundaria, gracias a Raúl Toscani, en Neuquén. Tomaba clases en lo que era en ese momento el anfiteatro, hoy llamado Gato Negro. Y después cuenta que fue clave haber visto el Lazarillo de Tormes, con dirección de Valenzuela, por el grupo Las Dos Lunas, en la sala de la Biblioteca Bernardino Rivadavia en Cipolletti. De esa experiencia se lleva el amor por el teatro y por las bibliotecas, espacios que habitó y habita hoy. Luego al irse a estudiar a Buenos Aires, paralelo a la carrera tomó clases con distintos maestros, entre ellos Salvador Amore. Actúa y dirige, pero dice que aún no se ha encontrado con la escritura. Ella define su recorrido como mezcla entre academia, investigación y praxis.

Antes de empezar, hablamos un poco de la vida, de médicos y salas de espera, de teatro. Nos poneos a tono y vamos entrando en calor para la entrevista. Bromeamos porque nos  sabemos habladores, solemos perdernos en una conversación, irnos por las ramas. A los 20 minutos de estar hablando, nos damos cuenta que aún no habíamos empezado oficialmente la entrevista –o quizás si- pero nos proponemos organizarnos y arrancamos…

Primero contame quién es Marina García Barros

Mmm… en verdad, más que pensarme como alguien que es, me pienso como alguien que está siendo y en ese estar siendo, me voy mutando. Justamente en el medio de esta pandemia, a mí particularmente, me agarró la transformación, y dejé que eso suceda, a partir de que estuve 40 días conociendo lo que era tener Covid. Fueron 40 días de mucha introspección, mucho escucharme, sentirme, ver qué me pasaba y re mapear quién estoy siendo. Para mí fue muy transformador, muy movilizador, y en términos macro, pienso que esta pandemia mundial, viene a eso. No quiere decir que a nivel macro se dé esa transformación, pero sí siento que, a nivel micro está pasando, porque a mí me pasó. Fue como, tener todo armado, de repente se mezclaron las piezas y ahora las estoy volviendo a armar. Entonces hoy soy esa que está repensándose, repensando cuáles son nuestros impulsos y deseos más genuinos. Recuperé un amor profundo al teatro porque entendí por qué, en esta vida, esta que soy, se vinculó al teatro. Lo estaba perdiendo, estaba entrando en una cosa más del orden de lo automático o del deber ser profesional. Me estaba desconectando de lo que siempre me conectó al teatro. Entonces después del covid, volví a encontrarme con ese germen, ese lugar más genuino. Un poco también lo que me sucede, es que no encuentro palabras para describir lo que me pasó. 

Pero si tuviera que definirme soy Marina, mi nombre me conecta con el mar. Nací en el mar, en Viedma, me críe siempre cerca de la vera del río. Viví en Cipolletti en la confluencia de los ríos, vivo en Fiske Menuco, donde la relación con el río y la barda es muy cotidiana y muy distinto a Cipolletti. Me fui a la gran ciudad a buscar formación, terminé armando una familia, me encontré con la maternidad y nuevamente con la naturaleza. Porque cuando tenes hijes de repente te encontrás pensando dónde querés criar esas infancias, pensaba qué imágenes le iba a dar a sus ojos. Entonces ahí decidí volver. A mí me perturba cuando por mucho tiempo no veo el horizonte, eso tiene que ver con dónde me crié. 

Esa metáfora del horizonte, tiene que ver con muchas cosas ¿no? Con la geografía, pero también con la mirada de la vida. De a dónde ponemos el horizonte hasta dónde llega el nuestro. 

Ver el horizonte tiene esa cosa un poco de incertidumbre, porque es algo que es casi como una utopía. Vos decís, está allá, parece cerca, la veo, pero empezás a andar y guau, cada vez se te va más lejos, pero sabés que está ahí y es lo que te moviliza. Capaz es un poco lo que me pasa a mí, el haber vuelto a recuperar algo que tenemos mucho en el arte y en el teatro, convivir con la sensación de incertidumbre. La incertidumbre no siempre es igual al miedo. 

