Un adiós sin despedidas ni abrazos

Por Pedro Alfaro

En estos tiempos de pandemia, nos ha tocado transitar -a nivel global- muchas vivencias donde la palabra «Adiós» ha tomado otro significado, tanto desde el punto de vista afectivo como personal.

Muchas de estas vivencias se han dado en aquellos difíciles momentos en que nos toca acompañar a un familiar hasta el hospital o bien, al verlo subir a la ambulancia que lo trasladará para su internación. Los sentimientos afloran desde lo más profundo y los recuerdos surgen desde el corazón, atesorando estos momentos compartidos.

La batalla es desigual en esta silenciosa pero cruenta batalla que luchamos a diario y muchos hemos tenido que enfrentar la pérdida de seres queridos, con la enorme tristeza producida por este enemigo invisible que repentinamente llegó y se apoderó de lo más preciado. Nos quitó, silenciosamente, nuestras vidas, nuestras rutinas y nuestros afectos. Y entre todas esas cosas, también nos quitó la posibilidad de despedirnos de los seres amados que se fueron.

Luego de la partida de un ser querido, nos quedamos con los recuerdos. Con esos momentos felices compartidos que, tal vez, no fuimos capaces de reconocer hasta no haberlos perdido. Y también nos quedamos con las discusiones o peleas insignificantes, propias de la vida, que permanecen como un gusto amargo que quisiéramos borrar.

Muchas culturas religiosas, dicen que nos veremos en otra vida donde, en esta reunión, volveremos a encontrarnos y poder darnos ese abrazo que no pudo ser.

Saber que las palabras «Adiós» y «Despedida» tienen hoy un componente distinto al que siempre tuvieron, nos debe incentivar a cultivar la vida en una forma más intensa, con el convencimiento de que cada momento, cada acción, cada minuto, a partir de ahora, hay que vivirlo como si fuera el último. Volver a creer en el amor, volver a querer, a perdonar. Porque, hoy por hoy, el día a día está pendiente en nuestras vidas. Tratar de disfrutar de nuestros seres queridos debe ser un objetivo concreto que nos lleve a dejar de lado los resentimientos y los egoísmos.

¡No! Permanecer y transcurrir
No siempre quiere sugerir
¡Honrar la vida!
Hay tanta pequeña vanidad,
En nuestra tonta humanidad
Enceguecida

Merecer la vida es erguirse vertical,
Más allá del mal, de las caídas…
Es igual que darle a la verdad,
Y a nuestra propia libertad
¡La bienvenida!

Eso de durar y transcurrir
No nos da derecho a presumir.
Porque no es lo mismo que vivir
¡Honrar la vida!

Eladia Blázquez – Honrar la Vida


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