Uriel y su historia de superación personal: «Mis padres nunca me ocultaron y me enseñaron a ser feliz»

Río Colorado.- Uriel Seibel Goenaga es empleado municipal del área administrativa, tiene 43 años y reconocido hincha de Boca Juniors. Además, es conocido por sus habilidades en la tecnología. Uriel tiene una discapacidad conocida como «cuadriparesia distonica», con predominio de miembros inferiores.

«Tengo una discapacidad motora que la tengo desde mi nacimiento», dijo y admitió que hace mucho tiempo que viene luchando para tener una mejor calidad de vida.

Explicó que su discapacidad es básicamente en las piernas, «no solo te quita la posibilidad de movilización sino también lo que tiene que ver con el tono muscular de las piernas. Por eso tengo que manejarme con un andador de cuatro puntos, y en algunos casos tengo que movilizarme en una silla de rueda».

Cuando Uriel era niño, la discapacidad no se tenía tan en cuenta, como sucede hoy. La sociedad está más abierta a incorporarla como parte de la vida. Contó que su educación fue muy buena, recordó sus pasos por la escuela primaria, secundaria y luego en nivel superior donde estudió la carrera de computación. «Tuve excelentes compañeros, siempre me acompañaron y nos fuimos adaptando. Por eso pude recibirme como cualquier otro chico», dijo.

Cuando terminó sus tratamientos en el Instituto IREL de Bahía Blanca, el médico le recomendó a sus padres que hiciera un año en la escuela especial Nro. 9 para evaluar si la discapacidad había afectado la parte cognitiva, especialmente a la memoria, la visión. Como vieron que no tenía inconvenientes lo cambiaron a la escuela Nro. 256. «Era una época en la que la maestra no estaba preparada para esto, no es como hoy que existen maestras integradoras o psicopedagogas», comentó.

«Todos tenemos que poner un poco para generar una sociedad en la que seamos todos incluidos y que la palabra inclusión se vea reflejada en la práctica, no tanto en la teoría», señaló Uriel

En los recreos, Uriel jugaba con sus amigos y hacían carreras con la silla de ruedas. El edificio no estaba preparado, no había un baño adaptado, ni rampas, pero de a poco lo fueron solucionando.

Su ingreso al municipio fue en 2003 cuando el intendente Juan Villalba le hizo la propuesta. El 8 de marzo de 2004 recibió el llamado del secretario de gobierno que le informó que debía presentarse en el área de acción social. Le iban a dar tareas administrativas y también podía enfocarse en actividades vinculadas a la computación. Por supuesto, le hicieron pruebas -como a todos los empleados- para confirmar que podía cumplir con las funciones. Ya lleva 16 años en el lugar.

En el municipio hay un compañero de Uriel en silla de ruedas, pero no hay otras personas con discapacidad. Es el único que está en planta permanente. «He sido bendecido por poder capacitarme durante toda mi vida, el acompañamiento de mis padres fue fundamental en mi preparación. Nunca me ocultaron, siempre me dieron las herramientas necesarias para poder manejarme solo en la vida», contó.

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Dijo que todavía está luchando para que los derechos de las personas con discapacidad sean respetados. Que las veredas estén en condiciones y con rampas, que las confiterías cuenten con accesibilidad en su estructura. Hoy la normativa local exige, por ejemplo, que los locales cuenten con los baños accesibles.

«Nosotros no tenemos la culpa de haber nacido con este tipo de condición, porque yo la llamo así, prefiero decir condición y no discapacidad, es un pensamiento propio», comentó.

Uriel considera que la discapacidad es un poco de todo. «Todos tenemos que poner un poco para generar una sociedad en la que seamos todos incluidos y que la palabra inclusión se vea reflejada en la práctica, no tanto en la teoría», señaló y agregó que la teoría queda muy linda pero si no se refleja en la realidad, no sirve. «Nosotros no tenemos la culpa de haber nacido con este tipo de condición, porque yo la llamo así, prefiero decir condición y no discapacidad, es un pensamiento propio», comentó.

Sobre el rol de sus padres, Uriel consideró que lo prepararon para fuera totalmente independiente. Fue un aprendizaje constante. «Me enseñaron que siempre exigiera mis derechos y sobre todo que fuera feliz», dijo.

Y sus amigos, la clave. Siempre se mensajean, están casi todo el tiempo atentos a cómo está Uriel. Y desde que comenzó la pandemia está en su casa en donde da clases de computación. «Me encanta ser educador».

Contó que siempre intenta hacer las cosas domésticas por cuenta propia, pero a veces tiene que pedirle algún vecino.  «Voy a realizar las compras a los supermercados, hago tramites en el banco y esas cosas, si puedo lo hago yo mismo», dijo.

Uriel piensa en las personas que tienen que atravesar un camino similar al que él transitó. “Todos aquellos que presenten alguna discapacidad, que se animen a exigir sus derechos, que no bajen sus brazos, que sigan apostando a que todo se puede lograr con mucha dedicación todos los días. No me considero un ejemplo, pero sé que para mucha gente, soy una persona que más allá de mis limitaciones, trato de salir adelante todo el tiempo”.


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