¿La incertidumbre no es como el jugo de la vida? Porque digamos, que el ser humano tiene una sola certidumbre, que se va a morir. El resto es incertidumbre pura. Construir dentro del terreno de la incertidumbre es maravilloso. Para mí por lo menos, lo es.

Para mí también. Creo que en eso, volviendo un poco a la pregunta que se suele hacer de ¿Qué es el arte? O ¿quiénes somos les artistas? Nos dediquemos a cualquiera de las artes, lo que tenemos en común, es trabajar con la incertidumbre, ese es nuestro estímulo. Es a partir de esa incertidumbre, de eso inasible que, una se pone a crear. Suelo hablar de las poéticas del desborde, las poéticas errantes. Esta idea de errar en doble sentido, la errancia por moverse, pero también la errancia del error. De hecho, del mundo artístico las personas que más han interpelado, son aquellas que caminan sobre la errancia y la incertidumbre y no lo asocian a seguridad y miedo. Creo que son las dos palabras que nos ha traído mucho el capitalismo en todas sus versiones, el miedo y esta idea de una seguridad que hay que lograr. Eso nos aleja como individuos de algo inherente al ser humano, y eso es lo colectivo. El miedo es una construcción, creo que el artista es el que más liviano anda respecto al miedo.

Marina, sabes que suelo hablar mucho de la acción de situarse. Eso implica amigarse con el entorno en donde vas a desarrollar tu actividad, conocerlo es fundamental. Muchas veces eso implica por ejemplo en una comunidad pequeña, pactar entre lo que uno quiere hacer y lo que la gente quiere ver. Entonces mi teoría por mi experiencia, es que primero, tenés que dar lo que la gente espera, y luego sí, mechar con algo distinto. De esa forma lo van a aceptar, aunque no entiendan el lenguaje del todo, porque vos ya les diste lo otro.

(Marina se ríe) Son estrategias de producción lo que estás planteando

Ver el horizonte tiene esa cosa un poco de incertidumbre, porque es algo que es casi como una utopía.

Sí claro, ese jueguito nos sostuvo por 36 años. Pero ojo, a nosotros nos resulta, no quiere decir que funcione en cualquier lado. A nosotros, en este pueblo, en esta región nos resulta.

Coincido con vos que una tiene que plantear su trabajo de acuerdo al entorno en el que estás. Lo que pienso también es que, en estos lugares, que no son grandes urbes, nos faltan horas de vuelo. Eso da el oficio y eso va de la mano de la trashumancia, esto de estarnos moviendo para poder laburar. Porque cuántas funciones podes hacer en tu pueblo?.

Esas son las diferencias que siempre tengo con los porteños o con cualquier citadino, donde hay mucha actividad y mucha población. Pero en la Patagonia eso no sucede. Cuando a mí me preguntan qué es lo más importante en esta zona, les respondo que el fomento. El fomento tiene muchas aristas. Lo que vos estabas diciendo recién, que nos movemos para laburar, tiene que ver con el fomento. Esas son las realidades que hay que ver.

Lo que pasa y en esto coincidimos un montón, es que hay que mirar la territorialidad. Pero también cuando uno analiza no sólo debe tener en cuenta la densidad poblacional, también tenés que tener en cuenta la accesibilidad. Porque hay ciudades grandes, donde la accesibilidad es poca. Que se yo…otras características que hacen a nuestra región, que tienen que ver con las distancias largas, el clima, eso también influye en nuestros modos de hacer, nuestros modos de vincularnos. Después en lo que hace a la formación académica también, vamos en un proceso mucho más lento que en otras regiones, las dinámicas son distintas. Hemos avanzado un montón en este último sentido, pero aún nos falta. Aunque en realidad, deberíamos trabajar un poco más en reforzar eso que nos distingue. Porque sentimos que nos falta siempre, en función de compararnos con las grandes ciudades, no sé… nuestras universidades miran a las universidades grandes e históricas. Vos no te podes comparar con eso, porque son distintas, están en otra territorialidad. Cuando yo veo a mis alumnos, tienen otro bagaje cultural, distinto al de estudiantes de las grandes ciudades. Un bagaje propio, y eso es lo que hay que rescatar, sin menospreciar porque no vieron tal o cual película, no saben de tal o cual artista ¿entendés?.

