Milka, la chica de dulces delicias y vocación de servicio: «Me enamoré de este lugar»

Choele Choel.- La historia del conocido chocolate Milka está ligada a la del confitero Philippe Suchard quien el 17 de noviembre de 1825 abrió su confitería en un pueblo suizo, Neuchâtel. Uno de los primeros productos que vendió fueron las tabletas finas de chocolate que bautizó con el resultado de la unión de “chocolate” y “leche” (Milch und Kakao). En Choele Choel, Milka es una joven y talentosa pastelera.

La emprendedora de 23 años se lució en el evento que propuso ENBHIGA en el Valle Medio hace algunos días, con la intención de unir la riqueza de la producción, la gastronomía y el turismo.

Sus postres deliciosos y originales se destacaron. “Por suerte, gustó”, lanzó e intentó esconder rápido los elogios recibidos. Para ella, la cocina es mucho de compartir e intercambiar. Destacó que los chefs que visitaron la región se asombraron por la calidad de las verduras y la fruta. El objetivo –apuntó convencida- es que logremos un plato que nos represente. “Hay muchos productos, el desafío es combinarlos y generar un menú propio del Valle Medio”, aseguró.

Su infancia se construyó en Allen y los mejores recuerdos revolotean por una chacra, rodeado de primos y productores. A los 8 años aprendió a manejar el tractor, y en su casa, la cocina era un lugar para gente con destreza. Carlos, su padre, cocinaba una paella increíble y también tenía la receta de una inmejorable combinación del pollo y la crema. Y su mamá, Ana María, hacía la mejor polenta con tuco del mundo. “El que no cocinaba nada, nada, era mi abuelo, ni un huevo frito. Solo el agua para el mate”, recordó entre risas.

“Hay muchos productos, el desafío es combinarlos y generar un menú propio del Valle Medio”, aseguró.

Milka Iglesias es inquieta, curiosa, hiperactiva. En poco tiempo alcanzó ya un puñado de objetivos de vida. “Un cocinero se reinventa todo el tiempo y a mí me gusta probar combinaciones de sabores”, comentó. Y así con su vida, porque no solo se dedica a la pastelería, también da clases en el Centro de Especialización en Asuntos Económicos Regionales (CEAER), de hockey en el club Almafuerte y es bombera voluntaria. “Me enamoré de la gente, de su río. Y hoy quiero dejar algo acá, una huella”, admitió.

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Su formación secundaria fue en una escuela técnica. Era muy meticulosa en el armado de plaquetas, sabía soldar perfectamente y trabajaba sin inconvenientes con elementos muy pequeños. “Me sirvió para la gastronomía y la pastelería, sobre todo. Importa mucho la estética y no te podés equivocar con las medidas, es todo muy preciso”, explicó.

Cuando llegó a Choele Choel sólo tenía los palos de hockey y la determinación de construir su historia en el lugar que había deseado. En pandemia dio cursos de cocina para chicos y chicas, de forma gratuita, y le permitió avanzar también en el acondicionamiento del lugar en dónde hoy hace sus dulces y originales creaciones.

¿Por qué fui al cuartel de bomberos?, tenía tiempo libre y siempre me llamó la atención. Me recibí hace poco y todavía no tuve la primera intervención”, contó. La vocación de servicio forma parte de su identidad, como la exquisita pastelería. Y tiene muy claro cuál es su próxima meta, hacer el curso de lengua de señas. Contó que su hermana nació con un problema de audición, y ella quiere dar cursos de cocina inclusiva. “Eso es lo que quiero hacer”, aseguró mientras revisa con la mirada las finas tabletas de chocolate blanco.


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