Mario Gaviña y una vida dedicada a ser orgulloso canillita

Lamarque.- Mario transita ligero en su bicicleta con los diarios cargados prolijamente en una canasta negra, cerca del manubrio. Lo hace desde 1983 y, a juzgar por su sonrisa, parece disfrutar de un trabajo que se va deshaciendo en tiempos de la vida por internet.

Mario Oscar Gaviña es el canillita solitario de Lamarque. «Cuando empecé se vendían 800, 900 diarios en el pueblo. Pasaba el colectivo de El Valle y bajaban paquetes y paquetes de diarios», recordó en la esquina de Rivadavia y Libertad. Los tiempos cambiaron. De hecho, en la década del 80 trabajaban cerca de veinte canillitas y los ingresos generados por la venta de 20 diarios les permitía vivir bien.

Cuando Mario empezó a trabajar, ya lo hacía su hermano Roberto que dejó la venta callejera de periódicos hace 14 años.

«La economía cambió en este tiempo y ya no vivís con la venta de diarios. Ayuda un poco que se suman la revista Hola, Genios, autos de colección», comentó y agregó que existe un atractivo para la venta que le gana a las noticias y al paso del tiempo: «se vende muchísimo con los posters de River o Boca cuando salen campeón». Hoy Mario cumple tareas de jardinería por la tarde.

Vive con su madre, Zulema y el trabajo comienza todas las mañanas a las 8 horas y recorre lugares estratégicos, como la estación de servicio. Son pocos los jóvenes que piden el diario, la mayoría son adultos mayores. Considera que internet y la crisis económica son dos pilares para entender el nuevo escenario. 

«Me gusta mucho el contacto con la gente. Todos te conocen. Y el día que no lo haces, extrañas»

El Día del Canillita se conmemora cada 7 de noviembre y se hace en referencia al fallecimiento del autor y dramaturgo Florencio Sánchez, creador de la obra «Canillita», estrenada en 1902 en Rosario. En el sainete, utilizó por primera vez el término refiriéndose a un niño que trabajaba vendiendo periódicos y revistas en la calle para mantener a su familia.

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La definición hacía mención a las piernas delgadas del joven que utilizaba pantalones cortos.

Mario hace este trabajo hace casi 40 años. Además de significar una fuente de ingreso, la actividad le despierta alegría siempre. «Me gusta mucho el contacto con la gente. Todos te conocen. Y el día que no lo haces, extrañas», describe con una amplia sonrisa.

(Con datos de Joana Rochetti – Estudiantes de la tecnicatura en Comunicación Social con orientación en desarrollo local)


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