Todo eso que decís es sumamente importante, y sobre todo para quienes ocupan ciertos espacios de toma de decisiones, estas son las cosas que hay que tener en cuenta. Vos no podes generar políticas culturales para un espacio que no conocés en toda su dimensión y con todas sus particularidades.

Sí de acuerdo, y también agrego algo que vengo pensando y es que no podemos pensar el campo artístico como algo autónomo del resto. Creo que nos debemos un gran ejercicio de reflexión las comunidades artísticas, de generar diálogos mucho más continuos con los otros espacios. Como la cultura del deporte, la cultura educativa, las culturas populares, las culturas solidarias. Es difícil porque la comunidad artística se ha construido bastante sobre la idea de la autonomía, esto de la autogestión. Me pregunto cuán autogestivos podemos ser, cuando para cubrir lo básico como luz, agua o gas necesitamos al Estado.

Está bueno preguntárselo, coincido en parte con lo que decís, pero uno que ya vivió un poco, y habla desde la experiencia, cuando hablamos de autogestión en realidad hablamos, de gestionar incluso esos servicios básicos. Porque por más que lo pague el estado, por ejemplo, un municipio, si uno no va a golpear puertas eso no sucede por arte de magia. Entonces ahí está la autogestión. Si uno no trabaja desde las bases nada sucede.

Si coincido totalmente. Quizás no me explique bien, pero, a lo que me refería cuando decía que no me gusta la palabra autogestivo, es cuando se la usa sin llenarla de todo su contenido, justamente de lo que vos decías recién. Porque últimamente la escucho mucho usada desde un lugar, muy de la meritocracia viste, ese discursito tan en boga que “todo es producto de mi esfuerzo”. A esa autogestión vacía me refería antes.

Me pregunto cuán autogestivos podemos ser, cuando para cubrir lo básico como luz, agua o gas necesitamos al Estado.

Exactamente, es la historia del que dice “a mí nadie me regaló nada”. Es no tener miedo de decir que esa gestión es en parte gracias al estado, porque somos parte del estado.

Eso es interesante de desarmar, desarmar esos discursos. Pienso lo importante que es en los grupos, en el acercamiento de gente más joven, qué importante la historia, la memoria. Poder retransmitirla. Como esto que estás haciendo vos, construir oralidad, que quede como un espacio de comunicación para contar cómo se fueron construyendo, desde el Teatro el Galpón y el Grupo Libres, desde donde se construye esta idea de autogestión. Además. también una gestiona y autogestiona su propia mirada política, ideológica. Pero eso es una autogestión colectiva, no es desde una individualidad. Ahí reconozco mucho el aporte de los feminismos, me ha ayudado a repensarme constantemente. Nos ha dado herramientas para revisar lo colectivo, para revalorizar la palabra y la escucha, sobre todo la escucha. Digo, no es lo mismo ir a un merendero a ayudar a servir, que ir a servir, pero también escuchar a las mujeres que sostienen esos espacios. 

Y hablando de la palabra… el covid me ha dejado muy verborragica (nos reímos)

Bueno eso tiene que ver también con saber habitar el silencio, a mí todavía me cuesta el silencio. Y pensás que en estos lugares ¿Existe el teatro militante? ¿Hay que militar el teatro?

Ese teatro del que estamos hablando, llamémosle independiente, en el sentido que construye sus propias poéticas, que piensa lo que quiere comunicar, decir, ese es el teatro militante. Es un teatro que no se rige por lo que nos trae la cultura hegemónica. No se rige por esos parámetros, ni temática, ni poética, ni estructural, ni grupalmente. Es decir, hoy la cultura hegemónica nos dice salváte vos solo, hacé tu propia producción, ganáte todos los premios. Esa es la lógica hegemónica. Pero el teatro independiente para mí es ese, que hoy está pensando en lo colectivo, en armar un fondo para los teatristas que están sin laburo. Eso es el teatro militante.

Te lo pregunto porque es algo que vengo debatiendo con compañeros y compañeras. Digo, uno puede pensar el hacer desde la postura del Artista, hago una obra y nada más, o puede hacer desde lo colectivo. En ese sentido la obra es mucho más que un hecho artístico, porque el hacer te involucra con la comunidad. No está ni bien ni mal ninguna de las dos, son elecciones, pero hay que tener claro desde donde nos paramos. Por ponerte un ejemplo, durante muchos años el Grupo Llbres tenía un ida y vuelta constante con la comunidad de Beltrán. Hacíamos una obra y talvez el carpintero te colaboraba con la escenografía, una vecina con el vestuario y así… Eso que era el motor del grupo, el estar inserto en la comunidad, se ha perdido un poco. A eso me refería con la militancia.

Si perfecto, te entiendo y acuerdo con vos. Esa idea de la militancia tiene que ver con entender al arte como un transformador de la cultura, de la realidad de las personas. Cómo colaborás desde tu hacer, para transformar para bien, la realidad de la gente, y lo hacés en muchos aspectos. Si hablamos específicamente del teatro, esa transformación es del orden de lo sensible. Trabajar en teatro implica trabajar el mundo sensible del otre, por eso requiere de mucho compromiso, respeto y ética. Sea una alumna, una actriz, una técnica o una espectadora, vos entrás en ese mundo. Ese es el pacto que una tiene cuando quiere compartir una práctica artística con un otre. Y esos pactos muchas veces no se han respetado o se han violentado, por eso el feminismo ha traído mucha luz para visibilizarlo.

Marina ¿El oficio y la miltancia son lo mismo?

No sé si son lo mismo, pero sí que van de la mano. El oficio es algo maravilloso, es eso que te decía antes, son las horas de vuelo. En el oficio es la experiencia lo que te da la guía, no el intelecto.

Claro, para mí son como primos hermanos, pero no son lo mismo. Por poner un ejemplo, la carpintería es un oficio, hermoso por cierto… Vos vas a una carpintería y está el carpintero laburando, haciendo sus muebles, pero hace solo eso, no milita …

Y…pero porque la militancia tiene que ver siempre con lo colectivo. Lo que pasa Pablo es que, volvemos a lo que hablábamos antes, esto de lo individual y lo colectivo. Militar el teatro o militar cualquier causa, requiere necesariamente de lo colectivo. Porque militar, implica poner tu tiempo, individual, propio, ese tiempo precioso, al servicio de otres. Entonces cuando vos decidís, llevar el teatro a los barrios, o la universidad decide hacer extensión, eso no es una entelequia o un concepto abstracto. No, son personas de carne y hueso, que deciden dedicar todo un sábado a realizar actividades, a compartir, relegando tiempo personal y familiar muchas veces. Incluso muchas veces te va a costar, muchas veces seguro vas a estar en un barrio, preguntándote ¿Qué hacés ahí?

Te cambio el rumbo de la conversación ¿Qué es el Instituto Nacional de Teatro? Contanos para que la gente sepa de qué se trata…

Lo estoy descubriendo desde adentro, lo conocía desde afuera y ahora estoy desde adentro por dos años. Como pasa con todas las instituciones, son muy distintas cuando las transitás desde adentro. El Instituto es una cosa maravillosa, y más si lo pensamos hoy, en el medio de una pandemia, de un neocapitalismo extractivista, violento, antidemocrático, que estamos viendo a nivel mundial. Tener organismos, instituciones del estado, con recursos económicos y humanos, sobre todo humanos, al servicio de una comunidad específica que es la teatral. Pero, además, que esa comunidad teatral, es aquella que trabaja en la base, eso es maravilloso. Vos pensá que, a partir de una ley, la Ley de Teatro 24.800, se establece que este organismo va a acompañar, atender, asistir, fomentar a poblaciones pequeñas. Digo pequeñas porque la mayoría de nuestras salas no tienen más de 300 butacas. Pero no sólo protege a las salas sino también a los trabajadores y trabajadoras.

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Además, agrego, una Institución que muchas veces no valoramos en toda su dimensión. Cuando vienen colegas de otros países, se sorprenden muchísimo, no pueden creer esta posibilidad que tenemos en Argentina, para quienes hacemos artes escénicas. Poder acceder desde subsidios para hacer montajes, para salas, como para formarnos, entre tantas opciones que da el Instituto. Es tan amplio el abanico de posibilidades que da el instituto, se podrán mejorar cosas seguro, pero eso es maravilloso.

Sí creo eso, mucho más ahora que estoy adentro por un tiempo, como representante del quehacer teatral. Es maravillosa esta oportunidad, porque una lo puede conocer desde adentro y una vez terminada la función, luego seguir dialogando con el organismo desde afuera. Para mí lo interesante que tiene el instituto hoy, es cómo se va revisando y repensando. No perdamos de vista que, como todo organismo del estado, pasa por distintas gestiones ¿no? Y eso está muy marcado por una política pública nacional. Al instituto que entré hoy, realmente tiene un interés por estar en sintonía con la agenda nacional y las agendas culturales. Por ejemplo, la agenda de género, de diversidad, darle voz y escucha a las juventudes, a las comunidades afrodescendientes etc. Es importante que se haya abierto en ese sentido, justamente ahora que hay cada vez más formación en teatro, que los estudiantes se acerquen al organismo más rápido. Que no esperen veinte años como pasaba antes.

Eso tiene que ver con el fomento, eso que vos estás diciendo es fundamental. Pero volviendo al instituto, me parece un organismo sumamente democrático y federal. Esa es la característica que más me gusta del instituto porque, el consejo, que está formando por las 24 provincias, son 24 miradas territoriales diferentes, eso es lo maravilloso. Que alguien de Tierra del Fuego se siente en una mesa con alguien de Capital Federal, de Jujuy, de Formosa…

Cuando estaba definiendo si me presentaba al concurso para entrar, un compañero me dijo: “mirá, si querés tener una práctica del ejercicio más democrático que se puede tener, en un organismo público, preséntate, porque vas a vivenciar eso”. Yo le dije bueno todos los organismos públicos son democráticos… y después le di la razón. A eso súmale, que tiene muy fuerte lo federal también, es muy federal. Si bien eso es algo histórico, porque viene de cuando se hizo la ley. A veces, según las gestiones, se lo dejó más en segundo plano y otras bien en primer plano. En esta gestión concretamente, eso está en primer plano y te diría que va de la mano con el primer plano de la paridad de género y diversidades.

¿Cuál es tu función en el Instituto?

Nuestro rol como Representantes del Quehacer Teatral (QTN), dentro de un Consejo de Dirección-que es donde se definen las políticas públicas del organismo-, es poder aportar una mirada integral a todas esas territorialidades. Somos 4 representantes, uno del centro, otro del litoral, otro del nuevo cuyo y yo por Patagonia. Por lo tanto, tenemos una mirada territorial propia, pero buscamos ampliarla. Porque el objetivo es mirar y escuchar lo que trae cada región para poder darle una distancia a la política, para que pueda incluir a la totalidad del territorio nacional, que no quede solo en…Porque qué pasa, las miradas provinciales y regionales son muy territoriales, cada una lleva sus problemáticas. Entonces ahí los QTN, intentamos aunar esas problemáticas en algo quizás más macro. Implica también saber, cuándo se puede generar una mirada integral y cuando no, porque tiene que ver con cosas más territoriales de cada región. Porque lo cierto es que los recursos son finitos y las demandas son muchas. El QTN puede tomar esa distancia del cotidiano, en donde se mueve más quizás el Delegado Provincial, y esa distancia es la que permite una mirada más interesante.

¿Cuál es la mirada que tiene Marina García Barros de la Patagonia?

Para mí, maravillosa (sonríe). Tiene mucho horizonte. En términos teatrales específicamente, creo que somos una región en desarrollo continuo, pero vamos a otro ritmo. Hemos crecido como región, pero a un ritmo que no es de las otras regiones, es más lento. Porque tenemos una densidad poblacional más chica, y porque como hablábamos antes del fomento, en esta zona requiere de otros recursos y otras co-gestiones, que quizás en otras zonas no es necesario. Pero en la Patagonia sí o sí, vos tenés que co-gestionar, y no sólo con un organismo, intervienen varios actores que se yo… el municipio, el carpintero, otro colectivo de artistas de la misma ciudad etc. Creo que lo que más hay que trabajar en la Patagonia es la necesidad de dar continuidad a las cosas, sostener en el tiempo. En ese sentido, “Galponeando” es un maravilloso ejemplo de generación de un proyecto co-gestionado. Se puede ver su crecimiento y transformación, y por otro lado tiene continuidad, que es lo más difícil.

Creo que lo que más hay que trabajar en la Patagonia es la necesidad de dar continuidad a las cosas, sostener en el tiempo

Da para mucho esta charla, podríamos hablar horas y ojalá la podamos seguir dando como intercambio, porque nos enriquece. Vos hablabas recién, que en el proceso de toma de decisiones los QTN tienen una distancia que le permite pensar cosas, tomarse el tiempo necesario, que en otras instancias no. Por eso, una invención maravillosa del instituto son los Consejos Regionales, donde todos los Delegados Provinciales se juntan en una reunión. Entonces hay proyectos que se pueden desarrollar regionalmente y que a veces se puede trabajar en conjunto con el QTN de la región. Eso lo hace casi único al Instituto y ejemplar ¿no? (Marina escucha y asiente con la cabeza). Porque además es federal pero, realmente federal en la práctica, no como el parlamento patagónico -me refiero al político-que no funcionó nunca.

No…pero… Pablo, hay que pensar esto, el caso del Consejo del INT, es gracias a la ley que lo configura, digo ¡¡hay que leer esa ley para darse cuenta qué visionaria, plural y ampliada es!!

Es que hubo muchas consultas para hacer esa ley…

En la ley sobre el INT, dice en un momento: al teatro y cualquier otra forma que en el futuro tenga el teatro. Eso hoy ya lo estamos viviendo, porque estamos haciendo teatro en una pantalla. ¿Entendés? En el 97’ alguien dijo “che el teatro va a seguir transformándose” y gracias a esa visión hoy se contemplan un montón de prácticas. 

Ya que tocaste ese tema, te pregunto ¿el teatro se puede hacer virtual? ¿eso es teatro?

No sé si se puede hacer, lo estamos haciendo. Estamos haciendo algo…

Pero ¿estamos haciendo teatro? O ¿estamos inventando un nuevo lenguaje? Digo, ¿no se rompe el concepto famoso de Dubatti del convivio, al no existir la presencialidad?

No creo que se rompa el convivio… digamos… creo que estamos vivenciando un momento donde se evidencian estas transformaciones del propio lenguaje. Esto ha ocurrido en la historia, que se yo… imagínate cuando pasamos de hacer teatro a la italiana y de repente aparecieron unas locas, haciendo teatro entre las butacas. Quiero decir, vos estás transformando el lenguaje, pero hay algo que es sustancial a lo teatral y que tiene que ver sí, con el encuentro, con el convivio, con un algo que le vas a contar a un otre, para movilizarlo y sensibilizarlo, en un presente. Eso sigue estando…

Pero para mí, se rompe el aura. Digo, no estoy en desacuerdo que cada uno investigue lo que quiera, pero cuando vos estás haciendo teatro virtual, en realidad lo que estás haciendo es un video, estás usando otros lenguajes.

No, no estoy de acuerdo con eso… ahí vamos a disentir, porque el teatro viene usando otros lenguajes, el trabajo audiovisual lo viene usando hace años. Volvamos a la base, lo que es propio del lenguaje teatral como el tiempo presente, un aquí y ahora donde sucede el acontecimiento, el encuentro de sensibilidades dispuestas a que acontezca algo. En este momento a todo eso, le estamos poniendo la intermediación de la pantalla. He estado en las funciones de las chicas de San Juan que hacen el ciclo “Solas”, y se da el acontecimiento, se da el intercambio sensible entre esa yo espectadora y la compañera que está en su casa actuando. Es más difícil, es un desafío más grande, para el espectador y ni hablar para las actrices, actores. Es más complejo, lo tomo como una transición. No me preocupa, si es o no es teatro.

Es que ahí no estoy de acuerdo…

No ya sé que no, pero es lo que estamos pudiendo hacer los que trabajamos de esto

Ah, bueno, pero eso es otra cosa. Yo no estoy discutiendo que, estén haciendo en la virtualidad, porque necesitan laburar. Lo que yo me pregunto es, si eso es teatro o no..

Está bien, pero qué sabemos a dónde nos puede llevar esto que está ocurriendo, toda esta transición

Claro bueno, pero de última se irá a transformar en otra cosa, no estoy negando el cambio, solo estoy intentando definir qué es. Hay algo que pasa en la presencialidad, que tiene que ver con lo sensible, con los sentidos, es algo hasta energético si querés, una mística que en la virtualidad yo no lo encuentro, no me pasa. 

Es que yo ahí, estoy parada en otro lugar. No creo que a las cosas le falten ni pierdan algo, porque si me paro en ese lugar, es hacerlo desde un modelo estandarizado de lo que debe ser. Ahí yo me corro, me corro de la idea que hay un “deber ser” del teatro, para mí hoy el teatro es, eso que está sucediendo. 

Ojo que no estoy combatiéndolo, que se entienda bien, lo que estoy haciendo es intentar entenderlo. 

Está bien, me parece que también hoy tenemos varios desafíos, uno de ellos es cómo reconstruimos la trama colectiva, lo comunitario, en estos espacios, en donde hoy la pandemia nos corre de eso, nos llena de miedos, de individualidad, de enojos, de angustia. ¿Cómo hacemos para reparar todo eso desde el campo cultural? Entonces hoy, yo veo, que esos teatristas están tratando de sostener esa trama colectiva, con la forma que pueden. Desde hacer teatro en espacios públicos, teatro a través de las tecnologías, o incluso muchos haciendo conversatorios, como por ejemplo los estudiantes del IUPA que están haciendo charlas con teatristas de la región. 

Por supuesto, que sí, pero eso es otra cosa. La pandemia nos ha obligado a reinventarnos, lógicamente han surgido estas respuestas porque todos necesitamos seguir laburando. Eso no lo discuto en absoluto. El planteo es más teórico si se quiere.

Claro, pero yo no me puedo parar hoy, en esa discusión de si es o no teatro, a mí me pasa eso. Qué se yo… igual estas discusiones son interesantes, y suceden en todas las artes, porque se han desdibujado los bordes. Preguntále a un artista visual hoy ¿Qué es el arte? Y están en la misma disyuntiva que nosotros. Yo lo llamo “las poéticas del desborde”, porque comparten cosas hay mucha yuxtaposición en las artes. No están pendientes de cómo definirlo, sino de lo que acontece, de lo que sucede en esa yuxtaposición.

Está bien, pero en algún momento aparece una explicación, alguien teoriza, alguien define. Es inherente al ser humano encontrar respuestas.

(nos reímos) 

Si, ya sé, es lo que te mueve, un motor, es lo que hace también que estemos teniendo esta charla, y… ¡¡bienvenida sea!! Pienso… Bourriaud por ejemplo, en su momento creó el concepto de Arte Relacional, para intentar poner en palabras el arte contemporáneo que estaba viendo, no que se le ocurría, el que estaba viendo. El tipo dijo bueno acá lo interesante que está pasando no es la “obra”, como nos enseñaron.

Pero viste, son discusiones que se dieron siempre. En una época cuando también habían aparecido nuevas vetas en el teatro, se hablaba del “vaciamiento del conflicto”, después de…

Uy sí, lo “post-dramático”, el teatro post-dramático

Claro y después de la “nueva actuación”… Bueno, es que es necesario volver al origen, a entender el teatro como rito, y a que nosotros somos oficiantes. Oficiamos la ceremonia, que tiene algo de mágico. Eso es lo que aún me cuesta encontrar en la virtualidad, te prometo que lo seguiré intentando (nos reímos)

Está bien, pero quizás el desafío en esto, Pablo… yo estoy de acuerdo… en esto hacemos sintonía. La idea de ritual, ceremonia, oficiante y agrego otra, que es la de canalizadores y canalizadoras de esa magia. Este modo de pensarlo, corre al artista desde el lugar del ego, del protagonismo, cuando se lo piensa desde el lugar del oficiante. Retomando algo que vos dijiste más arriba y que me pareció interesante, eso de que se pierde el aura, yo creo que no se pierde. Pasa que el desafío que nos pone la pandemia es encontrar las mutaciones que podría llegar a tener ese aura o ese convivio, esa cosa mágica que sucede en la presencialidad. Cómo poder reconstruir o reparar eso en la virtualidad, sabiendo, que el otro momento, la presencialidad está y lo vamos a volver a transitar, y que pueden convivir ambos.

Son cosas para pensarlas… podríamos seguir hablando un montón…

¡Totalmente! me dejas pensando… y de hecho te tengo en mi lista para algo que estoy craneando… pero bueno ya te contaré. En fin, el cruce de ideas me deja la cabeza girando (hace el gesto con el dedo, nos reímos) Entonces creo que mi aporte hoy, es: cuanto menos cerremos mejor, cuanto más nos animemos a la incertidumbre, a una incertidumbre acompañada, que es esto que estamos haciendo, en este momento va a ser mejor. Capaz más adelante requerimos del concepto cerrado ¿no? Pero en este momento nos favorece esto, sostener este entramado simbólico, emocional, sensible, que tenemos con la comunidad. 

¡Me encantó eso! Bueno últimas preguntas, vos estás parada hoy acá, llegaste hasta acá, y ves todo el camino que recorriste. Te parás en este punto, mirás para atrás y ves a una niña, que sos vos misma ¿Qué le dirías?

Que siga siendo así de inquieta y curiosa como fue siempre (sonríe)

Y ¿Qué pensás que ella te diría a vos?

Que no me pierda, que cuando sienta que me estoy perdiendo, me recupere. Si es necesario un covid de por medio para que me recupere, que lo haga, que me recupere (se emociona) Uff intenso esto último, movilizador, pero estoy en eso.

Bueno Marina, te quiero mucho. Gracias por la charla que fue larga y que será difícil de armar (nos reímos)

(mientras se seca alguna lágrima, me hace señas de tijeras) Corta, corta, corta lo que haga falta porque fue un caos (se ríe) 

¡Pero es lo más lindo de las charlas!

Pablo te quiero un montón, me encantó la charla, abrazo grande.

Marina Gracia Barros, hoy en Fiske Menuco, mañana donde el viento patagónico la lleve, representante del Quehacer Teatral por la Patagonia, gestora de iniciativas académicas, de investigación y también en el campo teatral desde la práctica constate.

Siempre que tengo una charla con ella intercambiamos mucho, discutimos mucho pero nunca nos peleamos, creo que ambos aprendemos mucho o por lo menos encontramos nuevas preguntas.

El teatro nos reunirá nuevamente en alguna conversa y volveremos a discutir que para mi es la sal de la vida y será maravilloso por es una señal que estamos vivos.

Hasta la próxima

Pablo Otazu

Transcripción Agustina Otazu


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